jueves, 3 de mayo de 2012

La eficacia perversa de quienes nos gobiernan

(Publicado en el periódico El Día el 3 de mayo de 2012)

ESTO DEBE acabar ya, antes de que sea demasiado tarde. El PP ha agarrado firme el timón de la nave y vamos derechitos al marisco. Solo recortes y ninguna reforma. Sí, ninguna, porque todo sigue igual. Igual o peor. ¿Y qué podíamos esperar?, ¿qué piensan que iba a ocurrir al recortar el presupuesto público de esta manera?, ¿al esconderse sin ser capaces de dar la cara ni de presentar un proyecto de futuro ilusionante? Más paro, claro, más incertidumbre, más pesimismo, cada vez más. ¿No nos decían que la economía era un estado de ánimo?
Medidas absurdas que frenan la actividad de las empresas y espantan a los inversores. ¿A quién se le ocurre plegarse así a los postulados suicidas de quienes ven inconscientes solo el déficit como enemigo a batir?, ¿no pagamos ya unos intereses que rayan la usura para colocar la deuda pública? Pues ya está, dígale usted a Bruselas que no, que no vamos a poder bajar el déficit de momento, que las reformas necesitan financiación y algo de tiempo. ¿No jugamos todos al euro? Pues que aflojen la presión, que Europa no se puede permitir una España fuera de la moneda única con su divisa devaluada ni la conmoción que tal circunstancia traería aparejada. Negociamos mal.
Y estamos de acuerdo con que no es lo mismo recortar sin ton ni son que hacer buen uso, y que no es lo mismo pretender ganar eficacia en la recaudación que subirles los impuestos a los que ya pagamos. No es lo mismo. Y he ahí el quid de la cuestión: acabe usted con el despilfarro e implemente usted las medidas necesarias para acabar con el fraude fiscal. ¿Que no sabe por dónde empezar? Pues dimita y deje a otro.
Como estoy convencido de que eso no va a ocurrir -aquí el verbo dimitir jamás conduce a la acción-, me atrevo con una receta sencilla: sonría, recurra al sentido común y simplifique. ¿Que quiere financiar la sanidad pública? Pues permita que nos desgravemos las facturas del médico privado. ¿Que quiere sufragar los gastos de la educación? Pues elimine las duplicidades absurdas en la administración pública y corrija las condiciones laborales abusivas (ojo, solo las abusivas). ¿Que quiere fomentar las inversiones que generan empleo? Pues olvídese de las subvenciones, elimine trabas -moratorias y proteccionismos- e inspeccione, no con ánimo sancionador, sino para favorecer la libre competencia. ¿Que quiere más economía real y menos economía especulativa? Pues grave los beneficios de las inversiones financieras y derive recursos a la Administración de Justicia para que quien la haga la pague.
Y si el jefe de la secta en Madrid se empeña en consumar el suicidio colectivo, acuda usted al Parlamento y legisle, que para eso está. Primero a derogar y luego a legislar; para casi todo esto tenemos competencias.

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