lunes, 14 de abril de 2008

La motivación a través del cambio

Se escuchó un chirrido prolongado, como el que hacen dos piedras sometidas a fricción, cuando la oficina quedó en silencio, un momento después de que algún jefe en alguna esquina sentenciara la necesidad de un cambio. El terror al cambio sube la tensión, hace sudar las manos, incrementa el ritmo cardiaco, dispara la rumorología, desata las más bajas pasiones en forma de envidias y puñaladas, enerva, genera oposición, descontento, en definitiva, bloquea mentes y voluntades. Que exagero... no sé, no creo.
El cambio forma parte de la vida de las empresas, de su necesaria evolución permanente. Las organizaciones no dejan de ser –o deberían llegar a ser- organismos vivos que se adaptan a la variabilidad del entorno para nacer, crecer y madurar con éxito.
Falla la mejora continua y aflora cierta ineficacia de los procesos directivos cuando se llega a la conclusión de que se necesita un cambio y éste es percibido como un hito, cuando se considera inaplazable diseñar y poner en marcha un conjunto de medidas que modifiquen los procesos productivos de un porcentaje importante de las actividades que conforman el día a día del negocio. Más vale tarde que nunca, eso también es cierto.
Nos enfrentamos a un proceso de revisión de la actividad de la empresa no exento de un complejo conflicto emocional para las personas que se ven involucrados en él. Por un lado, quienes concluyen y deciden que es necesario, por otro los que activamente deben participar en su desarrollo y por último, aquellos que se verán afectados, los damnificados, personal propio y también, con toda probabilidad, clientes y proveedores. El conflicto es consecuencia de reflexiones contrapuestas, cada una en su nivel:
- Tengo que promover el cambio pero me asusta no haber analizado correctamente la situación actual ni haber sopesado bien sus efectos.
- Lo entiendo y puede que sea necesario pero la organización no está preparada para asumirlo y el coste del cambio (en todos sus aspectos) será mayor que el beneficio que se pretende conseguir.
- No entiendo por qué tenemos que hacer las cosas de otra manera si siempre las hemos hecho así.
Promover un gran cambio en la empresa no es algo deseable pero... muchas veces no queda más remedio. Para el propietario o el directivo iniciar los procesos de cambio requiere emplear altas dosis de prudencia, de paciencia y todas sus capacidades de liderazgo y, por supuesto también, hacer algo de autocrítica (si hubiera fomentado una mejora continua no habría que hacer esto de golpe) y recurrir a asesoramiento especializado.
Esta compleja realidad que envuelve la gestión del cambio, sin embargo, puede aportarnos muchos ingredientes para elaborar esa difícil receta que es la motivación del personal. De la dificultad, la oportunidad.
Grandes palabras de ánimo, palmadas en la espalda, una excitante remuneración económica que incluya un suculento cumplimiento de objetivos... ¿es suficiente para motivar al personal?
Probablemente ayude, pero no, no es suficiente. Falta cubrir las otras necesidades humanas, las que se refieren a cómo está uno consigo mismo, la necesidad de aprender, de crecer profesionalmente, de formar parte de un equipo, de ayudar para alcanzar una meta común. En este sentido, la gestión del cambio nos ofrece excelentes oportunidades de sinergia (cambio + motivación).
El momento de la revisión es óptimo para fomentar la participación de todo el personal de la empresa en el replanteamiento de los procesos, que cada uno se cuestione cómo hace su tarea, por pequeña que sea o que parezca. Cada trabajador percibirá que es importante para el conjunto, será escuchado y contribuirá sumando su talento al del resto de compañeros.
También es la oportunidad perfecta para que todo el personal tenga la oportunidad de comprender e interiorizar la visión de la empresa, hacia dónde va y por qué.
Pero lo más importante es que la gestión del cambio, entendida como esa revisión de los procesos y su implantación posterior, supone para toda la organización un gran reto, definido según el caso como la supervivencia de la empresa en un sector en crisis o como la lucha para plantarle cara a la nueva competencia. El cambio y los motivos que lo justifican se convierten en el reto que la empresa debe superar y, a su vez, en el logro que todo el personal trabaja para alcanzar.

Es esta, la identificación del logro durante los procesos de cambio, su distribución en fases y la evaluación de su cumplimiento, la más eficaz dosis de motivación capaz de llevar el proyecto empresarial al éxito.

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