miércoles, 17 de febrero de 2010

Las empresas pasan dificultades

Alejandro: Y más ahora que los bancos no prestan nada.

Manuel: A ver, en esto de la actitud de los bancos frente a los préstamos hay mucha desinformación. Los bancos se dedican a eso, a prestar dinero, y su negocio consiste en recuperar lo prestado con sus intereses. Como es lógico y natural el dinero se lo dan a quien tiene capacidad para devolverlo o aporta suficientes garantías, nada extraño.

Que en el pasado algunas entidades de crédito actuarán con imprudencia y laxitud a la hora de formalizar préstamos no quiere decir que en la actualidad los tengan restringidos, lo de ahora es lo que ha habido siempre, aunque cueste acordarse; no hace tanto (menos de veinte años) se pagaba el veinte por ciento de intereses por una hipoteca y había que tener ahorrado el resto para acceder a una vivienda, y la gente ahorraba Alejandro y seguía sus planes.

De hecho, esos bancos y cajas tan osados están pagando los excesos en estos últimos ejercicios con importantes provisiones que lastran su cuenta de resultados y no sólo por las cuotas impagadas sino también por no disponer de garantías suficientes que cubran el riesgo.

A: Nunca pensé que ibas a ser tú, Manuel, el que defendieras a los bancos, increíble, yo te hacía de ideología izquierdosa, paladín de la social democracia.

M: Espero que también me tengas como defensor acérrimo del sentido común. Vamos a ver: ¿tú le prestarías dinero a un amigo si sabes a ciencia cierta que no tiene cómo devolvértelo? Eso se llama regalo, que está bien entre particulares, pero que no podemos pretender que ocurra en el mundo de los negocios.

A: Pero es que ahora no dan préstamos ni poniendo una velita a la Virgen de Candelaria, estamos en el otro extremo. Las empresas en dificultades tienen que cerrar porque no acceden al crédito, se sigue destruyendo empleo y la economía continúa su caída libre. En fin, son situaciones que por desgracia leemos en los periódicos casi todos los días.

M: Ajá. O sea que tú eres de los que cree que si se prestara dinero a las empresas que van mal se solucionaría todos sus males. Si reflexionas un poco sobre el particular te darás cuenta de que no tiene nada de lógica.

A: No cargues las culpas sobre mí que yo sólo soy el mensajero. Es la información que transmiten las asociaciones de empresarios e incluso representantes de la Administración Pública.

M: A ver, ¿qué quiere decir que una empresa requiera un préstamo?

A: Que no tiene cómo hacer frente a los pagos, mantiene un déficit de tesorería.

M: Eso es, y ¿por qué no puede hacer frente a los pagos?

A: Pues será porque no vende o porque no cobra lo que vende.

M: Si no vende lo suficiente la primera medida que debe adoptar el empresario es ajustar sus costes fijos, lo que con toda probabilidad le lleve a ajustar su plantilla. Si no lo hace y recibe ese préstamo, agrava de manera considerable su situación, sigue sin poder hacer frente a sus pagos y debe aun más. Con esto quiero decir que el préstamo en este caso no impide la reducción de personal.

Aquí tendríamos material para hacer una monografía a cerca de cómo gestionar una empresa en situación de crisis y llegado el caso de cómo cerrarla.

A: Pero Manuel, ese préstamo al empresario le podría venir bien para pasar la mala racha, protege los puestos de trabajo y espera a que la situación mejore.

M: Podría ser. Yo te digo que no, que la empresa que toma la decisión de endeudarse más sin aplicar otras medidas acaba cerrando del todo y no serán sólo unos cuantos los que tendrán que ir al paro por la coyuntura, sino todos, incluido el empresario, que no tiene derecho a prestación, por cierto.

Esta es una lección difícil de aprender, la de ser capaces de dar marcha atrás, ten presente que los que ante la adversidad deciden dar un salto hacia adelante desaparecen.

Cuando las ventas bajan tenemos que actuar sobre el resto de sumandos de la cuenta de resultados: podremos intentar bajar el coste directo de la venta para conseguir más margen bruto, lo cual será difícil sin alterar la calidad de nuestra oferta, o reducir los costes fijos, que se eso venimos hablando. La situación de pérdidas persistente, con financiación o sin ella, conduce al cierre.

A: Lo pones muy crudo.

M: Mira Alejandro, la necesidad de tesorería, ese déficit que tú nombrabas, es síntoma de dos situaciones que ocurren en la empresa: o bien el dinero se utiliza para financiar el crecimiento, lo cual es poco probable en época de vacas flacas, o por el contrario evidencia que la empresa lleva un tiempo en pérdidas, es decir, el dinero se destina a sufragarlas y por eso falta.

El otro supuesto que proponías es que la empresa no cobra lo que vende, ¿por qué puede ser?

A: Porque sus clientes no le pagan por los productos servidos o los servicios prestados.

M: ¿Y por qué no pagan?

A: Porque también tienen un déficit de tesorería, los bancos no le prestan y sus clientes a su vez no le pagan a ellos. La cosa se complica…

M: Y así sucesivamente, ¿hasta cuándo?, ¿quién fue el primero que no pagó?, entonces, ¿tonto el último?

A: No sé, no sé, en realidad no sé. Claro, al final de la cadena habrá uno que no puede pagar y que empieza a montar el lío.

M: ¿Seguro? ¿No será que a todos les pilló el toro y no hicieron nada para anticipar la contracción del mercado?, ¿no será que estando en pérdidas con falta liquidez las facturas de los proveedores se quedan para el final? Y por último, la pregunta del millón: ¿qué seguridad tenemos de que esa empresa en esa situación termine pagando nuestra factura?

A: ¿Seguridad? Ninguna. Oye, y si no cobro la venta y ya he incurrido en los gastos entonces sí es verdad que estoy metido en una buena… y endeudarme para financiar mis gastos mientras esperamos que me paguen, que sé que no me van a pagar, eso, eso sería absurdo.

M: Así es: por eso oyes que hay tantas empresas que cierran, ahí las tienes. En vez de buscar financiación, las empresas en situación delicada no les queda otra que reinventarse. Si tienen claro los cambios, en ese caso y con extremada prudencia, sólo entonces podrán pensar en financiación externa para seguir adelante.

(Extracto mi nuevo libro "Cómo montar una empresa")

2 comentarios:

Anónimo dijo...

"Si tienen claros los cambios...". Pues es ahí, a lo mejor, donde comienza el tema. Nadie sabe como se van a mover los mercados, y mucho menos a largo plazo. Toda empresa se crea, generalmente, con afán de crecer y, sobretodo, continuar, subsistir. En ese punto crítico, en el que tenemos que decidir sin ir para adelante o permanecer en el sitio, es donde se producen muchos de los fracasos empresariales. Se tiene toda la información necesaria y sin embargo se fracasa. Tengo un amigo que dice que cuando planeas algo tienes que tenerlo todo pensado, el objetivo planteado, la financiación necesaria, los medios adecuados, el resultado esperado perfectamente calculado y la retroalimentación (feedback, que diría un genio del marketing,) estudiada para seguir adelante, pero aún así, en ese caso entonces va y llueve, y todo se va al garete. A veces, en más ocasiones de las que esperamos, suceden hechos que se nos escapan de nuestras manos. Es cierto que muchas, muchísimas empresas están cogidas con hilo, también negocios tan buenos que hasta los necios son capaces de gestionarlos, hasta los hay (y de ellos muchos en Canarias) que se hacen llamar "empresario", pero todos tienen, para bien o para mal, la intención de emprender, de negociar, en definitiva, de crear. La clase empresarial está formada por personas -hombres y mujeres que se diría ahora- cuya intención es generar riqueza. Se les debería alabar por ello, por crear empleo y mover la economía. Sin embargo es más fácil la crítica por el fracaso. Aunque nuestros gobernantes perece que así lo crean, los empresarios no son canallas cuya misión en esta vida es despedir a sus empleados, todo lo contrario, pero claro, son nuestro gobernantes, poco podemos esperar de ellos si muchos no saben ni hacer la o con un canuto. Como dice el dicho "confunde el necio valor y precio".
elclubdelos100

Pablo Zurita Espinosa dijo...

Hago referencia a lo engañoso que puede ser tomar la decisión de seguir adelante a toda costa. Los imponderables nos deben hacer reflexionar, dar marcha atrás, redefinir nuestra empresa, reorganizarla antes de seguir.
La sociedad necesita de buenos empresarios, de los que saben competir y se adaptan, a la larga son los que crean riqueza para todos.