jueves, 16 de septiembre de 2010

El Espíritu de Tiscamanita

(Publicado en Diario de Avisos el 16/09/2010)

“El que miente aquí es el cielo que se cubre de nubes y no llueve...”
Miguel de Unamuno

El aire de Fuerteventura impulsó la idea y Manuel Velázquez Cabrera lideró la acción. Allá por 1910 promovió el llamado “Plebiscito de las islas menores”, antecedente de la participación ciudadana en las islas: recogió 3.388 firmas de apoyo e inició la negociación política cuerpo a cuerpo en Cortes que culminó con la Ley de Canalejas de 1912.
Esta ley, trascendente para Canarias, otorga representación parlamentaria a las cuatro islas que no la tenían -Fuerteventura, Lanzarote, La Gomera y El Hierro- y crea los Cabildos Insulares como respuesta a la voluntad de autogobierno. Triunfo del sentido común como solución al territorio fragmentado.
Cien años más tarde, el pasado fin de semana, en el pueblo majorero de Tiscamanita, cuna de Velázquez y en su honor, a través de las redes sociales, se convocó un encuentro civil en el que se proponía debatir el futuro del sector turístico en esa isla ante la evidente pasividad de las administraciones públicas. Nuevas ideas e imaginación. Fue invocado con éxito el espíritu de libertad, triunfo de la iniciativa privada.
Un fracaso. Los grandes proyectos de organización social requieren personas de convicción firme, con vocación de consenso pero con capacidad para mantener el rumbo ante los ataques al interés general, las guerras de poder y los personalismos, contingencias que ocurren y para las cuales hay que estar preparado. De cualquier forma, y pese a su configuración actual, los cabildos insulares fueron un enorme avance en su tiempo y una respuesta innovadora para luchar contra el pleito insular que ya hervía entonces.
Y de ahí, de aquella primigenia idea, la organización política en Canarias, con su Estatuto, discurre por la senda del fracaso, por arriba y por abajo: duplicidad competencial, estructura funcional y administrativa triplicada y un coste insostenible para nuestra economía real. Se confunde el gobierno con la gestión. Lo que fueron órganos de gobierno y de representación han evolucionado a enormes y caras máquinas de gestión que se abren paso a empellones.
El cónclave de Tiscamanita decepcionó con idéntico diagnóstico. Discutir el pasado es humano pero no mejora nuestra vida, ni soluciona problemas, ni pone a la gente en marcha. En lo público y en lo privado las cosas cambian cuando se cuestiona el modelo, cuando existe quien persiste en el liderazgo con enfoque, y cuando, en definitiva, se pasa a la acción.
“La que miente aquí es la gente que se cubre de propósitos y no actúa...”.

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