jueves, 26 de abril de 2012

Inseguridad ciudadana

(Publicado en el periódico El Día el 26 de abril de 2012)

QUE NO CUNDA el pánico. No es tan grave y además tiene solución. Por fortuna, de momento, en Santa Cruz solo son hurtos de poca monta, por necesidad quizás. Una gota china, sin embargo, que desanima al comerciante más entusiasta y desmotiva a sus trabajadores, que pelean por sacar el negocio adelante. Y sí, claro, podría ser peor; esto no es Venezuela, que recuenta asesinatos cada fin de semana. Aunque tampoco somos Suecia, en donde una cartera extraviada se entrega en "objetos perdidos" con el dinero dentro.
Mas una ciudad pequeña tiene su aquello. Que nos conocemos todos, por ejemplo. Y si preguntas por aquí y por allá te enteras de qué ala cojea cada cual, ojo. Preguntemos, pues, quién delinque -quién roba y quién recepta-, porque sin que alguien compre lo sustraído poco interés suscita la fechoría. En fin, con toda probabilidad no será tan fácil. Cada profesión requiere formación, vocación y experiencia, y la de policía, entiendo, exige especiales habilidades y, además, complicidad y confianza del ciudadano.
Como en cualquier otro servicio público, alcanzar la excelencia no es solo cuestión de emplear muchos recursos, sino, sobre todo, de organización. Me acuerdo cuando yo gestionaba el Consorcio de Bomberos de Tenerife y conseguimos sacar al bombero a la calle, a "patrullar", en su horario de guardia, en las zonas comerciales. Visitaban comercios y empresas para comprobar el estado de los sistemas contra incendios y dar pequeños consejos: los extintores visibles y a mano, desechar cables y enchufes en mal estado, despejar las salidas...; sin ánimo sancionador, prevención en estado puro. Y aquello tuvo éxito porque el empresario recibía algo de valor y el funcionario se sentía útil; no sé si aún se sigue haciendo.
Pero vale de muestra. Con esto de la seguridad ciudadana, la policía, creo, debe actuar igual, cerca de la gente. Sería muy fácil actuar por zonas, designar agentes de proximidad que fueran siempre los mismos (un par de guardias que roten para cubrir toda la semana), todos los días, que comerciantes y residentes sepamos quiénes son, que vayan a pie con su radio, que se fijen en la cara de los delincuentes y dónde paran, para que se corten antes de delinquir, que los taxistas se chiven cuando vean a alguien huir y que pidan refuerzos cuando haya que actuar.
Para esto no valen dispositivos especiales, es una tarea del día a día. Y por si fuera poco, sería también una potente herramienta de motivación, de la que andamos tan escasos: el empresario recibiría respuesta a los robos que lastran su negocio; el contribuyente, atención personal; el empleado público, reconocimiento a su profesionalidad, y el alcalde, un fuerte aplauso.

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