domingo, 9 de enero de 2011

Una inversión rentable

(Publicado en Diario de Avisos el 09/01/2011, en el suplemento Economía & Servicios)

Quien dispone de más dinero del que le hace falta para vivir, que alguien hay, puede pensar en diferentes alternativas. Lo puede esconder debajo del colchón improductivo y asumir que sufrirá mermas por efecto de la inflación.
Lo puede donar o regalar, y por lo tanto dejará de tenerlo, si bien recibirá a cambio la satisfacción de saber que ayuda a un tercero, un enorme beneficio intangible. Se lo puede pulir en lujos hasta que se le acabe. También puede llevarlo a un banco y negociar un fondo, un depósito o un plazo fijo que le reporte intereses a su favor.
Y también cabe la posibilidad de que lo emplee en adquirir acciones de sociedades cotizadas en bolsa por las que perciba dividendos, o que participe de forma directa en alguna empresa, bien sólo con capital o bien con imaginación e iniciativa en un proyecto propio.
En nuestro mundo capitalista esperamos que el dinero circule. Confiamos en que el dinero se utilice en montar empresas, para crear puestos de trabajo, cuya misión sea mantener nuestro estado del bienestar o procurar que otros menos afortunados lo alcancen. Y para los que arriesgan deseamos interesantes beneficios.
En el mundo de la empresa los nuevos proyectos requieren inversión de capital. En definitiva, el sistema funciona cuando ponemos en contacto a los poseedores del dinero con los profesionales de la empresa.
Esta función la ejercían los bancos no hace tanto, cuando mantenían importantes carteras industriales con cuyos dividendos retribuían los capitales depositados. Ahora las entidades bancarias juegan con preferencia en los mercados financieros… Podemos afirmar que guardar el dinero en casa o apalancarlo a plazo fijo son conductas que ralentizan la economía.
Falta este eslabón en la cadena de generación de riqueza. El que tiene el dinero no se atreve con la actividad empresarial porque no sabe, porque entraña riesgo, o por ambas razones.
Sin embargo, meterlo en el banco ofrece todas las garantías, es una decisión lógica y fácil de tomar. Además, por qué cuestionar de dónde viene el dinero con el que se pagan los intereses de esos depósitos.
Debemos tender el puente de confianza entre el capital y la empresa, cimentado en la transparencia y la profesionalidad, como única opción de futuro.


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