sábado, 16 de octubre de 2010

Ni son las leyes ni es el sistema

(Publicado en Diario de Avisos el 16/10/2010)

Ríos de tinta que tratan de explicar la crisis. Años ya de analizar los hechos y sus consecuencias, teorías, tratados y augurios para el futuro incierto. Culpables de todas las formas y colores, leyes ineficientes, dicen, y vamos a cambiarlas, políticos incapaces en todos los bandos, unos por inacción y otros instalados en la descalificación, y ahí siguen. Da igual el partido, los papeles se intercambian a medida que nos movemos del gobierno central a las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Luego es la banca; cuando no, son los sindicatos. Todo conjeturas.
La verdad es mucho más dolorosa e indigesta. Ni son las leyes ni es el sistema. España con su sanidad gratuita y universal, con sus pensiones, incluso no contributivas, con su educación obligatoria también gratuita y la superior accesible, con sus derechos para los trabajadores, incluida la prestación por desempleo, con sus infraestructuras, con su sistema fiscal donde el que más paga es el que más tiene, con su libertad de acción que permite a cualquiera a montar su negocio y ganar dinero. No sabemos valorar lo que todo eso significa. España es un gran país y nosotros estamos empeñados en que deje de serlo.
Y no son las leyes, ni los políticos, ni la banca, ni los sindicatos. Esto sólo se arregla si luchamos contra el fraude. El fraude y la economía sumergida, esos monstruos de mil cabezas de los que nadie habla.
Qué queremos. Cuando la prestación por desempleo es un sueldo que permite no trabajar, cuando una baja laboral es una manera de disfrutar de unos días libres, cuando recalificar un terreno es el modo de hacernos ricos, cuando cumplir los convenios colectivos es opcional, cuando emitir una factura es la excepción, cuando las ayudas públicas se destinan a otro fin, cuando una parte observa las normas y la otra no, cuando la administración pública permite el fraude y no actúa, cuando el mercado es libre para algunos y para otros no. Esto no es una crisis institucional, es un conflicto entre nosotros individuos.
Y no nos engañemos, con el fraude perdemos todos, incluso los que lo practican, aunque ellos piensen que se van a librar. El Estado puede parecer un ente abstracto pero no lo es. Es una eficaz forma de organizarnos para vivir mejor, de organizarnos las personas. Al final las deudas las pagaremos entre todos. Urge desterrar el fraude. Quizás requiera amnistía y empezar de nuevo.

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