miércoles, 3 de febrero de 2010

El TEA y su fundación de arte contemporáneo


Sucumbo a la tentación de alabar sin condiciones el proyecto de TEA Tenerife Espacio de las Artes, su realidad y su potencial. La magnitud del cambio es imposible de evaluar por quien no conociera ese enclave de Santa Cruz de Tenerife antes de; el edificio que se integra a la perfección en la trama urbana y participa en ella, conecta, es permeable, nos muestra el casco antiguo, nos resguarda de la vorágine, transmite sensaciones, nos predispone. Dentro, el espacio interior nos envuelve.
TEA enfrenta su futuro. Debe mostrar a la ciudad que alberga un centro de arte contemporáneo que aspira al primer nivel, precisa ser identificado, aquí está. Requiere que esté presente para vecinos y visitantes, que perciban su presencia, que esté señalizado el camino. Las exposiciones necesitan estar disponibles todos los días, hay que animar al posible usuario a que pase a ver las colecciones, eliminar barreras, suprimir el precio de la entrada y dejar que aporte lo que quiera, que premie la excelencia y que sea él quien ponga precio a la experiencia vivida.
TEA requiere la participación del entramado social en su actividad cotidiana. Pide a gritos la acción del voluntariado, para ejercer de guía, para transmitir el entusiasmo por la cultura, para hacerla formar parte de la ciudad y de sus habitantes. Anhela disponer de muchos amigos del museo organizados, fidelizados, que apoyen con dinero, que sean críticos, que ejerzan de embajadores y defiendan el proyecto como algo propio.
TEA debe asumir su responsabilidad como atractivo turístico destacado para la ciudad de Santa Cruz, actuar con sinergia, complemento a la actividad comercial, ofrecer visitas de grupos, potenciar sus instalaciones de restauración con imaginación, actuar de imán, un nuevo must para Tenerife.
En esta misión los promotores no pueden estar solos. El éxito depende de la implicación de personas a título individual, de empresas y de organizaciones de todo tipo. TEA necesita una Fundación para integrar a la sociedad en la toma de decisiones y para canalizar las aportaciones, no sólo dinerarias sino también en obras de arte. Fundación en la que se incorporen las grandes corporaciones privadas comprometidas con la cultura a nivel nacional y a la que hacer beneficiaria de herencias y donaciones de patrimonio cultural. Fundación que como inquilina exija a la entidad pública transparencia en su gestión y profesionalidad a su personal. En definitiva, una Fundación no sujeta a los vaivenes de la política, que acepte el reto, que haga propia la misión y que se comprometa a ofrecernos arte contemporáneo en estado puro. En esto último nunca sabremos qué está por venir.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El traje nuevo del emperador.

Hace ya algún tiempo tuve la oportunidad de visitar el TEA. Se mostraba por aquel entonces una exposición del "artista" grancanario Juan Hidalgo. Me dí cuenta de que estaba totalmente solo. Las salas vacías. El museo muerto. Debo de ser un un tipo de lo más analfabeto, un ignorante. No entendía nada. No cabe entrar en polémicas absurdas de la definición de arte. Lo expuesto no era más que pura frivolidad, demagogia barata y sin sentido con el fin de justificar flujos monetarios. El TEA es posiblemente el único macro edificio de la ciudad que te invita a entrar y a "usarlo", te invita a participar, pero deberíamos plantearnos si queremos otra Casa de la Cultura o si queremos subir unos escalones más. Como el cuento de Andersen, nadie le dice al emperador que está haciendo el ridículo.

Pablo Zurita Espinosa dijo...

Reclama el artículo precisamente eso, que la buena idea no quede malograda, que la sociedad participe y anime o rechace, según el caso, sus contenidos e iniciativas, conseguir que el TEA forme parte de nuestra ciudad.