domingo, 2 de enero de 2011

Crisis de gobierno y déficit de gestión



No es lo mismo. Gobernar es gobernar y gestionar es gestionar. Y no sólo en el ámbito de lo público, sino también en el mundo de la empresa.
Gobiernan quienes imaginan el futuro y deben dar respuesta a las preguntas: ¿qué hacemos?, ¿qué queremos ofrecer a nuestros clientes? Los órganos de gobierno, un consejo de administración, una junta directiva o un pleno municipal, por poner un par de ejemplos, están formados por varias personas que aportan diferentes puntos de vista, diferentes soluciones para llegar al consenso. Gobernar es una tarea compleja que requiere trabajo en equipo y que no se puede delegar.
Gestiona el responsable de actuar que debe contestar a: ¿cómo lo hacemos?, ¿quién lo hace?, ¿con qué medios?, y mantener informado al órgano de gobierno para que pueda evaluar sus decisiones. Gestionar una empresa, una organización o una administración pública es un trabajo profesional que exige alta cualificación.
Mientras que para gobernar se requiere prudencia, sentido común e imaginación; para gestionar se necesita experiencia, formación específica en números y capacidad para el trato con las personas. El gobierno está en el ámbito de la política, también como política de empresa, mientras que la gestión es una cuestión técnica.
Pensemos en un ayuntamiento cuyos concejales integran una lista, personas de la calle que los ciudadanos elegimos para gobernar, a las que con frecuencia se les asigna tareas de gestión en áreas muy complejas, trabajo para el que no suelen estar preparados y no tendrían por qué.
Es frecuente que en las empresas pequeñas el propietario ejerza el gobierno y desarrolle la gestión. Sin embargo, ambas deben mantenerse en diferente plano, decisiones que se toman en distintos momentos. Cuando gobierne (¿a dónde quiero que vaya mi negocio?) debe buscar quien lo escuche para contrastar sus ideas. Cuando gestione (¿cómo lo consigo?) debe actuar como un profesional y recurrir a asesoramiento técnico.
En organizaciones más complejas gobierno y gestión están separados. El órgano de gobierno debe dedicarse a su tarea y superar la tentación de gestionar para no perder la perspectiva, y el directivo debe limitarse a la gestión con enfoque.
La gestión engancha, es activa, nos ocupa. Por el contrario, el gobierno requiere reflexión, enorme ejercicio de responsabilidad. Ambos son imprescindibles.

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