jueves, 22 de diciembre de 2011

Un nuevo cuento de Navidad

(Publicado en el periódico El Día el 22 de diciembre de 2011)

ES UNA PENA que Ángela haya perdido el espíritu navideño. Ya no se acuerda qué celebra medio mundo por estas fechas. Del árbol sí, de las luces de colores y del Papá Noel, también. Y ya escribió su carta a los Reyes Magos, por supuesto.
Ángela es una mujer comprometida. En 2011 consumir es una obligación social para la que no cabe objeción de conciencia: sin consumo no hay producción y sin producción no hay crecimiento y sin crecimiento no bajará el paro. Sabe lo que tiene que hacer. La Navidad como mecanismo que emplean los países occidentales para favorecer la economía y sostener el Estado de bienestar.
Ángela es cristiana no practicante. Cree en Dios y conoce los mandamientos y el padrenuestro -la versión antigua- y la historia de Adán y Eva, y la de los panes y los peces, y muchas otras. Y cree en Jesús, aunque nunca llegó a entender el secreto de la Santísima Trinidad. Ángela es buena persona, no va a misa, pero es buena persona; le aburre, confiesa.
Con tanto ajetreo de escaparates y la búsqueda de suculentas viandas para Nochebuena, Ángela cae rendida en el sofá; es pronto, pero ya es de noche. Y se le aparece Jesús en persona, en el salón de su casa:
-Hola, Ángela -le dijo con voz pausada-, ¿sabes quién soy?
Jesús viste una túnica blanca y luce barba, inconfundible. Ángela, atónita, no sabe qué decir; lo ha reconocido, pero se quedó muda.
-Soy Jesús. Y todo este despliegue, todo este jaleo en el que andas metida es para celebrar mi cumpleaños -continuó algo resignado.
-Ya sé -responde Ángela, agazapada entre los cojines.
-Jamás imaginé que la cosa fuera a acabar así. ¿Es que ya nadie se acuerda de mí?
-¿Cómo que no? Mira allí, en el portal, estás entre el burrito y la vaquita...
-Ya, eso sí, vale, es un gesto, pero me refería -contestó Jesús molesto- a que no sé si queda alguien que valore todo lo que conseguí para la humanidad; te recuerdo que liberé a tantos de la esclavitud, fui el primero que dejó bien claro que somos todos iguales y lo importante de amar al prójimo.
-¿Sabes qué?, es que hoy en día ya tenemos de todo eso, es la base de la familia en las democracias modernas y está en las leyes -espetó Ángela muy segura de sí misma-. Sería como celebrar todos los días que sale el sol, algo ancestral y primitivo.
-Describes el éxito de mi mensaje; es perfecto, ves... Pero, entonces, ¿qué se celebra?
-La Navidad, que no te enteras -Ángela se embala-. Compramos, esperamos muchos regalos, comemos y bebemos, te cantamos villancicos y somos felices.

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