viernes, 29 de abril de 2011

Yo ya sé a quién voy a votar

De las tres papeletas, dos por convencimiento y la tercera por descarte (el descarte es una buena manera de elegir, representa lo menos malo).
No me ha costado mucho tomar la decisión. La reflexión es simple y se basa en unas pocas preguntas a las que soy capaz de responderme sin esfuerzo:
- ¿Me gustan los que están gobernando?, ¿creo que lo han hecho bien?, ¿los veo capacitados, con ganas?, ¿son honrados?, ¿creo que son lo mejor que nos podía haber pasado?
- De todos los que se presentan, ¿qué partido creo que ofrecer una alternativa seria?, ¿quiénes tienen los pies en el suelo?, ¿quiénes han conformado un equipo sólido y capacitado?, ¿quiénes son optimistas respecto a nuestro futuro?
Lo tengo claro.
Ahora, hasta el día de las elecciones, con la decisión tomada, espero que los que les voy a votar no me decepcionen.
Ya sabía que iba a ejercer el derecho que nos hace libres, el derecho (y la obligación) al voto, de esto va la democracia y yo creo en ella.
Y otra cosa también sé: no voy a contarle a nadie el sentido de mi voto, mis cosas íntimas (y secretas) las reservo para mí. Acertaré o me equivocaré, asumo esa responsabilidad individual.

jueves, 28 de abril de 2011

La teoría del tonto motivado


Y lo dice en serio. Emilio Duró fue contundente el pasado martes en el lagunero Teatro Leal. Con mucho sentido del humor, eso sí. Habló claro, inusual invitación a reflexionar sobre la capacidad propia, y no reconocida, que tenemos las personas de modelar nuestro propio futuro. Un optimista nato declarado, otro más.
Sostiene Duró lo peligroso del incapaz que se embarca pecho henchido en el mundo de los negocios, cargado de ímpetu y entusiasmo; del lanzado que se atreve con lo que le echen para el que augura sonoro fracaso. Nos previene del que se ofrece, del que le pone muchas ganas y poco de nada más. Cuidado con el tonto motivado, insiste; una conducta suicida.
Estoy de acuerdo, y además confieso cierta liberación por haber alcanzado conclusiones análogas. Y es que en mi libro “Ser empresario” propongo altas dosis de prudencia al que se plantea iniciar el tortuoso camino de la empresa. Mantengo que una buena idea no es suficiente, que una empresa es algo más. Y reclamo la importancia de adquirir los conocimientos básicos, de aprender a hacer números, de interactuar con orden en el complejo entorno de clientes, proveedores, socios y empleados, de ser respetuosos con el mercado y la competencia.
Emilio Duró va más allá. Afirma que existe una posibilidad cierta de que cualquier negocio tenga que cerrar, que si eso es lo peor que puede ocurrir, no debe ser entendido tal desenlace como un drama, que hay vida ahí fuera. Con pragmatismo, nos recuerda que todos vamos a morir, inexorable, y que adquirir tal conciencia nos libera de la dura carga de preocuparnos por lo trivial.
Emplea paladas de sentido común y nos sugiere ser conscientes de quienes somos, no intentar innovar cuando no sabemos ni tenemos cómo y concentrarnos en copiar, copiar a quienes lo hacen bien, mejor que nosotros. Cómo duele la realidad y qué importante tenerla en cuenta.
Pero quizás lo más profundo del mensaje de Duró, lo más impactante, es la insistencia en dejarnos llevar por nuestra intuición, por nuestras emociones: nos invita a ser felices, qué bueno. Y nos introduce en la teoría de las cuerdas: nuestra capacidad de labrar nuestro propio porvenir dirigido por nuestros propios deseos, deseos que debemos tratar de controlar; la hiperincursión en el futuro, lo que queremos vivir depende de nosotros mismos. Y alejar los malos pensamientos y a quienes absorben nuestra energía positiva. Por tanto, hemos de aceptar la responsabilidad de nuestras acciones pasadas y de nuestras acciones futuras. Tremendo.
Compartimos el entusiasmo por el optimismo como forma de vida, como camino al éxito personal y a la felicidad; además se contagia. Contágiate.

jueves, 21 de abril de 2011

Rebeldía fiscal

(Publicado en el periódico El Día del 21 de abril de 2011)

QUÉ DIFÍCIL pagar los impuestos. Y no me refiero a conseguir el dinero, que también, sino a la acción en sí misma de liquidarlo, plasmar las cifras en el impreso e ingresar las cantidades en arcas del Estado o de sus satélites administrativos. Ninguna facilidad para el abnegado contribuyente.
Sufrimos un sistema impositivo tan complejo que uno nunca sabe si está al día. Hay que ser experto o recurrir a un profesional; ni los propios funcionarios que atienden la ventanilla están para ayudarte a rellenar el formulario según su propio testimonio. Algo falla; quiero entender que el recaudador desea cumplir su misión recaudatoria. Por lo tanto, urge simplificar el sistema.
Todo nace de la necesidad social de la recaudación de impuestos y su aplicación en las políticas de gestión pública. Recaudar y gastar; de eso va la política. De gastar bien a favor del interés general; de gastar para preservar el bienestar de las personas. Vaya responsabilidad, vaya carga que se quieren echar a la espalda quienes optan a un cargo; vaya responsabilidad también elegir a alguien para gestionar el dinero de todos: de eso va la política.
La circulación de mercancías está sujeta a gravámenes fiscales. ¿Por qué? Existían en España, no hace tanto, puestos fronterizos en los límites de los términos municipales, los fielatos, que cobraban el paso de la carga. Éramos pobres y había que recaudar de alguna manera. Hoy en día la aduana de nuestros puertos obedece a esa misma filosofía.
Tenemos impuestos especiales de la gasolina, del tabaco, indirectos al consumo, de los rendimientos del trabajo, aranceles para encarecer las importaciones de ciertos productos, tasas por la prestación de servicios públicos, por la circulación de vehículos, pagamos por la tenencia de inmuebles, por las sucesiones patrimoniales... Ah, no, perdón, este último ya no. No paga impuestos el que se lucra con la actividad económica o el que más tiene; aquí paga todo hijo de vecino.
Padecemos interminables debates sobre cómo cada candidato propone gastarse el dinero de los impuestos, pero no se habla de esto otro. Y no me refiero solo a cómo simplificar los procesos administrativos de la recaudación, sino a entrar de verdad en materia, a cuestionar qué debe estar sujeto a gravamen y cómo debe aplicarse. El entramado impositivo parece que forma parte de nuestro acervo cultural, que estamos obligados a vivir con él, y en realidad eso no es cierto. Los parlamentos legislan sobre impuestos.
Son nuevos tiempos. Estamos obligados a simplificar, a emplear las nuevas tecnologías, a rediseñar un sistema fiscal más justo y más fácil que no permita el fraude, que fomente la iniciativa. Debe triunfar la imaginación.

viernes, 15 de abril de 2011

Turismo y comercio, tándem ganador

(Publicado en El Día del 15 de abril de 2011)

Prospera el mercader. Antigua ocupación de fenicios, fariseos, genoveses y holandeses errantes. Tan alejada de la doctrina. Regatea el moro en el zoco. Y el chino ejerce como tal y no se deja engañar. "Por una sonrisa un cielo", declama el poeta... Todo tiene su precio.
Comprar y vender. Parece fácil. Me apunto. Quizás la actividad económica más popular, comprar y vender. Todos somos compradores a diario y nos atrae convertirnos en vendedores, pasar al otro lado del espejo, al otro lado del mostrador. De niños los tomates eran pequeñas bolitas de plastilina roja y los plátanos churritos de plastilina amarilla. Todos tenemos dentro un comerciante. La tentación de poner una tienda; "¿en qué le puedo ayudar?". Una salida profesional, quizás, en estos tiempos que corren.
Mas el éxito comercial no está al alcance de cualquiera. Una actividad que exige conocimiento y experiencia; observar al tendero no basta. Cuántos fracasos que eran buenas ideas, ilusiones malogradas.
La actividad comercial exige saber comprar aquello que demandarán nuestros clientes, que no lo sabemos a ciencia cierta; requiere fijar los precios de venta en base al coste de esa compra y a los gastos de estructura; precisa mantener el stock sin roturas, reponerlo, mimarlo, hacerlo rotar. Y no es suficiente exponer los productos al público: el consumidor exige atenciones, intangibles que ofrezcan valor añadido. Hay tanta competencia.
El comerciante cultiva la empatía, es experto en las personas, en el trato con los proveedores, con el personal propio que lo ayuda y con los clientes.
El que pretende triunfar en el mundo del comercio debe dominar los instrumentos financieros: para qué, cuál conviene usar en cada momento, cómo y cuándo financiar las operaciones, en qué plazo. Debe gestionar su tesorería con precisión suiza, el negocio va de eso. Necesita implantar y utilizar a diario herramientas de control contable, dominar la actividad en números, no en sensaciones, detectar qué marcha bien y aquello que deba corregir.
En nuestro sistema de libre mercado, tan poco proclive a la regulación, debemos exigir responsabilidad al empresario del comercio en la fijación de los precios, en la calidad de lo que oferta; ser barato no es el único camino. Responsabilidad con la competencia y con el consumidor.
En esta época complicada prevalece el ejercicio profesional de la actividad comercial, los aficionados han cerrado ya. El ajuste de la oferta a la demanda real ha producido enormes distorsiones: liquidación de stocks por debajo de su precio de coste, cierres y despidos. También se ha frenado algo la proliferación de nuevos actores inexpertos.
El comercio se enfrenta a una nueva coyuntura que requiere pies de plomo. Y el turismo crece, tándem perfecto.

domingo, 10 de abril de 2011

Entrevista en la TVC - Cómo encontrar trabajo

Con Mayer Trujillo en el programa "30 minutos" de la Televisión Autónoma de Canarias, emitida el 8 de abril de 2011.
Hablamos de cómo encontrar trabajo y de cómo iniciar una actividad empresarial.




miércoles, 6 de abril de 2011

La hora de la verdad


OCURRE cada cuatro años. Vaya suerte. Los ciudadanos podemos ejercer en libertad nuestro derecho al voto. Y es secreto, íntimo, como sólo lo son otras pocas acciones de nuestra mundana existencia. Para mí siempre fue así, que de Franco y su régimen sólo me acuerdo del día sin colegio que tuvimos aquel noviembre y cómo en la tele -la única entonces- no pararon de poner dibujos animados. Qué buen epílogo a cuarenta años de dictadura: una jornada solemne de dibujos animados.
Ahora toca elegir a quien queremos que nos gobierne de entre los que se presentan, claro. Toca actuar con responsabilidad, castigar al que lo ha hecho mal y dar una oportunidad al que viene con las ideas claras, con ganas de hacer cosas. En esto debemos ser pragmáticos: como ciudadanos debemos considerar el interés general como única fórmula de llegar a satisfacer el interés propio. Sí, un juego de abstracción quizás, un ejercicio de respeto a tus vecinos y a ti mismo. La democracia se sustenta en la actitud responsable de los votantes, todos.
Necesario ejercicio de evaluación basada en premio y castigo. Premiamos a quienes lo hacen bien y castigamos a los que lo hacen mal. O así debería ser. Premiamos a quienes nos transmiten optimismo e ilusión y castigamos a quienes enredan, a quienes piensan en sus cosas en vez de en las cosas de todos. El derecho al voto nos hace personas libres, nos permite opinar, opinar de verdad: una decisión simple y trascendente.
Y va más allá de la pura ideología. Esto va de conducta; qué hacer ante los problemas que presenta nuestra existencia colectiva. Esto va de liderazgo; líderes reales que toman decisiones que nos atañen a todos, que nos afectan a todos. Esto va de capacidad; personas que conocen de lo que hablan, de cómo enfrentar los retos que impone la gestión de lo público. En definitiva, esto va en serio; trabajo ingrato, no apto para aficionados con buena voluntad; la buena voluntad no basta.
En esta época preelectoral resultan habituales tantas promesas de amor. Pero no hablamos de amor, sino de responsabilidad. El amor no trata de estas cosas terrenales; la política sí. Y nos confunden; como seres emocionales nos confunden. La política es algo mucho menos glamuroso de lo que nos hacen creer: el servicio público y la entrega, ingrato destino.
Votar. La participación ciudadana en estado puro. El deber individual. Tantos derechos adquiridos después de siglos de autoritarismo. La base del Estado del bienestar, que requiere un comportamiento honrado por nuestra parte, por parte de todos los mayores de dieciocho. Somos un pueblo afortunado, brillante futuro.


sábado, 2 de abril de 2011

Patriotismo de ZP

Zapatero dice que se va. Perfecto, acabarán todos nuestros males, fin a la crisis, fin al desempleo, fin a la corrupción, fin a la economía sumergida. Expiará todos nuestros pecados.
La que nos espera.