sábado, 2 de junio de 2007

Disciplina

(Publicado en periódico El Día el 02/06/2007)

Resulta innegable que la sociedad española actual vive lo cotidiano con déficit de disciplina. Llegamos a considerar tal actitud como esencia de lo español, somos así, forma parte de nuestra idiosincrasia, vino tinto y aceitunas con hueso. Igual que la liga de primera división, la indisciplina podría ser un elemento que le diera cohesión a este país nuestro tan falto de ambas. Ejemplos muchos. Desde los más nimios principios de urbanidad que harían más agradable la convivencia, hasta llegar a aquellos que incumplen las normas de tráfico que podrían evitar miles de familias rotas cada año.
Resulta innegable también que la sociedad española premia las actitudes indisciplinadas con aplauso y admiración. Fulano consigue que le quiten una multa, mengano vende en negro, ciclano cobra el paro y trabaja, zutano se coge la baja laboral, ... qué bien. No sólo perpetra la acción sino que la cuenta con pelos y señales, con especial énfasis y orgullo. El héroe y su epopeya. Engañar al sistema es el objetivo, consciente o inconscientemente, engañar al sistema es deporte nacional.
No tengo respuesta. No sé qué fenómeno induce al individuo a la primera vez. A partir de aquí son todo conjeturas. Digo que debe ser que te aparece, sin buscarlo, una primera oportunidad y que en ese momento te acuerdas de ciclanito y su excitante historia, y en ese momento decides probar, a ver qué pasa. Y debe ser que no pasa nada, nada de nada. Entonces lo cuentas y el que te escucha te aplaude y esa sensación te gusta, ¡artista!: ya estás enganchado. Y será a partir de ese momento cuando comienzas a construir la trama de la justificación. Te pegué porque eras mía y tal disparate te convence.
La justificación transforma el fraude en un derecho, ¿no?, es que tienes el derecho a defraudar a hacienda, ¿no?, qué son esos pocos euros para hacienda, ¿no? Total no te va a pasar nada... Chuleas muchos derechos mientras te olvidas de tus obligaciones. Todo esto irremediablemente produce conflicto. En organizaciones que por definición requieren disciplina, jerarquía de mando y un sólido trabajo de equipo, esta situación produce un enorme conflicto de compleja gestión cotidiana.
Si hubiera castigo, un buen castigo, si pilláramos a alguno... un buen leñazo, dar ejemplo, claro. Si hubiera castigo yo no fingiría una baja laboral, claro, porque tendría miedo a que me pillaran, claro, si hubiera castigo yo me portaría bien. La culpa de la indisciplina sigue siendo de otros. Total. Ahondando en la conjetura digo yo que la disciplina profesional forma parte indisoluble de la propia definición de la actividad laboral. Comprometida estará la eficacia del servicio público sin la disciplina del funcionario público. En este caso concreto, cuando además se trata de atender emergencias, la observancia de las normas es obvia y la necesidad de castigo, absurda. En este contexto, cumplir con las obligaciones para con el ciudadano y ser fieles a la misión del bombero, es lo propio, incontestablemente el único camino.

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