lunes, 12 de abril de 2010

Santa Cruz de Tenerife, mi ciudad


Un recorrido turístico por nuestra querida ciudad atlántica.

El naturalista francés Jaques Cousteau mostró su asombro con el protagonismo insultante en las ramblas de la ciudad de los inmensos laureles de indias capaces de crear una atmósfera envolvente imposible en una trama urbana. Estos árboles son seña de identidad de Santa Cruz de Tenerife, capital y puerto de la mayor de las Canarias, islas volcánicas que nacen del fondo oceánico a 28º N en la confluencia natural del tránsito entre Europa, África y América.
El macizo de Anaga, al norte de la ciudad, es la muralla que retiene las nubes que traen los vientos alisios con las que alimenta frondosos bosques de laurisilva, muralla que protege la bahía y da carácter a un clima suave y cálido. El océano atlántico remansado a su azoco –camino y a la vez frontera-, es otro de los elementos que definen esta plaza española fortín inexpugnable para el corsario Horacio Nelson, que perdió el brazo en 1797, fue derrotado y devuelto al mar con honores de almirante.
La Santa Cruz de hoy es una ciudad en los extremos, trepidante y aburrida, pero siempre hospitalaria. Parecería imposible que esas calles tan tranquilas acojan las mayores fiestas de carnaval del mundo, una indescriptible juerga colectiva difícil de entender para quien no la ha vivido; y no sólo por su puesta en escena, todo un derroche de imaginación, espectáculo de música y de baile, sino también y sobre todo por la participación masiva de la gente.
La visita debe empezar en la plaza de España y la alameda del Duque de Santa Elena: el centro. Con la ciudad a la espalda veremos los gigantescos cruceros de turismo que disfrutan en estas aguas de su retiro invernal, la parada de los ferrys que conectan el archipiélago y los veleros que se avituallan antes de emular a los grandes navegantes del pasado. Frente a nosotros, en el horizonte sale el sol, …madrugar en Santa Cruz es una experiencia.

Entre los edificios del Cabildo y Correos tomamos la avenida de Bravo Murillo, quien fuera ministro de la reina Isabel II y promotor en 1852 de la ley de Puertos Francos para Canarias, tan importante para el desarrollo de la ciudad y de su pujanza comercial. Cruzamos la vía del metropolitano y nos encontramos con la Iglesia de la Concepción y su torre, ejemplo significativo de la arquitectura local. Plaza y algunas calles testigos de la fundación en 1496 en donde se conserva casas antiguas que merece la pena admirar. Al otro lado del barranco de Santos, el Museo de la Naturaleza y el Hombre nos transporta a la civilización prehispánica de la isla y nos permite comprender las maravillas naturales que alberga.
Junto a éste, el TEA Tenerife Espacio de las Artes no es sólo un museo de arte contemporáneo y biblioteca, sino un magnífico edificio integrado en la trama urbana, permeable, a través del cual seguiremos nuestro paseo por la ciudad. Llegamos al mercado municipal Nuestra Señora de África en donde fisgonear qué se vende, quizás flores, frutas, verduras y pescados desconocidos en otras latitudes. Por el puente Serrador volveremos al centro y en su prolongación iremos a dar a la calle del Castillo, comercial y bulliciosa. Si subimos por ella llegamos a la plaza de Weyler con el palacio de la Capitanía General de Canarias al frente. Sube la avenida del 25 de Julio que nos lleva al barrio de los Hoteles con sus casas señoriales y la plaza de los Patos. Reconocerá el visitante la fusión de formas y estilos de muchas partes de España y de América.
El camino le dará también la posibilidad de conocer a los habitantes de Santa Cruz y disfrutar de nuestro carácter amable y servicial. Los chicharreros, gentilicio heredado de aquellos tiempos en los que el pescado, el chicharro o jurel, desembarcaba en la playa y se vendía cargado en cestas por toda la isla. Como en tantas ciudades que han crecido rápido cuesta encontrar al oriundo, mas la capital no fagocita las identidades propias, sólo las aglutina, y se percibe cierto desapego y falta de pasión con la madre adoptiva, nada grave, sin embargo.
Llegaremos a las Ramblas y al parque García Sanabria, vergel exótico promovido en 1926 por suscripción popular. Una delicia de paseos, jardines con imponentes ejemplares de la flora subtropical acompañados de esculturas y de fuentes que nos llevan hasta aquel rincón perfecto para sentarnos a reflexionar quiénes somos y de dónde venimos. Quizás llegue el momento del aperitivo en la terraza junto al reloj de flores. Como curiosidad señalar que la del aperitivo es una sana y placentera costumbre que no está arraigada entre nuestros paisanos y que debemos implantar sin demora; el callejón del Combate, la plaza del Príncipe, la del Chicharro, la calle de San José, el bar Atlántico y tantos otros enclaves perfectos para tal menester.
Comer en Santa Cruz de Tenerife ofrece interesantes alternativas. Restaurantes y tascas de estilo castellano que incorporan platos de la gastronomía canaria, modernos locales de cocina creativa, de cocina hindú, vietnamita, italiana, japonesa, libanesa… Los que buscan el sabor de lo auténtico deberán saludar a Lolo en El Puntero, una sencilla casa de comidas donde probar camarones, papas arrugadas o chocos a la plancha con mojo, quizás ese día tenga también chicharritos fritos, quién sabe; vino tinto siempre hay, del norte de la isla, de los llamados canaries citados en las obras de Shakespeare.
Santa Cruz es esto y más, también sus barrios modestos con sus jardines y sus flores, también el flamante Auditorio de Tenerife que programa ópera y música sinfónica de alto nivel, el estadio Heliodoro Rodríguez desde donde la isla le ruge al mundo. Santa Cruz también es la avenida de Anaga donde se camina y se camina, y su fabulosa playa de Las Teresitas, y el parque de Las Mesas para contemplar la ciudad desde lo alto, y el Palmetum la mayor colección de palmeras de Europa… Bienvenidos, el recuerdo de su visita lo guardaremos en el corazón.

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