viernes, 5 de diciembre de 2008

Vinos de Tenerife, consumir preferentemente antes de...

Acabó noviembre con la apertura de las bodegas. Parece que este año en Tenerife hay mucho y buen vino, lo que es una excelente noticia en estos tiempos en los que andamos tan escasos de ellas.
No cabe duda que la potenciación del sector vitivinícola -mediante la inversión de capital financiero y humano de particulares y administraciones públicas- ha traído consigo enormes beneficios para la Isla; es una actividad agrícola de gran valor económico que genera empleo y consolida paisaje. El vino también es de facto uno de nuestros más activos embajadores en el mundo, no sólo porque vino y felicidad son conceptos que nacen juntos en la experiencia personal de nuestros visitantes y por tanto suman para alcanzar el fin último de su estancia, sino también porque son un inmejorable vehículo de merchandising: el objeto exótico en sí mismo y las sensaciones que transmite.
Imaginemos ese matrimonio de las afueras de Liverpool que pasó diez días inolvidables en Costa Adeje, alquiló un coche dos días para visitar el Teide, La Laguna y los montes de Anaga, y en ellos descubrió el guachinche (the tipical canarian restaurant), probó por primera vez los chicharrones, la sopa de puchero y el vino de Tegueste, sacó dos gigabytes de fotos... Él se reconcilió de tantas tardes de pub con los colegas en aquella cenita con la puesta de sol sobre La Gomera y ella comprendió el valor del presente perfecto mientras se tostaba cálidamente en la hamaca entre aquellos jardines del Edén. Y es que hacer turismo es esto... ¡este párrafo hay que mandarlo de inmediato a la Wikipedia para su divulgación universal!
Nuestra renacida pareja de Liverpool regresa a su gris existencia mucho más feliz, encantada con la vida, con sus trescientas fotos y haciendo planes para montar un dinner con sus amigos en la que acompañar el roastbeef con aquel vino que, con toda la razón del mundo, William Shakespeare ya alababa en sus textos... aunque probablemente esto último ellos no lo sepan. Compartir la experiencia produce otro gran momento de felicidad y allí estará nuestra botella de tintorro para inmortalizarlo. Entre cuatro o cinco millones de turistas recibe Tenerife todos los años, así que sobran las aclaraciones.
No sabríamos ni pretendemos aquí describir las extraordinarias cualidades de nuestros caldos, que están sobradamente analizadas, descritas y premiadas por los más prestigiosos especialistas; queremos constatar, eso sí, que la nueva cosecha genera gran expectación por degustar el vino nuevo y comprobar sus excelencias. No cabe la menor duda de que tenemos un buen producto y los buenos productos son demandados por el mercado, y el mercado paga por ellos su justo precio.
El vino de Tenerife, por definición, es vino nuevo, afrutado, aromático y fresco. He aquí la clave: no mejora con el paso del tiempo, no gana sino pierde los caracteres que lo hacen único, en definitiva, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos mucho -pidiendo disculpas por lo injusto que suele ser generalizar- que el vino de Tenerife es un producto perecedero que dispone de un corto periodo para su consumo en estado óptimo. Y de esta importante conclusión surgen las siguientes reflexiones.
Poder disfrutar de los productos en sus mejores condiciones de consumo debe ser una prioridad para el productor/comercializador y una exigencia para el consumidor. Si no hay incertidumbre en la calidad de aquello que adquiere, el consumidor asocia la marca y añade un atributo más al producto: ya no sólo es un vino exótico, fresco y cargado de experiencias personales.
En este sentido, desde el punto de vista práctico, solamente habría que añadir en la etiqueta aquello de "Consumir preferentemente antes de...". Eso no quiere decir que el vino no se pueda consumir después de la fecha, ni que esté estropeado, pero sí indica que el productor garantiza las características organolépticas que hacen peculiar ese vino hasta esa fecha. Un consumidor que descorche una botella tiempo después y no le guste se quedará con la duda de cómo sería el vino en sus plenas facultades, pero no tendrá motivo para desconfiar de la calidad del producto.
La caducidad de un producto valioso -recordemos que ser único es una cualidad que incrementa el valor y permite obtener un mejor precio- hará que pongamos más cuidado en su conservación y acelerará presumiblemente su consumo porque no querremos malograr su compra y aún más si ésta va cargada de sensaciones y experiencias positivas. Conservación adecuada y consumo inmediato garantizan un resultado superior. Nuestra pareja de Liverpool se cuidará mucho de no retrasar el encuentro con sus amigos...
Claro está que la consideración de producto perecedero genera un grave problema de stock, ¿qué hacemos con el vino que sobró de la cosecha pasada? Esta pregunta tiene una difícil respuesta y con toda seguridad, no encontrar la adecuada pueda llevar al traste todo nuestro razonamiento.¿Qué hacemos con las botellas de esta cosecha que no consigamos vender antes de su fecha de caducidad? Probablemente haya que transformarlo en otro producto: ha dejado de ser el vino único, exótico, fresco y aromático y se ha convertido en otra cosa pero que también tiene valor económico. Habrá que reetiquetar y volver a sacar al mercado con otro precio.
Lo que carece de sentido comercial es que en los estantes de los supermercados coexistan varias cosechas de una misma marca sin que se advierta de la diferencia de calidad entre unas y otras. Si el vino nuevo se identifica como tal, con calidad garantizada y precio superior, irá ganando fuerza la marca, se venderá más del vino mejor y menos sobrará de cada campaña. La situación actual penaliza el vino de Tenerife en su conjunto ya que un consumidor inexperto, que no sepa de la diferencia, tiene una alta probabilidad de no quedar satisfecho y por ello es posible que no repita la compra.
Consumir preferentemente antes de... algo tan simple, puede ser la estrategia de marketing que garantice la viabilidad del sector del vino en Tenerife a largo plazo, reporte más beneficios a nuestros productores y represente con mayor eficacia su papel de embajador turístico de la Isla en Europa.
Y ya por último algo que no admite discusión alguna y que debe ser corregido de inmediato: ni Alice y Harry -que así se llaman nuestros amigos de Liverpool-, ni Paloma y Borja, recién casados de Ciudad Real, tienen ni idea dónde está Tacoronte-Acentejo ni mucho menos Ycoden-Daute-Isora. Ellos vinieron de vacaciones a Tenerife.

(Publicado en Diario de Avisos, 5 de diciembre de 2008 )


1 comentario:

Anónimo dijo...

He aquí la cuestión: FH y JM mantienen una acalorada conversación con “Vinos de Tenerife, consumir preferentemente antes de…”; podemos entender aunque puedes tener razón pero vas a la cárcel, como tu bien sabes, dependiendo el año y la zona el vino está mejor o peor ¿Esto qué quiere decir? Pues un año seco el vino estará mejor y aguantará más tiempo en su estado óptimo, por lo tanto un año lluvioso el vino estará peor y aguantará menos. ¿Quién valora esa fecha de caducidad? Bueno sin más explicaciones hemos llegado a la conclusión que el vino lo que hay que hacer es probarlo y si está bueno bebérnoslo cuanto antes mejor.