jueves, 1 de septiembre de 2011

Por qué soy de izquierdas

Hay que ser valiente para definirse en política. Alinearse es difícil porque exige decidir y, por lo tanto, excluir; por lo general nos cuesta decir que no, incluso a una idea que no compartimos, por no molestar. Creo que ya llegué al momento en que me libré (liberé) de esa carga.
Cuando digo en público que soy de izquierdas siempre hay sonrisas, como si empleara una sutil ironía. Piensan que un tipo como yo es imposible que sea de izquierdas, los tipos como yo no son de izquierdas, los tipos que se mueven en el mundo de la empresa no son de izquierdas, los tipos que trabajan con corbata tampoco: todos esos son liberales.
Con toda certeza esta máxima tampoco sea cierta, es más, estoy seguro de que la inmensa mayoría de las personas, con corbata o sin ella, no tienen ningún tipo de interés por la política. Somos pocos.
No pretendo exponer las diferencias entre ser de izquierdas o de derechas, no me atrevería. Me refiero al concepto arraigado de como unos y otros enfrentan las diferentes soluciones a un mismo problema político. En algunas cuestiones, cuando manda el sentido común, tales diferencias no existen; usted me entiende a la perfección.
Jesús era de izquierdas y yo también. Yo creo en la gente, en la igualdad de las personas y en el esfuerzo individual que revierte en la sociedad; creo en el estado del bienestar y en la cobertura pública a los más necesitados (quizás un día ese necesitado sea usted); creo que los ricos deben pagar más impuestos que los pobres; creo en la igualdad de oportunidades. Creo en el sistema.
También creo en el libre mercado y en la necesidad de que esté regulado para evitar los abusos. Y en las leyes, y sostengo que cuando una ley es mala no debemos incumplirla, sino tratar de cambiarla. Creo en el diálogo y en el consenso, en las reglas del juego. Y rechazo el fraude en todas sus formas y la economía sumergida como dogmas de fe.
Puede que usted no sea de izquierdas y piense igual que yo; a lo mejor acaba de descubrir que también lo es aunque jamás aceptaría ser tildado como tal. Confieso que yo pensaba igual.

(En post data, una última reflexión: "La izquierda liberal salvará Canarias")

2 comentarios:

José Hernández dijo...

Libre mercado "regulado" es una contradicción en sus propios términos. Economistas como Oskar Lange (socialismo de segunda generación) quisieron armonizar socialismo y mercado: la cuadratura del círculo. La tercera generación de socialistas es la actual socialdemocracia: dejemos funcionar "reguladamente" al capitalismo y luego redistribuyamos la riqueza.

Pablo Zurita Espinosa dijo...

Regulado en el sentido de que exista reglas del juego para evitar los abusos y que estas se cumplan. No hablo de que la Administración intervenga en la economía, por supuesto que no, sino que haga de árbitro.