jueves, 29 de diciembre de 2011

"Ni antes éramos tan guapos ni ahora somos tan feos"

(Publicado en el periódico El Día el 29 de diciembre de 2011)

AFIRMÓ el exministro Manuel Pimentel en el "Día del Auditor de Canarias" en el por-cierto-recién-remozado-en-tiempos-de-crisis hotel Mencey de Santa Cruz de Tenerife; un escenario perfecto, sea dicho de paso, ambiente solo comparable con el cinematográfico "Rick's Bar" de Casablanca.
Desconcierto. Así describió el estado de ánimo de los ciudadanos y azuzó a los profesionales presentes a seguir en la gestión precisa de los números, certeza capaz de contrarrestar la desconfianza dominante. Se decantó por el equilibrio entre tecnócratas y políticos para salir de la crisis y usó la teoría de la evolución de las especies para preguntar qué hace cada cual para adaptarse a nuestra realidad cambiante: "No sobrevive el más fuerte, sino el que se adapta".
Puso a los ayuntamientos españoles como ejemplo de inadaptación al cambio. Desde la recomendación envenenada del ínclito Pedro Quevedo a todos los alcaldes desde el púlpito de la FECAM, "hagan lo que deban aunque deban lo que hagan", hasta el actual comportamiento de funcionarios y políticos que siguen pensando que alguien vendrá a arreglarlo todo. "Los dejarán caer", dijo, y anunció el colapso de las entidades locales.
Habló de las personas, de cómo somos, de nuestra condición gregaria tan falta de racionalidad, tan necesitada de líderes que compartan y emocionen. Y no sé muy bien por qué explicó la diferencia entre conocimiento y sabiduría, alquimia que añade sentido común, experiencia y visión de futuro. Y citó a Bernanke, que sostiene que en economía se pasa de la euforia al pánico en un instante; diagnóstico preciso para el "Homo ibericus", tan apasionado y ahora en verdadero estado de shock.
También nos previno de los "vampiros de energía", de quienes pretenden inspirar lástima y aplauden todo mal pronóstico con total solemnidad: "El año que viene, peor". Quién no conoce alguno. En cualquier caso, siempre entusiasta, Pimentel invocó la conducta individual: "No sé cómo será el año que viene, pero sí sé que voy a luchar para que sea mejor para mí". Actitud positiva propia de este optimista nato.
Y trató sobre el problema del paro, claro, y se atrevió a llamar antiguo al Estatuto de los Trabajadores -muchos ya nos habíamos dado cuenta- con su ninguna flexibilidad. Y reclamó una reforma laboral para parecernos a Holanda o a Suecia; qué bueno, alguien que piensa en copiar lo mejor de nuestros socios, y sin embargo amigos, del norte.
"Primero cayó Islandia y después le tocaba a España; después fue Irlanda y nosotros éramos los siguientes; después Grecia y también íbamos detrás; Portugal y ahora sí; por último Italia y ya llega nuestro turno...", el razonamiento según la lógica desenfocada de quien continúa deprimido. Y, visto lo visto, don Manuel concluyó: "Aquí hay país". Lo suscribo.


jueves, 22 de diciembre de 2011

Un nuevo cuento de Navidad

(Publicado en el periódico El Día el 22 de diciembre de 2011)

ES UNA PENA que Ángela haya perdido el espíritu navideño. Ya no se acuerda qué celebra medio mundo por estas fechas. Del árbol sí, de las luces de colores y del Papá Noel, también. Y ya escribió su carta a los Reyes Magos, por supuesto.
Ángela es una mujer comprometida. En 2011 consumir es una obligación social para la que no cabe objeción de conciencia: sin consumo no hay producción y sin producción no hay crecimiento y sin crecimiento no bajará el paro. Sabe lo que tiene que hacer. La Navidad como mecanismo que emplean los países occidentales para favorecer la economía y sostener el Estado de bienestar.
Ángela es cristiana no practicante. Cree en Dios y conoce los mandamientos y el padrenuestro -la versión antigua- y la historia de Adán y Eva, y la de los panes y los peces, y muchas otras. Y cree en Jesús, aunque nunca llegó a entender el secreto de la Santísima Trinidad. Ángela es buena persona, no va a misa, pero es buena persona; le aburre, confiesa.
Con tanto ajetreo de escaparates y la búsqueda de suculentas viandas para Nochebuena, Ángela cae rendida en el sofá; es pronto, pero ya es de noche. Y se le aparece Jesús en persona, en el salón de su casa:
-Hola, Ángela -le dijo con voz pausada-, ¿sabes quién soy?
Jesús viste una túnica blanca y luce barba, inconfundible. Ángela, atónita, no sabe qué decir; lo ha reconocido, pero se quedó muda.
-Soy Jesús. Y todo este despliegue, todo este jaleo en el que andas metida es para celebrar mi cumpleaños -continuó algo resignado.
-Ya sé -responde Ángela, agazapada entre los cojines.
-Jamás imaginé que la cosa fuera a acabar así. ¿Es que ya nadie se acuerda de mí?
-¿Cómo que no? Mira allí, en el portal, estás entre el burrito y la vaquita...
-Ya, eso sí, vale, es un gesto, pero me refería -contestó Jesús molesto- a que no sé si queda alguien que valore todo lo que conseguí para la humanidad; te recuerdo que liberé a tantos de la esclavitud, fui el primero que dejó bien claro que somos todos iguales y lo importante de amar al prójimo.
-¿Sabes qué?, es que hoy en día ya tenemos de todo eso, es la base de la familia en las democracias modernas y está en las leyes -espetó Ángela muy segura de sí misma-. Sería como celebrar todos los días que sale el sol, algo ancestral y primitivo.
-Describes el éxito de mi mensaje; es perfecto, ves... Pero, entonces, ¿qué se celebra?
-La Navidad, que no te enteras -Ángela se embala-. Compramos, esperamos muchos regalos, comemos y bebemos, te cantamos villancicos y somos felices.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Que la detengan; es una mentirosa, malvada y peligrosa

(Publicado en el periódico El Día el 15 de diciembre de 2011)

UN MOMENTO, amigo, que eso no es tan fácil. En este país nuestro solo detienen, juzgan y condenan a quienes atentan contra la integridad física de las personas -a Dios gracias-. El resto de delitos no existe. Dan igual. Será el procedimiento judicial o nuestras leyes, o ambas cosas. Lo cierto es que nos embarga la sensación de impunidad, de completa impunidad para quienes meten la mano en la caja o atentan contra las libertades. Aquí no ha pasado nada ni parece que vaya a pasar nada.
Un caso. Nos enteramos por la prensa de que la Audiencia Provincial sentencia que hubo certificaciones duplicadas o correspondientes a obras inexistentes con las que los acusados obtenían financiación bancaria, pero no está probada "la intención de defraudar" (sic). Cabría preguntarles a los magistrados cuál sería el fin alternativo de tal comportamiento. Y yo no soy abogado, que conste, pero sé leer y tenemos todos una educación moral suficiente para saber que dar en garantía un documento falso no está bien, que es reprochable como mala conducta (¿o no?) y también debería serlo desde el punto de vista legal, digo yo.
Otro ejemplo. Una horda de funcionarios enajenados en huelga asalta la sede de una Administración Pública en donde se celebraba una sesión plenaria. Petardos, bengalas, interrupción violenta del ejercicio de la democracia, empujones a las fuerzas del orden, secuestro de un edificio público, susto y desalojo de los trabajadores... Ahora se cumplen seis años de la tropelía y nada. Ni un solo cabecilla detenido, ni un solo asaltante inhabilitado para ejercer sus funciones ni para dejar de cobrar su salario, que, por cierto, se paga con el dinero que aportamos usted y yo en los impuestos.
Y cuántos ejemplos que ocupan titulares destacados en los medios y cuántos más que pasan desapercibidos. No solo pelotazos inmobiliarios, tráfico de influencias o uso de información privilegiada, sino esas otras cuestiones tan gravosas en las que nadie repara: acuerdos con empleados públicos que reducen la jornada laboral prevista en la norma, el cobro de tasas por servicios que no se prestan o el despilfarro de tanto dinero público en subvenciones absurdas.
Tenemos un gigantesco problema de fraude en España y en Canarias y parece que todavía no somos conscientes de su enorme trascendencia. La lucha contra el fraude y la economía sumergida no son prioridad y deberían serlo; que los poderes públicos pongan los medios para atajar el desorden y que la prensa siga en su labor de denuncia. Y nosotros ciudadanos debemos exigir coherencia entre lo que nos parece mal y lo que las leyes consideran punible, no vaya a ser que nos roben también nuestra escala de valores.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Por qué falla la negociación política

En negociación resulta imprescindible separar lo importante de lo que no lo es, dejar claro aquello que es objeto de negociación. Para ello, el negociador profesional debe enfocar, corregir, poner encima de la mesa el asunto en cuestión.
En el siguiente ejemplo el personaje interpretado por Keanu Reeves, en la película "Pactar con el diablo", ejerce de abogado defensor, aunque no lo parezca:
Es muy común querer caer bien a la otra parte -en las negociaciones políticas es casi una obligación- y por eso el resultado suele ser tan malo. En una mala negociación, un mal acuerdo perjudica a todas las partes.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Motivación personal para ser feliz

(Publicado en el periódico El Día el 8 de diciembre de 2011)

SOSTIENEN los expertos que hay tres tipos de motivación: la "extrínseca", basada en el dinero, la visibilidad y el reconocimiento público; la "intrínseca", que se fundamenta en la profesionalidad y la mejora personal, y la "trascendente", mediante la que el individuo pretende ayudar a los demás sin obtener nada a cambio.
Interesante. La motivación es aquello que nos impulsa a hacer cosas y por lo tanto es cuestión de comportamiento. Implica acción. Viene a responder a la pregunta por qué hacemos las cosas que hacemos. Yo trabajo porque me pagan, escribo porque me satisface compartir con usted mis reflexiones o hago régimen porque quiero verme mejor. Para una actividad puntual no necesitamos motivación especial, somos noveleros por naturaleza, pero la historia se complica cuando resulta necesario perseverar: trabajar todos los días, etcétera.
Podríamos hablar del combustible que alimenta la voluntad de actuar igual una y otra vez, y es que entrar en rutina requiere entrenamiento. Además, la vida, vivir la vida, exige encontrar sentido e intentar contestar a la pregunta del millón: para qué estamos aquí. Para ser felices. Fijamos un reto, actuamos, logramos cumplirlo y somos felices. Todo muy tonto.
Aburre plantear y alcanzar la misma meta de forma reiterada. La motivación va de eso también; consigue ayudarnos a vivir enfocados en lo importante. Porque nuestras acciones obtienen premio: trabajo y me dan dinero. La cantidad y la calidad del premio nos condicionan a repetir la conducta. Mas llega un momento en que los premios no son aliciente suficiente. Seguro que usted conoce algún caso. Cuánta infelicidad en personajes que disponen de enormes cantidades de dinero o disfrutan de toda la fama del mundo. Y entonces evolucionamos y llegamos a la conclusión de que el premio que anhelamos no tiene que ver con el mundo que nos rodea, sino sólo con nosotros mismos, con cómo nos percibimos, con nuestras emociones y con la mejora de nuestras capacidades.
Y aún más, llegaríamos a la felicidad absoluta cuando todas nuestras acciones estén liberadas de cualquier interés propio y persigan sólo el bien ajeno. Si lo pensamos bien, amar es precisamente eso, algo trascendente. Ame y sea feliz.
No sé si he sido capaz de explicar este sutil mecanismo de la motivación, cómo transita de lo extrínseco a lo intrínseco y a lo trascendente. Captada la idea, podríamos ahorrar mucho esfuerzo inútil y erradicar todo aquello que no suma a nuestro crecimiento personal. Es más, tendríamos argumentos para situar los bienes materiales en el lugar que les corresponde en nuestra nueva escala de valores. Qué cosa, austeridad en tiempos de crisis que ofrece grandes dosis de motivación. Ya sabe, la felicidad no admite excusas.

Un método infalible para encontrar empleo


Puede parecer pretencioso. Pero en efecto, un método infalible es la propuesta contundente del libro “Sé feliz. Guía práctica para encontrar trabajo”. Una alta dosis de optimismo, sentido común y enfoque para un verdadero manual de búsqueda de empleo.

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Una segunda edición revisada con nuevo título del libro “Cómo encontrar trabajo” publicado en 2009.


Por qué esta Segunda Edición:
No es suficiente. Llegué a la conclusión de que debo avanzar más y no limitarme a presentar un método para la búsqueda de empleo –que se podría interpretar como algo frío y mecánico-, sino que estoy en la obligación de transmitir la importancia que tiene trabajar para aquellos que tenemos la necesidad de hacerlo y no sólo desde un estricto punto de vista económico.
“Sé feliz” es el nuevo título que refuerza la idea más potente que recoge esta obra: no te olvides de que todo aquello que hagas, las decisiones que tomes, te permitan mantener o alcanzar la felicidad, ese modo de viajar que nos detalla Rafael Mesa en su prólogo. Quería añadir “Ten fe” al título, pero hubiera sido mucho, y no me refiero a una fe mística ni pretendo animar a esperar la intervención divina ni a poner velas a todos los santos; no, eso no lo hagas si no crees en ello.
Sostengo que es necesario tener fe en uno mismo, en lo que uno hace, poner ilusión y entusiasmo, trazar un plan y creer en él; propongo una fe que se basa en cosas que podemos controlar, tareas que nos podemos proponer y ayuda que podemos pedir con la certeza de que vamos a obtener una respuesta válida. Es todo muy real.
Pensarás que en esto de encontrar empleo pocas son las decisiones que tomamos, que si llevamos meses –quizás años- en la búsqueda y no aparece nada, que qué podemos hacer; e incluso, si apareciera alguna oportunidad, tienes claro que habría que agarrarla sin más, que no está la cosa para poner pegas ni rechazar nada.
Y en parte puede que tengas razón, pero solo en parte. Este libro te dará las claves para que encuentres trabajo, pero no un trabajo cualquiera, sino aquel que te satisfaga de verdad. Es un camino apasionante, por etapas, en el que alcanzarás metas parciales que te permitirán seguir adelante.
Te desafío a ser optimista. El optimismo es una actitud básica que te conducirá a la felicidad; piensa bien, entrena, déjate aconsejar, convéncete de que es posible, de que todo es posible.
Este libro es algo más que un manual para la búsqueda de empleo, considéralo una guía de comportamiento asertivo que te servirá tanto para en tu carrera profesional como en tu vida personal, aprovecha y aprende a preguntar en vez de a responder, mantén siempre la empatía y, sobre todo, interioriza los conceptos de misión y objetivo para vivir enfocados, el auténtico logro de nuestro crecimiento intelectual.
Dos años después de haber escrito este libro, su primera edición, con la perspectiva y la experiencia acumulada, puedo afirmar que éste es un método infalible… infalible para erradicar todas las sensaciones negativas inherentes a la situación de desempleo y además con una elevada probabilidad de éxito para conseguir trabajo, muchas personas lo corroboran y tú serás la próxima. Adelante.

viernes, 2 de diciembre de 2011

En el camino a la felicidad

CUANDO preguntas a cualquiera el porqué de determinada conducta e insistes en el para qué y otra vez en el porqué unas cuantas veces, obtendrás la respuesta irreprochable: para ser feliz. Y no hay más. Haga la prueba. Da igual aquello que nos ocupe, confesable o no; la motivación última es siempre la misma.
Somos así de simples, por suerte o por desgracia. También hay quien no se percata y pierde la vida entre lamentaciones, melancolías y nostalgias. Cada vez los tolero menos, lo confieso, son unos pesados que restan y que harían mucho mejor si no compartieran sus críticas ni su pesimismo. Habrá notado la extraordinaria capacidad de tales personajes para absorber el ánimo del más pintado y el entusiasmo de la tribu entera. Yo los prefiero lejos.
Al fin y al cabo, un optimista puede pecar de iluso (pequemos, pues), pero resulta mucho más inofensivo, hasta puede caer simpático, por idealista o por condescendencia: "pobrecito", pensarán, "pero es feliz en su mundo...". Perfecto, eso, déjeme en mi mundo, con mis proyectos, con mis ideas y con mis ganas de vivir, y váyase usted a freír chuchangas. Los pesimistas son un lastre social.
Esto de ser feliz requiere también su entrenamiento, como todo, y enfoque. Me encanta eso del enfoque: fíjese que no es suficiente mirar, enfocar es algo más, es cuestión de tino. Y claro, la felicidad requiere acción, ponerse en marcha, aceptar los retos, luchar, fracasar y volver a intentarlo. La felicidad, como estado de motivación plena, que se alimenta de pequeños y grandes logros, de cumplir pequeños deseos o grandes ilusiones. El logro, qué bueno. Y por eso son tan importantes los planes, se cumplan o no.
Dice el proverbio chino: si quieres ser feliz un día, emborráchate; si quieres ser feliz un año, cásate; pero si quieres ser feliz toda la vida, hazte jardinero. No conozco un jardinero infeliz, no sé usted, ni siquiera aquellos que cayeron en la profesión de rebote. Tendrá que ver con la idea de crear y mantener algo vivo que cambia, que admite esa satisfacción por el trabajo bien hecho; no sé, quizás a los chinos no haya que hacerles tanto caso.
Lo cierto es que el dinero por sí solo no da la felicidad, ni mucho menos; superado un mínimo muy mínimo para lo básico entran en juego otros factores. La posesión de bienes materiales, tampoco, por muy bonitos y exclusivos que sean. Ni siquiera el reconocimiento público o la fama, que nos hincha el ego, es combustible suficiente. Puede que nunca lo haya visto así, pero, créame, la felicidad es cuestión de logros y los logros exigen retos. La vida se ha puesto difícil, todo un reto, ¿se da cuenta? Acéptelo y sea feliz.

(Publicado en el periódico El Día el 2 de diciembre de 2011)