jueves, 28 de junio de 2012

La política, los políticos y la prensa

(Publicado en el periódico El Día el 28 de junio de 2012)

ME CONFIESO nada sospechoso de acudir al pasado con nostalgia, más bien al contrario, invoco al futuro con ilusión y entusiasmo, una actitud. El futuro, como aún no ha ocurrido, lo podemos esculpir a voluntad; el pasado, inamovible, como estructura que sustenta nuestro presente, fuente de inspiración o pozo del olvido, según el caso. En política el pasado no vale nada. La política va del futuro; será que es verdad que somos seres proyectivos, que necesitamos planificar nuestra vida, atisbar el horizonte. Por tanto, el político, por definición, debe crear visión y ser optimista. ¿Qué nuevo proyecto nace desde el realismo gris o el inmovilismo?
Hay políticos y políticos, claro, aunque me da que en Canarias tenemos pocos, muy pocos. En realidad, si repasamos nuestras instituciones públicas: un líder espiritual, su guardia pretoriana y el relleno que levanta la mano. En la oposición, ni eso. Ni unos ni otros se adentran en el debate constructivo sobre el futuro, no interesa la planificación; la acción política se limita al regate en corto de gestionar lo inmediato. Gestionar en vez de gobernar, y ¿quién gobierna? Sin buscarlo, surge el paralelismo con los personajes que modela Rafael Yanes en su novela "Chacayca" -lectura obligada- don Aurelio y el señor Honorio, que administran sus fincas como Dios manda.
Debatir es algo relegado al ámbito privado. No se debate en el Parlamento, con sus portavoces y sus acuerdos previos. Tampoco en los congresos de los partidos, cuyas ponencias políticas se elaboran antes y la disidencia es tímida y cautelosa para seguir en la foto. Política cobarde que no se atreve a razonar en público. Y en los medios se critica mucho y se propone poco. Tormenta pasajera; cuando amaina nadie se acuerda del petróleo ni de la necesaria modificación del REF -no de la forma, sino del fondo- ni de la improrrogable restructuración de las administraciones locales. Los asuntos pasan y todo sigue igual.
Vuelvo a reivindicar la implicación de la prensa en la vida política y no solo para denunciar y para informar. Afirmaba Pérez Minik sobre el que fuera fundador y director del periódico La Tarde: "Sus ideas y sus creencias, sus proyectos y sus alegatos y su voluntad firmísima, realizados o no, han quedado como un aire propicio y aleccionador, exultante y optimista, seguro y excitante, que gravita en los días claros sobre toda la vida de nuestra ciudad". Don Víctor, siempre activo en la brega, era constante, escribía sobre asuntos concretos e insistía con argumentos. Otra forma de hacer política, quizás más pragmática e influyente, que no conoce sectarismos y enfocada al interés general. Una lección magistral.

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