domingo, 20 de febrero de 2011

Menos diagnóstico y más acción

En época de elecciones los candidatos se afanan en contar lo preocupados que están, cuánto saben sobre los problemas de la ciudadanía y lo mal que lo han hecho todos en el pasado, incluidos ellos mismos.
Discursos bien meditados que describen el negro panorama de la crisis y el desempleo, que mencionan el inmovilismo de los gobernantes actuales en el municipio, en la isla, en Canarias o en Madrid. El diagnóstico queda claro, muy claro y los agentes causantes de la enfermedad también: retórica del razonamiento lógico.
Falta el cómo. Son muy pocos los que hablan de cómo solucionar los problemas, del proceso paso a paso, en el ámbito de las competencias de cada administración, con las leyes vigentes, con la limitación presupuestaria, ...
"Vamos a simplificar la burocracia administrativa" exclamó un conocido candidato y cuando uno de los presente le preguntó cómo lo pensaba hacer, espetó: "dennos responsabilidad de gobierno y verá cómo lo hacemos". O en realidad no sabe cómo hacerlo, o no se atreve a decirlo (no vaya a ser que alguien se moleste), o piensa que el carisma del líder es suficiente para que su proclama sea aceptada como dogma de fe.
El que repite lo tiene peor, cabría preguntarle porqué no aprovechó la oportunidad que ya le dieron los electores o hacerle ver la incoherencia entre el mensaje y los hechos. En política la coherencia (de momento) no se castiga.

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