miércoles, 24 de diciembre de 2008

El gato con botas

(Escuchar el cuento)

El gato es el protagonista indiscutible de este cuento popular europeo escrito por Charles Perrault, un personaje muy interesante que nos aporta una enorme enseñanza totalmente vigente en nuestros tiempos.
El hijo menor del molinero se lamenta de su escasa fortuna al recibir un gato por toda herencia. Decide marchar a buscarse la vida y es el gato el que con astucia y enfoque consigue para su amo los favores del rey, riqueza y alta consideración social. Merece la pena recordar todo el cuento, no tiene desperdicio.
Nos ofrece una lección inestimable. El gato, a sabiendas de que siendo gato a poco podría aspirar, se proyecta através de su amo, habla en su nombre, genera expectación y ensalza su figura con todo tipo de atributos positivos... todo lo que el gato consigue no es para él pero tiene muy claro que si a su amo la vida le sonríe, él se verá favorecido en igual medida.
Encontraremos en la Historia grandes hombres como el hijo del molinero que tuvieron a su servicio a su particular 'gato con botas'. Pero quizás es más habitual hallar al gato escaldado que no ha entendido el cuento, cuya ambición y egoísmo le impiden sacar partido a su natural inteligencia.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Vinos de Tenerife, consumir preferentemente antes de...

Acabó noviembre con la apertura de las bodegas. Parece que este año en Tenerife hay mucho y buen vino, lo que es una excelente noticia en estos tiempos en los que andamos tan escasos de ellas.
No cabe duda que la potenciación del sector vitivinícola -mediante la inversión de capital financiero y humano de particulares y administraciones públicas- ha traído consigo enormes beneficios para la Isla; es una actividad agrícola de gran valor económico que genera empleo y consolida paisaje. El vino también es de facto uno de nuestros más activos embajadores en el mundo, no sólo porque vino y felicidad son conceptos que nacen juntos en la experiencia personal de nuestros visitantes y por tanto suman para alcanzar el fin último de su estancia, sino también porque son un inmejorable vehículo de merchandising: el objeto exótico en sí mismo y las sensaciones que transmite.
Imaginemos ese matrimonio de las afueras de Liverpool que pasó diez días inolvidables en Costa Adeje, alquiló un coche dos días para visitar el Teide, La Laguna y los montes de Anaga, y en ellos descubrió el guachinche (the tipical canarian restaurant), probó por primera vez los chicharrones, la sopa de puchero y el vino de Tegueste, sacó dos gigabytes de fotos... Él se reconcilió de tantas tardes de pub con los colegas en aquella cenita con la puesta de sol sobre La Gomera y ella comprendió el valor del presente perfecto mientras se tostaba cálidamente en la hamaca entre aquellos jardines del Edén. Y es que hacer turismo es esto... ¡este párrafo hay que mandarlo de inmediato a la Wikipedia para su divulgación universal!
Nuestra renacida pareja de Liverpool regresa a su gris existencia mucho más feliz, encantada con la vida, con sus trescientas fotos y haciendo planes para montar un dinner con sus amigos en la que acompañar el roastbeef con aquel vino que, con toda la razón del mundo, William Shakespeare ya alababa en sus textos... aunque probablemente esto último ellos no lo sepan. Compartir la experiencia produce otro gran momento de felicidad y allí estará nuestra botella de tintorro para inmortalizarlo. Entre cuatro o cinco millones de turistas recibe Tenerife todos los años, así que sobran las aclaraciones.
No sabríamos ni pretendemos aquí describir las extraordinarias cualidades de nuestros caldos, que están sobradamente analizadas, descritas y premiadas por los más prestigiosos especialistas; queremos constatar, eso sí, que la nueva cosecha genera gran expectación por degustar el vino nuevo y comprobar sus excelencias. No cabe la menor duda de que tenemos un buen producto y los buenos productos son demandados por el mercado, y el mercado paga por ellos su justo precio.
El vino de Tenerife, por definición, es vino nuevo, afrutado, aromático y fresco. He aquí la clave: no mejora con el paso del tiempo, no gana sino pierde los caracteres que lo hacen único, en definitiva, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos mucho -pidiendo disculpas por lo injusto que suele ser generalizar- que el vino de Tenerife es un producto perecedero que dispone de un corto periodo para su consumo en estado óptimo. Y de esta importante conclusión surgen las siguientes reflexiones.
Poder disfrutar de los productos en sus mejores condiciones de consumo debe ser una prioridad para el productor/comercializador y una exigencia para el consumidor. Si no hay incertidumbre en la calidad de aquello que adquiere, el consumidor asocia la marca y añade un atributo más al producto: ya no sólo es un vino exótico, fresco y cargado de experiencias personales.
En este sentido, desde el punto de vista práctico, solamente habría que añadir en la etiqueta aquello de "Consumir preferentemente antes de...". Eso no quiere decir que el vino no se pueda consumir después de la fecha, ni que esté estropeado, pero sí indica que el productor garantiza las características organolépticas que hacen peculiar ese vino hasta esa fecha. Un consumidor que descorche una botella tiempo después y no le guste se quedará con la duda de cómo sería el vino en sus plenas facultades, pero no tendrá motivo para desconfiar de la calidad del producto.
La caducidad de un producto valioso -recordemos que ser único es una cualidad que incrementa el valor y permite obtener un mejor precio- hará que pongamos más cuidado en su conservación y acelerará presumiblemente su consumo porque no querremos malograr su compra y aún más si ésta va cargada de sensaciones y experiencias positivas. Conservación adecuada y consumo inmediato garantizan un resultado superior. Nuestra pareja de Liverpool se cuidará mucho de no retrasar el encuentro con sus amigos...
Claro está que la consideración de producto perecedero genera un grave problema de stock, ¿qué hacemos con el vino que sobró de la cosecha pasada? Esta pregunta tiene una difícil respuesta y con toda seguridad, no encontrar la adecuada pueda llevar al traste todo nuestro razonamiento.¿Qué hacemos con las botellas de esta cosecha que no consigamos vender antes de su fecha de caducidad? Probablemente haya que transformarlo en otro producto: ha dejado de ser el vino único, exótico, fresco y aromático y se ha convertido en otra cosa pero que también tiene valor económico. Habrá que reetiquetar y volver a sacar al mercado con otro precio.
Lo que carece de sentido comercial es que en los estantes de los supermercados coexistan varias cosechas de una misma marca sin que se advierta de la diferencia de calidad entre unas y otras. Si el vino nuevo se identifica como tal, con calidad garantizada y precio superior, irá ganando fuerza la marca, se venderá más del vino mejor y menos sobrará de cada campaña. La situación actual penaliza el vino de Tenerife en su conjunto ya que un consumidor inexperto, que no sepa de la diferencia, tiene una alta probabilidad de no quedar satisfecho y por ello es posible que no repita la compra.
Consumir preferentemente antes de... algo tan simple, puede ser la estrategia de marketing que garantice la viabilidad del sector del vino en Tenerife a largo plazo, reporte más beneficios a nuestros productores y represente con mayor eficacia su papel de embajador turístico de la Isla en Europa.
Y ya por último algo que no admite discusión alguna y que debe ser corregido de inmediato: ni Alice y Harry -que así se llaman nuestros amigos de Liverpool-, ni Paloma y Borja, recién casados de Ciudad Real, tienen ni idea dónde está Tacoronte-Acentejo ni mucho menos Ycoden-Daute-Isora. Ellos vinieron de vacaciones a Tenerife.

(Publicado en Diario de Avisos, 5 de diciembre de 2008 )


jueves, 23 de octubre de 2008

Revolución

Obliga la coyuntura a iniciar el movimiento. No sólo provocar y gestionar un cambio, sino algo más profundo. Quizás el momento histórico necesite una revolución, otra. Resulta preciso (exacto) hablar de revolución, en la amplitud del término y dado su vasto alcance social.
En contraposición, el inmovilismo nos resta libertad, nos hace esclavos de la especulación y los intereses particulares de los de siempre, y nos conduce a la sumisión ante grandes estupideces que nos complican la vida, ejemplos mil.
Comienza la revolución, se busca quien la lidere.

martes, 7 de octubre de 2008

Las ayudas de la I+D+i no deben excluir a la agricultura

(Publicado en Diario de Avisos, 7 de octubre de 2008)

Escuchábamos hace unos días que el aumento del paro en la construcción está incrementando la superficie cultivada en nuestras medianías, pero no sabemos si realmente es una noticia fundamentada o se trata de un deseo bienintencionado. Lo cierto es que respecto a la agricultura en Tenerife y en Canarias no podemos hablar ya de simple crisis sino de algo mucho más profundo. Salvo raras excepciones -como por ejemplo el cultivo subvencionado del plátano, que todavía reporta importantes beneficios-, lo rural ha pasado al plano de la anécdota, del costumbrismo, de la tradición y del patrimonio etnográfico.
Un despistado visitante, atendiendo a lo que ofrecen los medios de comunicación, incluso las publicaciones que se ocupan específicamente del sector, podría sacar la conclusión de que la ganadería en las Islas persigue obtener fornidos ejemplares que arrastren pesados trineos y que, como consecuencia de un profundo desarraigo cultural, la agricultura consiste en segar el cereal manualmente para elaborar una curiosa harina tostada que es la base de un sabroso plato típico para acompañar el pescado. Papas negras, miel y vino completan el menú... Que sí, que está bien, que sí, que todo esto forma parte de nuestro acervo, estamos de acuerdo, ahora bien, debemos convencernos de que la ganadería y la agricultura son algo más.
Sufrimos al escuchar como se asocia la presencia de los cultivos con el paisaje para que éste dé valor a la industria del turismo, en plan jardín contemplativo, o cuando desde los poderes públicos se anima al personal a coger el sacho para controlar el colesterol, ejemplos de la definitiva renuncia a considerar la agricultura como actividad económica, olvidando que se denomina sector primario porque es eso, lo primero, la base indiscutible del sistema productivo.
Como confirmación de que ya se ha tirado la toalla, escuchábamos hoy (el pasado 01/10/08 en una jornada informativa organizada por Proexca) de boca del director de la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información (Aciisi) que la economía basada en el conocimiento es prioridad para el Gobierno de Canarias y minutos después, que el sector primario está excluido de las ayudas de I+D+i por cierta incompatibilidad normativa con Bruselas... Situación que entendemos debe ser corregida cuanto antes.
Como actividad económica que es, involucrada en el sistema globalizado actual, la agricultura requiere medidas ejecutivas y legislativas que mejoren su competitividad, es decir, que miren al futuro (y no permanentemente al pasado), que se centren en el mercado y, por descontado, que potencien la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i).
Un sitio como Canarias, con las condiciones ambientales de que disfruta, con la posibilidad de obtener tres y hasta cuatro cosechas por año, con la experiencia agrícola que atesora su gente, no puede ni debe renunciar a luchar por una agricultura pujante con la que ganar dinero y contribuir al bienestar general de sus ciudadanos.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Lo anecdótico de lo rural

(Publicado en Diario de Avisos, 3 de septiembre de 2008)

En www.mma.es:
1. El Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino es el departamento encargado de la propuesta y ejecución de la política del Gobierno en materia de lucha contra el cambio climático, protección del patrimonio natural, de la biodiversidad y del mar, agua, desarrollo rural, recursos agrícolas, ganaderos y pesqueros, y alimentación.
A estos efectos, asumirá las competencias atribuidas a los Ministerios de Agricultura, Pesca y Alimentación y de Medio Ambiente, así como las que hasta ahora desarrolla el Ministerio de Fomento en materia de protección en el mar.



La decisión de fusionar los Ministerios de Medio Ambiente y de Agricultura en uno solo, el MMAMRM, sorpresiva, fulminante y a traición, abre muchos interrogantes. No hay intención a priori de hacer crítica destructiva, ni de calificar la medida de conspiratoria, ni tampoco de asumir como cierta o posible una justificación que aun no hemos escuchado. Claro está, que aparentemente, y en nuestra opinión, ni desde una visión estrictamente técnica y ni desde un análisis racional, la existencia del mastodonte administrativo tiene algún sentido práctico ni político. Aparentemente, e insisto, en nuestra humilde opinión, presenta enormes problemas conceptuales a la vez que sepulta el necesario debate de la gestión de los recursos naturales bajo las sábanas ministeriales, empapadas de sus propias reglas, usos y costumbres.
Protección y explotación son términos antagónicos, aunque se puede explotar con cuidado y de eso se trata. Efectivamente, la proliferación de ministerios de medio ambiente en los países avanzados comienza en los ochenta, cuando se pone de manifiesto –con toda la lógica del mundo- que la administración debe tener un instrumento político que garantice la protección de los valores naturales. Sus funciones fueron –y deben seguir siendo- las de legislar, vigilar, y en su caso sancionar o promover acciones correctoras, para que las actividades humanas se rijan por criterios de respeto al medio ambiente, factores que hasta ese momento no habían tenido el calado suficiente. Cuestiones éstas, las que se refieren a la sensibilidad medioambiental, en las que tiene mucho que ver el nivel de bienestar social alcanzado y la bonanza económica. La gestión de los parques nacionales, de las zonas forestales y de la vida silvestre es tarea indiscutible de un organismo público adalid en la conservación del patrimonio natural, guardián incorruptible, juez implacable. El desarrollo en su expresión más amplia, como principal consumidor de recursos naturales, debe ser controlado eficazmente hasta que alcance su punto de equilibrio. Con éxito, que podrá ser discutible en su caso, el antiguo Ministerio de Medio Ambiente atesoraba todas estas competencias, a las que puede parecer coherente sumarles el mar y la costa como partes indivisibles de esta porción del territorio que como Estado nos corresponde por la Historia proteger y gestionar.
En la jerga popular y en los medios de comunicación masivos se han colado vocablos como ecología, medio ambiente, sostenibilidad, impacto ambiental o biodiversidad que se utilizan frecuentemente al peso. También surge el llamado ‘conflicto ambiental’ que viene a definir esa sensación personal e individual de que la alteración de la naturaleza o el cambio climático son culpa de nuestro comportamiento cotidiano, es decir, que cada vez que compramos zumo en tetrabrik o tiramos de la cisterna aparece un activista de Greenpeace culpabilizándonos de la atrocidad. En cualquier caso, esa sensación de desazón no es intrínsecamente mala e identifica que ya nos hemos olvidado de cómo era nuestra vida sin la presencia de esos elementos que nos hacen la existencia más cómoda y sanitariamente más segura. No deja de ser digna de mención la excelente labor divulgativa desplegada en tan corto periodo: en España cualquier mortal considera deseable –y exigible- disponer de ecosistemas sostenibles y con alta biodiversidad.
Por otro lado, la agricultura. La maltrecha, incomprendida y subvencionada agricultura... que nos da de comer, ahí es nada. Actividad primaria, compendio de la producción agrícola y ganadera, de los cultivos y de la cría de animales. Actividad económica básica desde hace miles de años, cuando los grupos de personas errantes deciden anclarse al terreno, cultivar la tierra, domesticar las bestias e instaurar el sistema social precursor del que hoy conocemos. Actividad económica básica desde hace miles de años hasta ahora, poco ha cambiado. Las economías potentes actuales se sustentan, salvo raras excepciones coyunturales, en una agricultura potente, competitiva, excedentaria, exportadora y generadora de riqueza. Una cesta de la compra estable y variada ofrece seguridad al sistema económico y permite la diversificación sin riesgos.
La agricultura, en su evolución tecnológica, libera recursos que el sistema económico utiliza en otros sectores. Libera trabajadores a medida que se implanta la mecanización, libera territorio a medida que se intensifica la producción y se mejora los rendimientos, libera agua mediante la utilización de técnicas de riego eficiente: en definitiva, excedentes en trabajadores, territorio y agua que permiten la expansión industrial y urbana y, con ella, la del sector servicios. Esta tremenda simplificación sólo pretende poner de manifiesto que la agricultura no es algo complementario ni algo de lo que podamos prescindir, no es lujo caprichoso ni debe ser considerada una pintoresca actividad del pasado ya superada. Regiones, provincias o comarcas españolas consideradas ricas lo son por su tradicional pujanza en la agricultura, ejemplos todos.
En su pugna por los recursos naturales la actividad agraria compite con la conservación de la naturaleza que también los demanda, agua y territorio básicamente. De hecho la evolución clásica de pérdida de suelo natural pasa por una transformación (roturación) inicial para el cultivo, ocurrida en nuestro viejo mundo quizás hace quinientos, mil o dos mil años, para pasar después a ser utilizado para la construcción de infraestructuras o para su urbanización. De hecho, un terreno agrícola, considerado desde el punto de vista ecológico, es un ecosistema que sacrifica biodiversidad a cambio de productividad. Ambos conceptos son opuestos: cuanto más biodiverso es un sistema menos productivo es y viceversa. De hecho el agricultor eliminando las malas hierbas, combatiendo a los insectos y colocando espantapájaros trata de mantener baja la biodiversidad en su cultivo, ¿sorprendente?
Aunque la actividad agrícola es ciertamente contraria a la biodiversidad y por tanto, según hemos expuesto, no debería acumular simpatía popular en esta nueva era, los factores culturales que nos unen a ella, a la agricultura, son mucho más poderosos que cualquiera de las disquisiciones puramente conservacionistas.
En este contexto teórico en el que hemos presentado la conservación del medio ambiente y la agricultura como actividades antagónicas, surgirán conflictos que requieren un tratamiento exquisito y no tienen una única solución técnica ni política. Por ejemplo, cómo gestionar el agua de un embalse para compatibilizar su uso agrícola y el caudal ecológico del cauce, o cómo regular el pastoreo extensivo tradicional en territorio declarado como reserva natural. No son cuestiones complejas pero requieren consenso entre las partes afectadas, que en ambos casos somos todos: todos queremos un sistema productivo próspero que mantenga nuestro estado del bienestar y todos queremos también un patrimonio natural del que disfrutar y legar a las generaciones futuras.
La creación del MMAMRM mete a los interlocutores en la misma caja. Existe el riesgo de que este debate de consenso para los pequeños –y grandes- problemas reales que supone compatibilizar el medio ambiente y la actividad primaria pudiera tener lugar exclusivamente dentro de este único ministerio, en los despachos, en los pasillos, entre funcionarios, y no en donde sería deseable en un estado de derecho, en el Consejo de Ministros con repercusión social y sujeto a control parlamentario. Meter en la misma caja a quienes defienden intereses antagónicos además puede paralizar la acción eficaz en ambos campos.
Con la seguridad de que la motivación que dio lugar a esta polémica decisión es otra, nos aventuramos, sin embargo, a exponer una conjetura que obedece a una cierta preocupación. ¿Será posible que, según la política del nuevo Gobierno, el medio ambiente, la agricultura, el medio rural y el medio marino hayan adquirido una misma condición de bien patrimonial, etnográfico, cultural y tradicional a preservar como un gran parque temático?

martes, 15 de julio de 2008

La contradicción del ministro de Justicia

(Publicado en EL MUNDO, el 15 de julio de 2008)

Defiende el ministro Bermejo, en EL MUNDO del pasado domingo, que llegará el momento en el que haya que abrir el debate para que 'las personas que viven y trabajan aquí, están empadronadas y pagan sus impuestos tengan derecho a votar'. Respondía a una pregunta sobre el voto emigrante... aunque bien podría referirse a todos los ciudadanos. Certero y preciso: perderá su derecho a votar quien no pague sus impuestos, esté condenado por eludir la Hacienda Pública o tenga deudas con la Seguridad Social, todo un acierto del Ministro de Justicia. En cierto modo sólo se trata de utilizar el criterio socialmente aceptado, recogido en la Ley sobre Propiedad Horizontal, que rige para las comunidades de vecinos. Una iniciativa que debemos aplaudir. Dará fuerza a aquellos que aun creemos en el sistema, los que estamos convencidos de que hace falta la participación de todos para alcanzar un futuro mejor.

domingo, 1 de junio de 2008

Los usos del suelo en los espacios naturales protegidos


(Publicado en El Mundo del Agrónomo nº 3, junio 2008)

Resulta innegable la necesidad de proteger nuestro territorio y su naturaleza viva, de poner lavas y barrancos fuera del alcance de la bárbara destrucción humana. Resulta innegable también que los instrumentos legislativos son necesarios para conseguirlo. En definitiva se trata de disponer de leyes que ordenen las conductas de los individuos, pues son éstos, con sus conductas, los que finalmente protegen o alteran nuestro entorno.

Recientemente hemos celebrado el veinte aniversario de la primera ley de declaración de espacios naturales de Canarias. Realmente consiguió echar freno en la ocupación masiva del territorio que auguraba el "boom" turístico-inmobiliario de esa década en la que las Islas se empezaban a consolidar como destino de masas. Alguno de los que participó en la redacción de aquella ley comentaba, hace años, que la pretensión entonces era más bien al revés, es decir, no tanto clasificar aquello que había que conservar, sino impedir la expansión global de ese fenómeno constructivo. Lógico cuando la protección que recogían planes generales de muchos municipios no era suficiente. Y es que las anteriores leyes del suelo también preveían figuras de protección aunque con escaso éxito en su aplicación práctica. La aparición de esta ley de espacios naturales eleva la competencia de la gestión a nivel autonómico con el afán de parar lo que en aquellos momentos estaba escasamente controlado.

El primer texto ha sido perfeccionado posteriormente sin perder la bondad y eficacia perseguidas, aunque conserva pretensiones que, por excesivamente ambiciosas, están quedando reiteradamente en el tintero. La implantación y posterior mantenimiento del preceptivo plan de gestión para cada uno de los espacios protegidos, por ejemplo, es una empresa técnicamente muy compleja y económicamente sólo sostenible con grandes cantidades de dinero público. Con toda seguridad, en otras comunidades españolas, el proceso legislativo de protección de espacios naturales habrá sido muy similar.
Y realmente la cosa en estos años ha mejorado mucho. El destino de un suelo -y de los elementos naturales que soporta- empezaba a torcerse con la sorriba y uso agrícola, seguía con la edificación irregular y terminaba con su regularización, haciendo inútil cualquier esfuerzo en planificación. Ahora no, ahora la administración competente asume su papel y manda derribar y derriba construcciones ilegales, y sanciona con contundencia a los que actúan fraudulentamente. Ahora, los responsables políticos que permiten desmanes urbanísticos fuera de la ley responden ante la justicia. Ahora, para regocijo de los que creemos en el estado de derecho y para desgracia de los especuladores, afortunadamente, disponemos y utilizamos rígidas herramientas de control.

Comentamos que en la delimitación de los espacios protegidos se empleó como criterio el estado de conservación de los valores naturales, quedando fuera aquella porción del territorio antropizada en extremo que se liberaba para otros usos, los residenciales y el soporte de la actividad económica.
La gran paradoja de la ley es que premia a los propietarios del suelo -incluidos los propios ayuntamientos- que abusaron de él, que segregaron parcelas y que permitieron todo tipo de actuaciones. Premia, en definitiva a los que especularon. Los premia económicamente al quedar sus parcelas fuera de cualquier protección, al consolidar legalmente tales agravios y al permitir que continúe el expolio. En definitiva, sin quererlo, el sistema favorece las conductas que persigue.
Y en el otro extremo se encuentran aquellos otros propietarios cuyas familias durante generaciones mantuvieron la agricultura o la explotación forestal en sus terrenos; no parcelaron, no vendieron, ni siquiera edificaron, en definitiva, protegieron el territorio. Precisamente porque persistieron esos comportamientos proteccionistas, existen hoy esos espacios naturales que han podido ser afectados por la ley. Esos otros propietarios se ven ahora muy limitados a la hora de obtener rentas de ese patrimonio. Ley de espacios naturales permite -e insisto en que seguramente sin pretenderlo- que los transgresores contumaces se enriquezcan aún más y que la conservación carezca de aliciente. Esto no debe ser así. No parece justo que la aplicación de una norma fomente este extraño juego de premio y castigo.
Es tremendamente importante que estas conclusiones no sean interpretadas como una oda a la explotación masiva de nuestro territorio protegido, no. Las leyes deben ser justas para que sean buenas y ésta debe serlo por el interés de todos.
Si tenemos claro que hoy en día disponemos de esas herramientas de control que permiten perseguir con eficacia al que se sale del tiesto, entonces ha llegado el momento de replantearnos el uso de los suelos afectados por la protección e incluso reconsiderar cuál debe ser la clasificación de cada espacio natural. La propia ley prevé figuras de protección, que podrían ser más utilizadas, que compatibilizan los usos tradicionales del territorio y su conservación. Debemos superar el pavor al desastre incontrolado, que fue la primera motivación del legislador, y avanzar con nuevas ideas sin perder el enfoque.
Reversibilidad. Consumir territorio como recurso es necesario para el sostenimiento de nuestro sistema socio-económico que tan excelente resultado nos ha dado. Sí, excelente, y es que no podemos negar el avance en el bienestar de las personas producido en España en las últimas décadas. 

Empleando esta consideración, podemos imaginar un desarrollo legislativo que tenga en cuenta las tres sencillas reglas siguientes:

1ª. Toda alteración del territorio se justifica únicamente si trae consecuencias positivas para el bienestar general de la población a largo plazo.
2ª. Preservar el territorio y sus valores naturales es la única posibilidad mientras no se verifiquen las consecuencias positivas a que se refiere la 1ª regla.
3ª. Cualquier alteración del territorio o de sus valores naturales es considerada siempre reversible y será corregida cuando cambien las condiciones que la justificaban.
Resolvemos nuestra íntima relación con el modelo económico, resolvemos esa sensación de culpa que nos aturde cuando abrimos la mano a permitir nuevos usos del territorio y nos hace oponernos a la consecución de nuestra misión colectiva de procurarnos bienestar. Si las alteraciones del territorio son reversibles -que lo son- nuestros hijos seguirán heredando el mismo país que heredamos nosotros y dependerá sólo de ellos el cómo quieran disfrutarlo.
Pero por supuesto, volver a considerar al territorio un recurso generador de riqueza requiere garantizar la aplicación de la 3ª regla, conseguir una eficaz reversibilidad de la alteración, llegado el caso. Para ello, por ejemplo, con carácter previo a la autorización, el promotor debería constituir garantías suficientes para sufragar su coste.En cualquier caso, debemos congratularnos por la existencia y la eficacia de las actuales leyes de protección de espacios naturales, han cumplido su misión con éxito. Cuando fueron aprobadas necesitábamos cordura. Pero no nos quedemos ahí, en este nuevo escenario urge imaginación para afrontar el futuro.

lunes, 14 de abril de 2008

La motivación a través del cambio

Se escuchó un chirrido prolongado, como el que hacen dos piedras sometidas a fricción, cuando la oficina quedó en silencio, un momento después de que algún jefe en alguna esquina sentenciara la necesidad de un cambio. El terror al cambio sube la tensión, hace sudar las manos, incrementa el ritmo cardiaco, dispara la rumorología, desata las más bajas pasiones en forma de envidias y puñaladas, enerva, genera oposición, descontento, en definitiva, bloquea mentes y voluntades. Que exagero... no sé, no creo.
El cambio forma parte de la vida de las empresas, de su necesaria evolución permanente. Las organizaciones no dejan de ser –o deberían llegar a ser- organismos vivos que se adaptan a la variabilidad del entorno para nacer, crecer y madurar con éxito.
Falla la mejora continua y aflora cierta ineficacia de los procesos directivos cuando se llega a la conclusión de que se necesita un cambio y éste es percibido como un hito, cuando se considera inaplazable diseñar y poner en marcha un conjunto de medidas que modifiquen los procesos productivos de un porcentaje importante de las actividades que conforman el día a día del negocio. Más vale tarde que nunca, eso también es cierto.
Nos enfrentamos a un proceso de revisión de la actividad de la empresa no exento de un complejo conflicto emocional para las personas que se ven involucrados en él. Por un lado, quienes concluyen y deciden que es necesario, por otro los que activamente deben participar en su desarrollo y por último, aquellos que se verán afectados, los damnificados, personal propio y también, con toda probabilidad, clientes y proveedores. El conflicto es consecuencia de reflexiones contrapuestas, cada una en su nivel:
- Tengo que promover el cambio pero me asusta no haber analizado correctamente la situación actual ni haber sopesado bien sus efectos.
- Lo entiendo y puede que sea necesario pero la organización no está preparada para asumirlo y el coste del cambio (en todos sus aspectos) será mayor que el beneficio que se pretende conseguir.
- No entiendo por qué tenemos que hacer las cosas de otra manera si siempre las hemos hecho así.
Promover un gran cambio en la empresa no es algo deseable pero... muchas veces no queda más remedio. Para el propietario o el directivo iniciar los procesos de cambio requiere emplear altas dosis de prudencia, de paciencia y todas sus capacidades de liderazgo y, por supuesto también, hacer algo de autocrítica (si hubiera fomentado una mejora continua no habría que hacer esto de golpe) y recurrir a asesoramiento especializado.
Esta compleja realidad que envuelve la gestión del cambio, sin embargo, puede aportarnos muchos ingredientes para elaborar esa difícil receta que es la motivación del personal. De la dificultad, la oportunidad.
Grandes palabras de ánimo, palmadas en la espalda, una excitante remuneración económica que incluya un suculento cumplimiento de objetivos... ¿es suficiente para motivar al personal?
Probablemente ayude, pero no, no es suficiente. Falta cubrir las otras necesidades humanas, las que se refieren a cómo está uno consigo mismo, la necesidad de aprender, de crecer profesionalmente, de formar parte de un equipo, de ayudar para alcanzar una meta común. En este sentido, la gestión del cambio nos ofrece excelentes oportunidades de sinergia (cambio + motivación).
El momento de la revisión es óptimo para fomentar la participación de todo el personal de la empresa en el replanteamiento de los procesos, que cada uno se cuestione cómo hace su tarea, por pequeña que sea o que parezca. Cada trabajador percibirá que es importante para el conjunto, será escuchado y contribuirá sumando su talento al del resto de compañeros.
También es la oportunidad perfecta para que todo el personal tenga la oportunidad de comprender e interiorizar la visión de la empresa, hacia dónde va y por qué.
Pero lo más importante es que la gestión del cambio, entendida como esa revisión de los procesos y su implantación posterior, supone para toda la organización un gran reto, definido según el caso como la supervivencia de la empresa en un sector en crisis o como la lucha para plantarle cara a la nueva competencia. El cambio y los motivos que lo justifican se convierten en el reto que la empresa debe superar y, a su vez, en el logro que todo el personal trabaja para alcanzar.

Es esta, la identificación del logro durante los procesos de cambio, su distribución en fases y la evaluación de su cumplimiento, la más eficaz dosis de motivación capaz de llevar el proyecto empresarial al éxito.

jueves, 10 de abril de 2008

Pados

Nuestra unidad familiar no podría ser calificada de especial, aunque ciertamente es distinta a la estructura tradicional de mamá, papá y los niños. Es producto de la separación de mi mujer ocurrida hace cinco años. Es una familia con dos casas, dos estilos, dos grupos no relacionados de parientes cercanos, que gestiona satisfactoriamente la custodia compartida de dos niños pequeños.
En los primeros años hubo algo de desorganización que poco a poco se fue corrigiendo. Los niños viven con cada uno de los progenitores en semanas alternas, los periodos de vacaciones están repartidos equitativamente, la ropa está duplicada y se ejerce un control sobre su educación no exento de un importante esfuerzo de coordinación.
Para nuestro niño pequeño que tiene siete años –me conoció antes de cumplir los tres- yo siempre he estado presente en su vida. La niña, ahora con nueve, sí guarda algún vago recuerdo de su situación familiar anterior, pero realmente ha crecido conmigo. Mantenemos una relación excelente de segundo padre, conmigo aprendieron a montar en bici, a bucear, ... y ejerzo también autoridad sobre ellos. En los primeros años recuerdo que hubo algo de confusión (un día del padre en el que hicieron regalos para ambos), aunque ya está superado, papá es papá y yo soy yo.
Y aquí está el problema. A mí en casa me llaman por mi nombre de pila y en nuestro entorno familiar también, pero hemos detectado la dificultad de nombrarme con los compañeros del colegio o con otros niños de su otro entorno. A veces mienten por no tener que dar más explicaciones.
Eso de decir ‘mi padrastro’ no encaja con la idea perversa que el vocablo transmite, culpa quizás de los cuentos infantiles. Tampoco utilizan ‘el marido de mi madre’ porque claro, yo ya soy algo más, soy también algo a ellos, si me acabaran de conocer sería correcto, pero no es el caso. Optar por llamarme ‘papá’ como a veces se fuerza a otros niños en esta situación, tampoco es adecuado pues entendemos importante, o más bien imprescindible, que la figura de su padre exista independiente y con todo su significado, papá es papá y yo soy yo, insisto. Entonces, ¿qué alternativa nos queda? Ninguna. Que hayamos podido detectar no hay otra palabra en el español para esta nueva figura familiar.
Nuestra propuesta para resolver este conflicto es crear dos nuevas palabras para nombrar a las madres y a los padres consortes que mantienen un vínculo afectivo con los hijos de su pareja: la mados y el pados.
- Hoy viene mi pados a buscarme al cole –diría el niño con total tranquilidad-.
Para esta camada quizás ya sea un poco tarde, o quizás no, si nos esmeramos en darle difusión.

miércoles, 20 de febrero de 2008

La negociación de lo público

Andamos ya casi inmunizados contra la enfermedad de las huelgas y manifestaciones. Tomar actimel nos refuerza, nos protege, nos permite desarrollar anticuerpos. Sobrevivimos perfectamente sin apenas preguntarnos qué se reivindica o quiénes son está vez. El recurso de reivindicar a grito pelado está acabado, choteado.
Sin embargo, conflictos debe seguir habiendo, nos demos por enterados o no, puesto que hay personas que en su enfado emplean tiempo y esfuerzo en hacerse notar. Probablemente mal aconsejados, pero con toda seguridad, como consecuencia de la enorme preocupación por intentar resolver aquello que entienden injusto, desproporcionado, indigno o cualquiera que sea el motivo de su malestar.
El derecho a la huelga es necesario para mantener el equilibrio entre el capital y los trabajadores, y además es un logro nada desdeñable de nuestro sistema constitucional. El trabajador en huelga no cobra su sueldo mientras la empresa deja de producir, malo para ambos. Ninguna de las partes puede sostener esa situación por mucho tiempo, las cuestiones superfluas llega un momento en que se dejan de lado y se debate de lo realmente importante. De ello depende la subsistencia de unos y otros. O nos arreglamos o nos hundimos todos.
La huelga de los empleados públicos es harina de otro costal. Perdido el equilibrio ‘no sueldo/no producción’, requiere un análisis diferencial y probablemente para el futuro una regulación propia. La huelga en lo público afecta tanto al ciudadano que paga sin contrapartida y sufriendo las incomodidades de los manifestantes, como a los responsables políticos que deben atender o rechazar aquello que se reclama.
La cronología es siempre la misma, por fases. Primero, denunciar airadamente lo mal que funciona el servicio público en cuestión como consecuencia de los malos gestores y la escasa asignación presupuestaria. Segundo, hacer que el ciudadano compruebe lo mal que funciona, haciendo que vaya peor. Tercero, poner a la madre del responsable político a caer de un burro, encontrando todo tipo de comportamientos inmorales e ilegales. Cuarto, cuando éste ya no está dispuesto a aguantar más vilipendios, se soluciona el conflicto subiendo los sueldos.
Claro está que a nadie le preocupa averiguar por qué esos funcionarios estaban descontentos o por qué creen que una subida de sueldo es suficiente. ¿Es que todo se soluciona con dinero? Según los expertos, no. En la motivación de las personas el dinero ocupa un lugar muy poco destacado.
En estas guerras, a los ciudadanos tanta protesta nos toca un pie, ni siquiera somos conscientes de que cualquier cesión pactada sale de la misma caja común a la que todos aportamos una parte. Hay incluso quien está dispuesto a dar lo que fuera por atender las reivindicaciones entendiendo que la Administración Pública es un ente abstracto y todopoderoso que fabrica el dinero.
¿De qué servirá la famosa homologación de los profesores de educación primaria –que no deja de ser una pura y dura subida salarial- si continúa el escaso respeto de padres y alumnos a su trabajo? Este conflicto probablemente tenga su origen en un comportamiento social que no reconoce la importancia clave de los maestros en la formación de las siguientes generaciones y solucionarlo requerirá un enfoque no económico, al menos, no exclusivamente económico.
La negociación colectiva en lo público debe perseguir solucionar los problemas en su origen, con visión de largo plazo y responsabilidad por ambas partes. Hay quien está satisfecho por lo bien que le pagan por aguantar vivir en un conflicto permanente y también hay quien vende públicamente lo estupendo que escondió el problema debajo de la alfombra.

Y si hablamos en serio...

jueves, 10 de enero de 2008

Debatir el paisaje

El debate sobre el paisaje de Tenerife aun no ha comenzado. Quizás los árboles no nos han dejado ver el monte. En los últimos años hemos trabajado mucho en planificación estratégica, en desarrollo económico y social, en protección del medio ambiente. Se ha actuado en los elementos aislados de la realidad. Sin embargo falta dar el paso, tratar del paisaje insular como la característica que nos define ante el mundo y ante nosotros mismos. Qué somos, cómo nos vemos y cómo nos perciben.
Cinco millones de visitantes y cerca de un millón de residentes. Observadores todos. A la vez piezas básicas de este enorme puzzle que es nuestro paisaje. Tenerife.
Entender el paisaje, su origen, su evolución desde el pasado, observar el presente, analizar su destino, estar conformes con ese futuro y estar dispuestos a defender esa idea. Entender el paisaje es entender como funciona el mecanismo sincrónico de la actividad humana con el territorio. Toda actividad humana con su reflejo en el paisaje. Entender el paisaje es entender toda actividad humana. El paisaje es esa foto de conjunto.
Entender nuestra orografía, entender qué pasa con la agricultura y proponer un nuevo escenario válido, comprender que vivimos del turismo, corregir los efectos de las obras públicas, vivir con calidad en el entorno urbano, concienciar la acción ciudadana de los pequeños detalles, estudiar cómo nos afectará el cambio climático. Entender el paisaje precisa descifrar el código, resolver un complejo entramado multidisciplinar.
Definir el paisaje es definir qué queremos ser y a dónde queremos ir... y tales preguntas requieren, exigen, necesitan, un profundo debate. Se precisa ideas de largo recorrido, con perspectiva, obviando el corto plazo.
Las iniciativas que ha venido desarrollando, por ejemplo el Cabildo de Tenerife, en forma de planes concretos, como por ejemplo Tenerife Verde o Tenerife y el Mar dotados con importantes presupuestos y con tan buenos resultados, requieren formar parte de una definición más amplia de la gestión del paisaje en la que participen todos los agentes sociales.
La gestión del paisaje cuya eficacia necesita que cada departamento de las Administraciones Públicas implicadas, desde el ángulo de sus competencias, aporte al debate y asuma las conclusiones que resulten de él. No debemos permitir que de forma estricta sea un criterio técnico aislado el que proponga la definición del futuro de Tenerife.

Aprovechar esta oportunidad para debatir el paisaje como concepto global nos permitirá debatir el futuro de Tenerife, un debate sano, haciendo política a diez o a veinte años vista, desde la base de la responsabilidad colectiva, ser responsables con nosotros y con las próximas generaciones. Un debate en el que tienen que tener cabida ecologistas, empresarios, expertos, ... en definitiva todo ciudadano que desee aportar. Nuestra propuesta es fijar el objetivo a corto plazo de provocar ese debate. Grande es la empresa.