miércoles, 10 de noviembre de 2010

El precio fijo como regulación innovadora

(Publicado en Diario de Avisos el 10/11/2010)

En nuestro ordenamiento jurídico hay leyes sobresalientes, justas y bien pensadas. Evidencian la pluma de un legislador inteligente y preocupado por el interés general. Habría que estudiar cómo extrapolar sus preceptos a otros ámbitos. Insistir en lo que ya está inventado y contrastado.
Por poner un par de ejemplos: que aquél que no esté al corriente con Hacienda o con la Seguridad Social pierda su derecho al voto igual que ocurre en una comunidad de vecinos, o el procedimiento concursal que bien se le podía aplicar a los ayuntamientos en quiebra. Normas simples y eficaces que premian las conductas responsables y evitan muchos conflictos.
Entre todas una joya: la Ley del Libro (10/2007), que establece la obligación de comercializar los libros en España a un precio fijo, que debe ser establecido por los editores o importadores y respetado por toda la cadena de valor. El texto regula en detalle los descuentos máximos, las excepciones y las singularidades, y justifica la necesidad de establecer el precio fijo al considerar que el libro “es más que una mera mercancía”. En esto último seguro que estamos todos de acuerdo.
Los productos agrícolas tampoco son una mercancía corriente, son mucho más. Confiamos en la agricultura para proteger el medio ambiente, para fijar la población al medio rural y conservar las tradiciones, lo auténtico, para garantizar el suministro de los alimentos básicos y estabilizar la cesta de la compra. La agricultura como actividad primaria, cimientos sobre los que se sustenta el resto de la economía de una comarca o de una región.
Establecer un precio mínimo fijo para los productos agrícolas es considerar que nos importa el futuro de los agricultores, de las producciones locales y de todo lo que eso significa. A igualdad de precio, manda la calidad. Nos olvidamos de los perniciosos aranceles y de las subvenciones, el sistema ficticio en el que se enreda Europa y que tanto daño hace al comercio; insostenible, además.
Proponemos enfrentamos al mercado con la ventaja de la calidad de lo próximo, de lo sano, con toda la confianza en nuestros productos, con garantía sanitaria, con valor ambiental, del campo directo a la mesa. Con toda la confianza en nuestras propias capacidades.
Y surgirá oposición por parte de quién vea en tal acción, la de fijar el precio mínimo de los productos agrícolas, un atentado contra las sagradas reglas del libre mercado. Y le diremos que ya conocemos las consecuencias de la ley de la selva y que no nos gustan, y que la regulación es necesaria para controlar a los que incumplen las reglas del juego.

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