jueves, 29 de septiembre de 2011

El esfuerzo inútil conduce a la melancolía

(Publicado en el periódico El Día el 29 de septiembre de 2011, el título es de una cita atribuida a Ortega y Gasset)

QUE NO, que no quiero que me dé más crédito, gracias pero no. ¿O es que no se ha dado cuenta todavía de que no podré devolverle el dinero? No, y no me gustaría que le facilite a nadie que se endeude más, que ya está bien, hombre, y mucho menos a mi competencia, que nos tiene fritos, que puede mantener esos precios tan bajos, tan competitivos, tan subvencionados por usted, sí, por usted, que financia sus pérdidas.
Y no haga caso a las hordas de tertulianos intrépidos que promulgan volver a la época manirrota de glorioso recuerdo que usted sufrió, ¿no se acuerda? Qué mágicos momentos de dinero barato en cartuchos llenos. Vaya catástrofe, amigo, vaya forma de inflar la economía a pleno pulmón; y si no llegas, te refinancio, y si el que no llego soy yo, le pedimos ayuda al Banco de España. Mariquita el último, con perdón.
El problema de las empresas no es de falta de crédito, es que no vendemos. En unos casos porque estábamos dimensionados para nadar en la abundancia, y en otros porque rezagados nos adelantan por la izquierda y por la derecha con las nuevas tecnologías, la innovación y la estrategia. Cambiar de mentalidad o desaparecer; endeudarte sin el propósito de enmienda prolonga la agonía y te hunde más en el pozo. Que sí, que ya sé que me repito, es que me tiene caliente. Y tengo claro que debo pedir ayuda antes de que sea demasiado tarde.
Ay, querido, ¿y qué me dice del fraude? Que sí, que ya sé que siempre hubo. ¿Y qué?, ¿no será usted de esos que niega su trascendencia? Así nos va: la permisividad conduce al abuso, el abuso a la injusticia y la injusticia al fracaso colectivo. País. Fraude institucional, fraude empresarial y fraude personal: tire usted la primera piedra. Créame, máximo rédito social con la lucha contra la economía sumergida; qué gran inversión: si pagamos todos, pagaremos menos, salvo los que no pagaban nada, claro, que tendrán que pagar más. No diga nada, haga el favor.
Y a ver cuándo dejamos de discutir a quién le atribuimos la culpa de la (mala) situación económica ¿para lincharlo en la plaza pública? -¿qué más dará eso ahora?- y nos inmunizamos, de una vez por todas, frente a las noticias del movimiento caótico de la Bolsa, que a estas alturas del partido no refleja ya nada confesable, solo la conducta reprobable de los que especulan.
Estará conmigo en que alguien tendrá que convencer al político, titular o aspirante, para que se olvide de los créditos oficiales y de las políticas activas de empleo, que no malgaste entusiasmo y talento en la (supuesta) dinamización de la economía, esfuerzo inútil; que se concentre en reorganizar las administraciones públicas. Sería más que suficiente.

jueves, 22 de septiembre de 2011

La extraña cita electoral de noviembre

(Publicado en el periódico El Día el 22 de septiembre de 2011)

La princesa está triste,
¿qué tendrá la princesa?
Rubén Darío

DEBE DE SER cuestión de costumbre, mayoría de edad democrática, hartazgo con la política o la simple búsqueda de mejores cosas que hacer o en las que pensar por parte del aletargado votante. Parece que hay ganas de que acabe la era Zapatero, pero no llegamos a percibir esta próxima legislatura como algo ilusionante ni siquiera para aquellos que ya se ven ungidos con la mayoría absoluta. El entusiasmo o su ausencia no son cuestiones baladíes; el pasotismo tampoco.

No hay ruido mediático ni a nivel nacional ni mucho menos en provincias (y nosotros somos de provincias, por el momento). Tan solo el aspirante Rubalcaba se esfuerza en distinguirse del que fuera su jefe. Rubalcaba dice sí en el que debe ser el proyecto de marketing político más apasionante de los últimos tiempos. Los demás aguardan pacientes que ocurra lo que tiene que ocurrir en el buen uso de la máxima de "mejor estar callado; no vaya a ser que meta la pata".

Nuestro elenco político autóctono está triste. Bermúdez esconde su melancolía detrás del "power flower" con evidente incoherencia entre lo que dice y cómo lo dice; Paulino mantiene el rictus incapaz de entender y respetar la libertad de expresión que ampara las críticas a su comportamiento público; hasta el ínclito Rajoy -triste aspirante- no puede atenuar su agonía, acongojado quizás porque no sabrá qué hacer después de. Aquí no sonríe nadie.

Y Miguel Concepción también está triste, tristísimo; mas nuestro equipillo trata de no contagiarse y gana. Y Ricardo Melchior también y renuncia al Senado y se conforma con el Congreso: Tenerife se le ha quedado pequeño. Todos los que mandan están tristes, ¿a dónde iremos a parar con tan evidente triunfo del desánimo? Los medios de comunicación vociferan pesimistas cualquier noticia que admitiría seguro un enfoque más positivo. Pesimismo preventivo, qué pena, generación perdida por el liderazgo inútil de tanta gente gris.

A estas alturas no sabemos quién se postula a representarnos en Cortes; ¿y qué más da?, pensará usted. ¿Quiénes eran los que nos representaban antes, quiero decir, los que nos representan ahora? Ni idea. Yo tampoco. Solo conocemos a Pepe Segura y a Ana Oramas, que intervino triunfal en un pleno para reclamar no sé qué de Las Chumberas, con escaso éxito, por cierto; vaya sentido de Estado, qué nivel. Estará triste.

No, no. No nos daremos por vencidos. Los que somos felices y vivimos con optimismo y entusiasmo triunfaremos; ganaremos la partida a quienes están tan cómodos en el lado oscuro. Cada vez somos más y en algún momento nos colaremos en las listas. Ojo.


domingo, 18 de septiembre de 2011

El mercado, la felicidad y los paraguayos

(Publicado en el periódico El Día el 17 de septiembre de 2011)

NUESTRO mundo globalizado nos sorprende. Los mercados más. Las normales transacciones comerciales han cambiado y cuánto. Y cuáles son los invisibles hilos que manejan los precios, los hábitos del consumo e influyen en el sutil juego de la oferta y la demanda. Y peor aún si intentamos comprender el movimiento oscilante de la bolsa de valores o de los mercados de deuda. Iluso de mí.
Quisiera pensar que alguien sí sabe qué ocurre, aunque no lo diga, e incluso que sea capaz de observar la realidad del presente y predecir el futuro con cierto margen de acierto; que quizás usted sonría condescendiente con los titulares de la prensa de mañana, que exista cierta lógica no apta para el razonamiento del común de los mortales. Pero no, en realidad creo que nadie sabe de qué va esto y que los mercados no obedecen regla alguna o, en su caso, el mandamiento único de la ambición propia de cada uno de sus actores.
En referencia al libre mercado, sostiene José Antonio Marina que "no hay a la vista un método mejor" para la economía, y yo añadiría que no debemos olvidar que ésta, la actividad económica, nos proporciona bienestar y, por ende, felicidad, que justo de eso trata nuestra mundana existencia. Citaba Marina a finales de 2010 a Garzón Valdés: "Librado a su propio dinamismo, el mercado presenta una clara tendencia a la autodestrucción", e insistía en la necesidad de regulación; perfecto. Profético, quizás consternados contemplemos hoy un suicidio.
Y me acordé de unos estupendos paraguayos, una variedad de melocotón muy sabrosa, tentación ancestral de hace unos días. Al final una experiencia fracasada; ni tú ni yo nos dimos cuenta de que tras esa magnífica presencia no había nada, un algo insípido que acabó en la basura. Y pensé en el mercado fracasado del paraguayo y en los responsables del descalabro. Estará conmigo en que a los culpables ni les interesa lo que opina el consumidor ni el agricultor. Mas unos y otros deberían estar preocupados.
En el mercado de los paraguayos todavía pesa el recuerdo satisfactorio de una fruta excelente en textura y sabor. Por tanto, el impávido consumidor muestra atracción y está dispuesto a pagar un precio tal que sufraga la manipulación postcosecha, los costes del transporte desde allende los mares y las comisiones del cambio de moneda. Con tanto trasiego, que los paraguayos luzcan su mejor sonrisa es digno de encomio; ¿para qué? Paraguayo.
Y mientras, los nateros crían verodes y los enarenados de jable papas que nadie valora. Quisiera pensar que alguien (quizás usted) se haya percatado y se empeñe en ofrecernos fruta de primera antes de que ya no sepamos por qué, por qué disfrutábamos con ella.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Que se prepare el ayuntamiento para el concurso de acreedores

(Publicado en el periódico El Día el 9 de septiembre de 2011)

NO SOLO limitar el déficit. El pacto PP-PSOE de este fin de legislatura incluye también la eliminación de las diputaciones provinciales, de los cabildos insulares y de los municipios de menos de diez mil habitantes. No pudimos refundar la economía, pero "a este país no lo va a conocer ni la madre que lo parió", tal y como predijo Alfonso Guerra hace veinte años. Si apostamos por el Estado de las autonomías, apostemos.
Machuco y limpio a nuestro entramado legal. La necesidad aprieta, y sin nacionalistas a los que contentar la tarea es mucho más fácil: 1.- Nuevas bases de régimen local para que queden claras las competencias y 2.- Incorporación de las administraciones públicas a la ley concursal a ver si empezamos de cero, los afectados por el despilfarro recuperan algo y los responsables (culpables) pasan por taquilla, aunque sea para que los inhabiliten para unas cuantas legislaturas.
Eliminar diputaciones y cabildos no presenta grandes problemas formales: con dos decretos se transfiere el personal y los recursos, según el nuevo ámbito competencial, al Gobierno autónomo o a los ayuntamientos, según el caso. Un par de homenajes, unas cuantas lágrimas de añoranza y unos cachetes por el desconsuelo a los que se van a casa.
Fusionar ayuntamientos tiene su enjundia no ya en las cuestiones de representación política, que están claras, y no en balde acaba de haber elecciones y recuento de votos, sino en las de índole administrativo. Importante, de entrada, no más compromisos de gasto; todo el mundo quieto para no meter la pata, que sigan los servicios básicos y se me esperan con las iniciativas, la dinamización y las fiestas patronales.
Aunque el avance importante llegará con el concurso de acreedores, algo de esperanza para tantos que aguardan cobrar. El primer ahorro al eliminar los sueldos de todos los miembros liberados de la corporación, los gastos institucionales y de representación, ya que no habrá plenos ni comisiones. La actividad de gobierno estará intervenida, decidirán los administradores concursales en primera instancia y el juez para todo lo demás. Un concurso es cosa seria.
Por un lado, deberán descifrar qué debe el ayuntamiento, a quién se lo debe y en qué concepto. Deberán discernir si tales gastos son los propios del funcionamiento de una corporación local, si se han seguido los preceptos de la ley de contratos del sector público para afianzar los compromisos de pago y si son precios normales de mercado. Por otro, los administradores deberán analizar también la estructura de ingresos con los que hacer frente al día a día y el inventario del patrimonio municipal con el que quizás haya que negociar para resolver las deudas contraídas y sus intereses.



sábado, 3 de septiembre de 2011

Llegará Hacienda y nos sacará de la crisis

(Publicado en el periódico El Día el 2 de septiembre de 2011)

APASIONANTE fin de legislatura. El partido en la oposición superó el miedo a actuar en consenso y le perdió el respeto al contagio; se ve ganador indiscutible en noviembre y es normal que apriete la responsabilidad. Otro gallo si hubiéramos anticipado esta conducta (política de concentración) hace meses o incluso años. Me encanta el gesto.
Mas seguimos empeñados en legislar; incomprensible manía de cambiar las leyes cuando el sistema no es capaz de hacerlas cumplir ni pone empeño ni sanciona a los infractores ni los persigue con ahínco; ni siquiera obtienen rechazo social. De qué nos vale que el REF para Canarias fije la inversión per cápita del Estado en las Islas en la media nacional si nunca se ha cumplido: vivimos de la ilusión de que algún día quizás alguien se percate de ese artículo concreto en esa ley franquista que tanto empeño mostramos en defender. Pajullo.
El individuo y las instituciones, con muy pocas ganas de cumplir las reglas del juego, y el Estado, que somos todos (de momento), garante del orden común, con escasa capacidad inspectora, permite, consiente. La administración de justicia va a su ritmo -colapsada por tanta discusión de patio de vecinas-, muestra la nula capacidad de negociación de nuestro tejido social y evidencia nuestra idiosincrasia servil, que espera que sea un tercero el que diga cómo debemos resolver nuestros conflictos. Entre tanto, las leyes enfrentan su destino en completo ostracismo, melancólicas, apiladas unas sobre otras, incomprendidas.
Nos queda Hacienda, arma secreta. La máquina de los dineros es implacable: maneja la certeza de que dos más dos son cuatro, con millones de colaboradores necesarios que recaudan, que retienen, que ingresan. Trabajos forzados sujetos al veinte por ciento de recargo por perder el paso. La disciplina de mercado puesta a disposición del recaudador; brillante.
Y por fin el presidente y su equipo comprendieron que la economía sumergida es un lastre imposible de cargar mientras se intenta preservar el estado de bienestar. Quizás leen este "Optimista Nato", que tanto machaca la necesaria lucha contra el fraude, en el que ya propuse ampliar los gastos deducibles en el IRPF (30/06/2011), enorme satisfacción.
Y actúan. Saldremos de la crisis mediante el empleo de la potente maquinaria de Hacienda, ¡qué cosa! El Gobierno aprueba la desgravación de las reformas domésticas, claro; que el paisano pida factura (la exija) y que el empresario o el autónomo esté obligado a emitirla y declararla (en qué cabeza cabe que esto no ocurra con total normalidad; ya nos vale).
Y solo falta meter en el paquete la factura del médico, del abogado, del restaurante o del gimnasio: suficiente un CIF y un importe, y que Hacienda compruebe lo que unos pagan y otros cobran.


jueves, 1 de septiembre de 2011

Por qué soy de izquierdas

Hay que ser valiente para definirse en política. Alinearse es difícil porque exige decidir y, por lo tanto, excluir; por lo general nos cuesta decir que no, incluso a una idea que no compartimos, por no molestar. Creo que ya llegué al momento en que me libré (liberé) de esa carga.
Cuando digo en público que soy de izquierdas siempre hay sonrisas, como si empleara una sutil ironía. Piensan que un tipo como yo es imposible que sea de izquierdas, los tipos como yo no son de izquierdas, los tipos que se mueven en el mundo de la empresa no son de izquierdas, los tipos que trabajan con corbata tampoco: todos esos son liberales.
Con toda certeza esta máxima tampoco sea cierta, es más, estoy seguro de que la inmensa mayoría de las personas, con corbata o sin ella, no tienen ningún tipo de interés por la política. Somos pocos.
No pretendo exponer las diferencias entre ser de izquierdas o de derechas, no me atrevería. Me refiero al concepto arraigado de como unos y otros enfrentan las diferentes soluciones a un mismo problema político. En algunas cuestiones, cuando manda el sentido común, tales diferencias no existen; usted me entiende a la perfección.
Jesús era de izquierdas y yo también. Yo creo en la gente, en la igualdad de las personas y en el esfuerzo individual que revierte en la sociedad; creo en el estado del bienestar y en la cobertura pública a los más necesitados (quizás un día ese necesitado sea usted); creo que los ricos deben pagar más impuestos que los pobres; creo en la igualdad de oportunidades. Creo en el sistema.
También creo en el libre mercado y en la necesidad de que esté regulado para evitar los abusos. Y en las leyes, y sostengo que cuando una ley es mala no debemos incumplirla, sino tratar de cambiarla. Creo en el diálogo y en el consenso, en las reglas del juego. Y rechazo el fraude en todas sus formas y la economía sumergida como dogmas de fe.
Puede que usted no sea de izquierdas y piense igual que yo; a lo mejor acaba de descubrir que también lo es aunque jamás aceptaría ser tildado como tal. Confieso que yo pensaba igual.

(En post data, una última reflexión: "La izquierda liberal salvará Canarias")