viernes, 21 de diciembre de 2012

Política infame y pasividad en la brega

(Publicado en el periódico El Día el 21/12/2012)

UNANIMIDAD. La crisis que alinea a los no creyentes. No hay colectivo sumiso; desgañite general contra los recortes que proponen los representantes de lo público para el próximo ejercicio. Una queja piramidal que proyecta en su vértice las culpas a Merkel y a sus bancos acreedores. Respira Rajoy, que tiene quien decide y quien expíe sus pecados. Acertó Paulino Rivero al elegir su socio en Canarias con vía libre para imputar al PP. Hasta Melchior, que interpreta la felonía, todo por el pueblo, por su pueblo. Ah, y los alcaldes que reclaman lo suyo para seguir en lo mismo. En la base, al otro lado de la cama, los funcionarios que se resisten a los trabajos forzados y los sindicatos que justifican su existencia por obligación estatutaria. Espectadores; la mayoría resignada que paga impuestos espera que acaben el despilfarro y, los parados, desesperados, esa llamada de la esperanza. Y mientras, desde su cueva, se descojonan, con perdón, los listos que nadan en la economía sumergida y se recochinean en el fraude; se ríen impunes de Merkel, de Paulino, de usted, de mí y de su propia madre.
Sin ideas. Porque los pataleantes solo exigen que su partida esté en el presupuesto sin verificar siquiera si habrá dinero para sufragarla. Me da que no entienden el funcionamiento de lo público, el obligado equilibrio entre ingresos y gastos, la recaudación de impuestos que permite pagar los servicios, así de simple y, si no alcanza, se recurre al endeudamiento, ahora limitado por mandato europeo, by the way. Y como esto está montado así, y son las transacciones comerciales las que tributan, el dinero debe circular; de ahí la importancia de controlar los excesos y de evitar la salida de capitales del sistema. En vez de recortar sin ton ni son o de reivindicar continuidad en el derroche, parecería más inteligente demandar medidas de eficiencia en lo público y que fomenten la actividad económica, incremento que consiga bajar el paro, más liquidación de impuestos, etcétera. Quiero pensar que este desatino, este círculo vicioso de queja nacional, es consecuencia de una mano negra que actúa de mala fe, porque no puedo creer que este razonamiento no desvele a nuestros gobernantes como faro que guíe su conducta en pro del interés general. Será que los alemanes, ante la imposibilidad de devaluar la moneda, pretenden una depreciación sin piedad de la economía española; añorarán el ibérico de bellota a precio de frankfurter.
Liberalizar. Como mecanismo para que la economía funcione; está probado. La Historia nos muestra el éxito de la libre competencia para generar riqueza. En lo económico, libertad; en lo social, amparo e igualdad de oportunidades. Urge desmontar nuestro tinglado ultraperiférico, que ha demostrado incapacidad para adaptarse a este entorno cambiante y que nos condujo, paso a paso, a esta desazón en forma de treinta y tanto por ciento de paro. Puedo imaginar -como optimista convencido- a las hordas de manifestantes, a las puertas del Parlamento de Canarias, que obligan a sus señorías a derogar la maraña de legislación urbanística y medioambiental, incluida la moratoria turística, que, amparada en un noble fin, no impidió la especulación y ahora imposibilita cualquier inversión razonable. Y romper con las trabas aduaneras (los DUA inexplicables), que disuaden el comercio electrónico y la participación desde las Islas en el nuevo mundo globalizado, y otros tantos pequeños detalles. Deconstruir para reconstruir. Veremos la enorme presión ciudadana para hacer reconsiderar cualquier intervención de lo público en la economía de mercado, reservada a lo privado, y para suprimir las subvenciones (herramientas de clientelismo) que tanto distorsionan la toma de decisiones en las empresas. La Administración, que se concentre en la prestación de servicios, en perseguir el fraude y en hacer cumplir las reglas del juego. Estamos preparados para competir.

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