jueves, 16 de diciembre de 2010

La producción de plátano, la mayor de la Historia en 2010


En 1979 se llamaba macheteo. Mi abuelo, inspector de la CREP daba la vuelta a la isla con el taxi de Damián, negro con la raya roja, y con Noda, el pintor. Yo iba con ellos. La fruta de excedente se inmovilizaba para no ser exportada con el sencillo método de rociarla con pintura amarilla. Las cajas abiertas se disponían en el suelo del empaquetado, mi abuelo las contaba y Noda procedía con precisión, con la mochila de sulfatar. Seguro que usted se acuerda de las pintitas amarillas en los plátanos que se vendían en el mercado local. Después me enteré que cuando salíamos de allí era práctica habitual agarrar la manguera antes de que secara la pintura... siempre ha habido picaresca en esto de los plátanos.
Esta de hoy no sabemos si es una buena o una mala noticia. De hecho, estará conmigo en que está redactada en tono neutro: sin mucha emoción al relatar el récord de producción ni tampoco al hacer referencia a la enorme cantidad de plátanos que se van a la basura. Plátanos por cierto que han sido desmanillados, lavados, pesados, metidos en cajas y etiquetados, coste que también acaba en los "vertederos autorizados". Por cierto, poco hemos avanzado en más de treinta años.
Sin embargo el periodista acierta al analizar el origen del incremento de la producción: aumento de productividad y el sistema de ayudas, entre otras causas. El incremento de productividad se debe a la introducción de variedades con plátanos más grandes (así nos parecemos más a la banana americana con la que todavía se pretende competir por precio) y lo de las ayudas... ay las ayudas. Un día alguien debería preguntar por lo de las ayudas, esas que se pagan con dinero suyo y mío, y por la compra/venta de "histórico", por ejemplo. Ese sería un buen reportaje para el periodismo de investigación.
Se recurre a la pica o al macheteo porque hay más fruta de la que el mercado puede absorber, pero da igual porque el agricultor recibe más ayuda cuanto más produce. El precio del mercado y su dinámica ya no interesan, el cliente no es consumidor sino la Administración Pública que paga, mientras pueda. Urge hablar del plátano y su futuro, antes de que nos demos bruces con la realidad que viene.

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