domingo, 5 de junio de 2011

Gran dilema para alcanzar la alcaldía en Santa Cruz de Tenerife

El pueblo chicharrero fue convocado a las urnas y habló claro. El hartazgo se impone aun, la amplia abstención así lo demuestra; la dispersión del voto requiere análisis:
9 PP, 9 CC, 5 PSOE, 2 Si se puede, 1 SxT y 1 Ciudadanos.
La mayoría absoluta se sitúa en 14 concejales.
Reeditar el acuerdo CC-PP (9+9=18) pudiera parecer la opción más lógica; supondría continuidad a ambos proyectos, partidos que venían gobernando juntos casi toda la legislatura precedente. Aunque parece que no, que el PP no desea repetir la experiencia.
Queda entonces avanzar en la otra opción posible (9+5=14). Cinco concejales que aporta el PSOE y habría que ver quién pone los nueve restantes.
Leemos en prensa las "negociaciones" entre CC y PSOE, bueno, más bien el reparto de cargos y funciones aunque parece que no hay coincidencia en la concepción básica de la gestión municipal: el número de departamentos o los grandes temas pendientes en la ciudad. Alguien dijo que el apoyo socialista estaría condicionado a que fuera su candidato, Julio Pérez, el designado alcalde.
CC no quiere abandonar el gobierno y es posible que sus representantes estén dispuestos a aceptar casi cualquier cosa.
Por otro lado, parecería lógico pensar que el PP, la lista más votada, no renuncie a formar gobierno; podría estar dispuesto a igualar la oferta de los nacionalistas al PSOE. Cristina Tavío, con su acta de diputada autonómica y posibles responsabilidades de altura en el Parlamento de Canarias, podría ceder la primera línea de fuego al candidato socialista y desplazar así a José Bermúdez del gobierno municipal.
Aunque en campaña se trató de dejar claro que se elegía alcalde, por aquello de no castigar al PSOE por la gestión del presidente ZP, en el acuerdo santacrucero intervienen condicionantes que superan este ámbito. Pérez (José Miguel) negocia con Rivero (Paulino) formar gobierno y hay, según tratan de explicar, contrapartidas a todos los niveles.
En Santa Cruz queda una opción. Que el PP pida la abstención de sus oponentes en el pleno de investidura y que gobierne en solitario. Los grandes temas (Las Teresitas, PGO, etc.) requerirán tratamiento individualizado en los plenos, ¡que viva el debate político!

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