jueves, 26 de enero de 2012

¡Petróleo, petróleo! (en Canarias)

(Publicado en el periódico El Día el 26 de enero de 2012)

GRITÓ el operario tras el último esfuerzo de la perforadora al alcanzar el yacimiento, temblor, estruendo y un gran géiser de oro negro...; aunque no sé, quizás esto sólo ocurra en las películas. La tecnología actual es precisa y se anticipa; hay medios para saber con qué va a topar la broca al horadar las entrañas de la tierra. Y dicen que sí, que en efecto, que muy cerca de Fuerteventura hay una enorme bolsa de petróleo y gas natural.
Y mucho me sorprende el escaso entusiasmo con que en Canarias se recibe la buena noticia; resulta sospechosa tanta cautela. Porque hablamos del petróleo de los petrodólares, de los inversores kuwaitíes y de la OPEP, qué cosa; ¿usted se imagina? Porque digan lo que digan en Kyoto o en Durban al petróleo todavía le queda un largo recorrido pese a la voluntad -al menos legislativa- de luchar contra las emisiones de CO2 en la carrera contra el cambio climático.
La posibilidad de extraer petróleo en aguas de Canarias es una bendición para este país nuestro tan castigado por el paro y las diferencias sociales. Es una actividad boyante que significa dinero, puestos de trabajo y un enorme surtidor de impuestos: una solución impecable para el déficit público. Sería tremendo. Aun así, tal posibilidad, la de explotar el petróleo, nadie la considera parte de la solución; más bien un problema medioambiental, como poco, según algunos que alzan la voz en contra (tendrán trabajo o serán ricos).
Y no se me ocurre por qué. Los riesgos para el medio ambiente de un moderno pozo de petróleo son al menos igual de significativos que los de otras tantas actividades no lucrativas y, sin embargo, admitidas con escasa contestación ciudadana: la acumulación de residuos en inmensos vertederos o el propio tránsito de buques cisterna cerca de nuestras costas. Mucho peor, sin duda, es almacenar residuos radiactivos en un pueblo manchego. En teoría nada que temer: un negocio que reportará tantísimo dinero no tendría por qué poner pega alguna a desarrollar estrictos procedimientos ni a someterse a cualquier control de inspección.
La cuestión tiene enjundia; a lo mejor dejamos de ser los pobrecitos ultraperiféricos y debemos modificar el sentido de las reivindicaciones del REF. Si de repente nosotros somos los ricos quizás nos interese protegernos del reparto solidario o pensar en algo más. Cómo cambiaría la cosa.
Al final, para terminar de conformar una opinión sólida, resulta necesario ahondar más en cuáles serán las implicaciones socioeconómicas del petróleo para Canarias, qué realidad encierra y qué futuro nos aguarda.

jueves, 19 de enero de 2012

Paso en falso del PP con la reforma laboral

(Publicado en el periódico El Día el 19 de enero de 2012)


QUÉ ESPERABAN. Estaba cantado que a sindicatos y patronal les bastaba la foto. Ninguna intención de dejarse torcer el brazo ante sus parroquianos; vaya farsa: sin estar dispuestos a ceder en nada es imposible alcanzar un acuerdo, el que sea. Que la reforma de la legislación laboral la imponga el Gobierno, que para eso tiene mayoría absoluta, y a esperar y luego a criticar con gusto la solución propuesta. Lamentable. Qué más tenemos que aguantar para demostrar la falta de legitimidad de unos y otros.
Y llega el ministro y se ofrece a tener listo un primer documento en dos o tres semanas con los nuevos tipos de contrato, la indemnización por despido y las mismas pamplinas que el PP criticó la legislatura pasada. Más de lo mismo: una reforma rápida para dejar las cosas como están; empieza con mal pie. Un asunto que no se resuelve con un parche, que las leyes condicionan las conductas y estas crean hábitos, y cambiar los hábitos genera desazón y, por tanto, oposición, esa que se manifiesta siempre en contra.
Creo que el problema hay que enfrentarlo de otra manera. Y me atrevo a dar ideas. Empecemos por demoler lo que hay para reconstruir otra cosa -ya veremos qué-, como el afinador de pianos, que primero lo desafina por completo. Un ejercicio tonificante dinamitar mitos y constatar su inutilidad: lo absurdo del empeño en el contrato indefinido, que no lo es, como tampoco es indefinida la propia actividad empresarial; la trampa de la indemnización por despido, que te ancla a un empleo que no te hace feliz, o el sinsentido de un subsidio de desempleo que requiere ser despedido, ¿por qué?, ¿cómo castigamos entonces a los malos empresarios si no podemos marcharnos?
El mercado laboral y el de bienes y servicios han cambiado, y tanto, y ahora ¿quiénes son los empresarios -empleadores- y quiénes los trabajadores? La sociedad gira tan rápido que invertimos los papeles: hoy tengo empleo y mañana comienzo una aventura empresarial, hoy busco trabajo y mañana busco clientes; así o a la viceversa. En esta nueva realidad global, en la que todos competimos contra todos, ¿quién representa mis intereses de prototrabajador y protoempresario, ambos bajo la piel que habito? A lo mejor piensa lo que yo, que no están enfrentados en absoluto. En las relaciones laborales el interés es mutuo y el fin el mismo. Y, llegados a este punto, que funcionen los mecanismos del libre mercado.
Estimado presidente RJ, con dos cositas sería suficiente: establezca las reglas que garanticen unos mínimos razonables y fije los procedimientos para detectar y castigar los abusos por una u otra parte. Ah, y si busca un golpe de efecto contra el paro, convoque cada tres días, a las once de la mañana en las oficinas del INEM, a los que cobran la prestación so pena de perderla.

lunes, 16 de enero de 2012

El proyecto Hermanos Unidos

Mi actual proyecto de Interim Management es esta empresa de Cash&Carry. Difícil e ilusionante. Hemos conseguido mantener la empresa funcionando durante 10 meses y prepararla para que pueda ser adquirida por alguien que pudiera estar interesado en el negocio. Los propios trabajadores explican lo que hacemos:


jueves, 12 de enero de 2012

Con amor

(Publicado en el periódico El Día el 12 de enero de 2012)

PERO qué me dice. Primero nos habla de la felicidad, después de la motivación y ahora del amor. Debería dejarse ver eso, a lo mejor anda con depresión. Hay ciertas cosas sobre las que los hombres no hablamos, estaría bueno. Tanto sentimentalismo no es recomendable para la vida moderna. La sensibilidad no es propia del "homo proveedor" que se faja a diario en la selva cotidiana. Y quién necesita amor teniendo dinero.
Me maravilla el poder de convencimiento de los infelices que pregonan el consumo como forma de vida, y, por tanto, insisten en la búsqueda del éxito económico. "La última camisa no tiene bolsillo" -que dice un amigo-. Con la que te entierran para la vida eterna, se entiende; cuántos que no se enteran hasta que ya es demasiado tarde.
También es verdad que habrá muchos otros que no saben a qué me refiero, para los que el amor es una entelequia, una cursilería, una oportunidad frustrada, un sufrimiento, el capítulo que precedió al compromiso o a la obligación, el pasado, la nostalgia, la esperanza. Qué bonito es el amor y qué ajeno. Hay que enseñar a amar, primero a nuestros mayores, que les da vergüenza exteriorizarlo por convicción canónica y luego a los niños, que son lo máximo, para que nos quieran y nos cuiden cuando seamos viejitos.
No, no voy a caer en su provocación, querido. Ya sé que el argumentario del lado oscuro es muy extenso; soy inmune: a los personajes odiosos los mantengo lejos. Y no, no piense que me refiero a un amor platónico ni entregado ni sumiso. El amor es una expresión elevada de la conciencia, una forma de vivir, un algo desprendido, una vocación de ayudar a los demás. Con amor nuestras acciones son mejores, cuando tenemos en cuenta sus efectos positivos, cuando pensamos en quienes se benefician de ellas. Piénselo y póngale sentimiento a toda acción que emprenda. El amor siempre triunfa.
Con amor; hacer las cosas con amor, qué idea. Buscaremos entonces personas, empresas y representantes públicos que introduzcan tal consideración en su conducta. La alineación perfecta con el mandamiento único. Y por qué no: "No quiero un cualquiera, sino alguien que sea capaz de pensar en mí". Tiene lógica y cierta dosis de egoísmo sano.
Imagine que pudiera tener razón con este razonamiento. Triunfal mecanismo para desprendernos de lo que no queremos, como justificación perfecta de los cambios que no podemos posponer y posponemos: "La dejé porque no la amaba", incontestable. Los cambios casi nunca encuentran la justificación adecuada. Imagine que consigue llegar a amar su vida y su ocupación diaria. Habrá dado un paso de gigante hacia la felicidad.

jueves, 5 de enero de 2012

Miente, Pinocho, miente

(Publicado en el periódico El Día el 5 de enero de 2012)

PREGUNTO a un amigo empresario qué le parecería invertir cien mil euros en un negocio y me dice que prefiere dejar el dinero en un depósito en su bendita caja de ahorros. Argumenta que se lo retribuyen al seis por ciento y que no tiene riesgo, no debe esperar a consolidar las ventas ni recuperar clientes ni bregar con los trabajadores. No cuestiona de dónde saca la entidad el dinero para cumplir con el interés pactado ni cómo lo invierte. Qué más le da, él solo pone la mano. No me atrevo a replicar, aunque creo que debería detenerse a pensarlo. Si ya no da crédito a otras empresas para la actividad productiva ni participa en los mercados de bienes y servicios, solo queda jugar en el mercado financiero. Tierra de tiburones. Todo el proceso con la inefable garantía del G20, que acordó no dejar caer a más bancos. Lo de dar empleo que lo haga el Gobierno.
Ese mismo día, el presidente Rajoy y su consejo de ministros acuerdan subir los impuestos a las rentas del trabajo. Sin atacar la especulación. Y no solo contradice su propio compromiso preelectoral de no gravar más al sufrido contribuyente -nadie actúa libre de pecado-, sino que además no exhibe ninguna novedad: a los que estamos legales nos tienen fritos. Será que no se ha enterado de que el problema fiscal en España es el fraude, miles o cientos de miles de conciudadanos que no participan del sistema, amantes de la economía sumergida, y tanto cómplice que la consiente. Cuánto dinero acumulado debajo del colchón que no tributa. Aunque pueda parecer insolidaria, quizás una potente subida del IVA/IGIC consiga recaudar con eficacia de la actividad económica real. Evitar que el blanco acabe negro.
Sorprende la escasa imaginación del equipo económico entrante. Y me atrevo a proponer cómo contrarrestar el desatino. La subida del IRPF podría estar justificada si pudiéramos desgravarnos todos los gastos, es decir, conseguir que todo el dinero que circula pague. Las deducciones practicadas serían siempre menores que el incremento de la recaudación indirecta y el afloramiento de todo lo que ahora no tributa ni de una manera ni de otra. Y no solo pienso en desgravar los gastos del médico, del abogado o de cualquier otro profesional al que debamos recurrir como particulares, sino también las facturas de un mueble, de unos pantalones o de aquella comida en nuestro restaurante preferido. Se acabó cobrar en negro cuando a todos nos interesa pedir el recibo. Y que el legislador establezca los límites que estime oportunos.
No sé qué es más grave: que el PP mienta en su primera decisión importante o la ausencia absoluta de nuevas ideas. Como vemos, haberlas haylas.