sábado, 3 de septiembre de 2011

Llegará Hacienda y nos sacará de la crisis

(Publicado en el periódico El Día el 2 de septiembre de 2011)

APASIONANTE fin de legislatura. El partido en la oposición superó el miedo a actuar en consenso y le perdió el respeto al contagio; se ve ganador indiscutible en noviembre y es normal que apriete la responsabilidad. Otro gallo si hubiéramos anticipado esta conducta (política de concentración) hace meses o incluso años. Me encanta el gesto.
Mas seguimos empeñados en legislar; incomprensible manía de cambiar las leyes cuando el sistema no es capaz de hacerlas cumplir ni pone empeño ni sanciona a los infractores ni los persigue con ahínco; ni siquiera obtienen rechazo social. De qué nos vale que el REF para Canarias fije la inversión per cápita del Estado en las Islas en la media nacional si nunca se ha cumplido: vivimos de la ilusión de que algún día quizás alguien se percate de ese artículo concreto en esa ley franquista que tanto empeño mostramos en defender. Pajullo.
El individuo y las instituciones, con muy pocas ganas de cumplir las reglas del juego, y el Estado, que somos todos (de momento), garante del orden común, con escasa capacidad inspectora, permite, consiente. La administración de justicia va a su ritmo -colapsada por tanta discusión de patio de vecinas-, muestra la nula capacidad de negociación de nuestro tejido social y evidencia nuestra idiosincrasia servil, que espera que sea un tercero el que diga cómo debemos resolver nuestros conflictos. Entre tanto, las leyes enfrentan su destino en completo ostracismo, melancólicas, apiladas unas sobre otras, incomprendidas.
Nos queda Hacienda, arma secreta. La máquina de los dineros es implacable: maneja la certeza de que dos más dos son cuatro, con millones de colaboradores necesarios que recaudan, que retienen, que ingresan. Trabajos forzados sujetos al veinte por ciento de recargo por perder el paso. La disciplina de mercado puesta a disposición del recaudador; brillante.
Y por fin el presidente y su equipo comprendieron que la economía sumergida es un lastre imposible de cargar mientras se intenta preservar el estado de bienestar. Quizás leen este "Optimista Nato", que tanto machaca la necesaria lucha contra el fraude, en el que ya propuse ampliar los gastos deducibles en el IRPF (30/06/2011), enorme satisfacción.
Y actúan. Saldremos de la crisis mediante el empleo de la potente maquinaria de Hacienda, ¡qué cosa! El Gobierno aprueba la desgravación de las reformas domésticas, claro; que el paisano pida factura (la exija) y que el empresario o el autónomo esté obligado a emitirla y declararla (en qué cabeza cabe que esto no ocurra con total normalidad; ya nos vale).
Y solo falta meter en el paquete la factura del médico, del abogado, del restaurante o del gimnasio: suficiente un CIF y un importe, y que Hacienda compruebe lo que unos pagan y otros cobran.


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