domingo, 3 de enero de 2021

Siempre se ha hecho así

-Qué está usted haciendo -le pregunta.
-¿No lo ve? - responde con impaciencia-. Estoy cortando este árbol.
-¡Se le ve exhausto! ¿Cuánto tiempo hace que está en ello?
- Más de cinco horas y estoy molido. Esto no es sencillo.
-¿Por qué no hace una pausa durante unos minutos para afilar la sierra? -pregunta-. Estoy seguro de que cortaría mucho más rápido.
-No tengo tiempo para afilar la sierra -dice el hombre enfáticamente-. Estoy demasiado ocupado aserrando.

 Stephen R. Covey, 1989


Dimitir.
Hay cierta confusión entre gestión de lo público y acción política. Porque lo que ocurre en el ámbito de las administraciones no siempre atañe a los representantes electos. No vivimos en una democracia cualificada y cualquiera que sepa leer puede presentarse. Además, que haya trascendido, nadie comprueba si el candidato entiende lo que lee ni tampoco creo que alguien verifique si efectivamente maneja tal formación básica. La Administración Pública funciona porque hay funcionarios: primera perogrullada de 2021, permítame que lo recuerde dada nuestra avidez histórica por acabar con nuestras penurias pidiendo la dimisión de quien más asome la cabeza. Nos olvidamos de que los problemas se enfrentan de otra manera y de que aquí no dimite ni dios.

Evolucionar. Del presupuesto de ayuntamientos, cabildos y autonomías el noventa y largo por ciento está comprometido desde el ejercicio anterior. Pequeñísimo margen para dedicar dinero a cosas nuevas que -al mínimo despiste- se convierten en obligación para el año siguiente. Acometer mejoras en la gestión pública requiere reformular lo que ya existe y tal iniciativa es mucho más fácil de sugerir que de llevar a efecto. En el mundo de la empresa eso pasa constantemente, pensará usted, las empresas evolucionan, ofrecen nuevos productos y servicios: las que se adaptan se mantienen y las que se alejan de las necesidades de sus clientes desaparecen.

Comparar. Solo sirve para caer en la trampa porque las entidades públicas no cierran por muy ineficaces que sean. Ya lo intentó sin éxito el PP en 2013 con su aplastante mayoría absoluta mediante el fomento de la fusión de municipios que no sirvió para nada. Promulgar leyes sí que está reservado para la política, en este caso con efecto práctico igual a cero. ¿Se ha preguntado por qué? 

Motivar. Mordido el anzuelo, sigamos. Un empresario o un equipo directivo plantea innovación en su organización porque no le queda otra. Si no actúan malo, si fracasan malo también. Los trabajadores aceptarán las novedades con mayor o menor agrado, aunque imperará el espíritu de supervivencia. Para los palos en las ruedas -que siempre hay beligerantes- implicación en los procesos, más retribución o nuevas atribuciones de responsabilidades, y si no colabora se expide el pasaporte. Cuesta vencer la inercia de seguir con aquello que “siempre se ha hecho así”. Quién gobierna lo público puede decidir una reorganización por necesaria y derivar dinero a contratar expertos para redefinir procesos, eso sí, pero no dispone de esas u otras herramientas para la motivación del personal. 

Procrastinar. Tiene poco castigo. ¿Que se incrementa la carga de trabajo?, se busca recursos, ¿que se retrasa la resolución de algún trámite?, idéntica solución en el mejor de los casos. Hay cierta resignación respecto a la operativa pública española. Y es de entender porque meterse en harina implica mucho riesgo, siempre genera conflicto y el promotor de los cambios se expone a la crítica interna y externa, más intensa en fases iniciales, crítica a la que hay que estar dispuesto. En cualquier caso, la política precisa de la gestión del sistema público para mejorar la vida de las personas, cuando ese es su propósito. Procede asumir el riesgo.

viernes, 25 de diciembre de 2020

Sensación de abandono intolerable

Sacrificio. La interrupción de la actividad en el interior de bares y restaurantes, la limitación de aforos en el comercio y de movimiento generan miles de damnificados. Sin turistas y con un importante porcentaje de la población encerrado en casa, con menos consumo, se para la rueda. Empresarios de la restauración que no tienen terraza condenados a la quiebra porque en espacios cerrados hay pruebas fehacientes de que el contacto sin mascarilla facilita el contagio y para comer tienes que quitártela. Sus trabajadores al paro o al ERTE, drama por partida doble. Restricciones por causa de fuerza mayor -porque muere gente, procede repetirlo-, porque si no mantenemos presente la justificación todo este sacrificio pierde sentido: gente muere o sufre graves secuelas. Pero subyace otra cuestión importante ¿por qué cerrar restaurantes y no se impide viajar en guagua que la peña va mucho más apiñada?, ¿se asume un riesgo con las actividades declaradas esenciales?

Culpables. Mascarillas no, afirmaban durante los primeros meses, bastaba el distanciamiento y la higiene, ¿porque no había mascarillas para todos?, porque se transmitía por gotitas de saliva, decían, hasta que se confirmó que no, que el virus viaja por el aire. ¿Nos mintieron o es que no tenían ni idea?, ¿quien dijo “mascarillas no” y después dijo “mascarillas sí” debe dimitir?, ¿eso es mentir?, ¿reconforta que el responsable de proponer acciones de control de la pandemia acepte su error y abandone su puesto?, ¿es un error? Son solo preguntas, que cada uno dé sus propias respuestas, yo no sabría qué responder. En todo dilema cabe plantearse cuáles podrían haber sido las opciones si es que hubo: ¿recomendar/obligar al uso de la mascarilla desde el minuto uno?, ¿aunque no estaban disponibles?, ¿qué hubiera pasado?: me obligan a llevar mascarilla pero no tengo donde comprarla, me informan de que un pañuelo no vale, que debe ser una tela especial, ¿no salgo?, ¿salgo sin ella pero tengo más cuidado?, ¿se hubieran agotado las de uso quirúrgico necesarias en el sistema sanitario?, ¿habría habido mercado negro?, ¿hubiera habido menor incidencia? Ni idea.

Realidad. Lo cierto es que en Canarias -ya con mascarillas disponibles sin restricción- la segunda ola tiene mayor incidencia que la primera, más muertos y más contagiados. No era eso. Lo cierto también es que las restricciones para viajar impuestas en los países de origen de nuestro turismo, Alemania y Reino Unido principalmente, nos condenan, no solo al sector sino al conjunto de la sociedad. Hoteles en venta, no es de extrañar, cobarde el capital que huye en busca de inversión con menor incertidumbre. Y cientos de miles de personas con sus empleos en el aire. O vuelve el turismo o nos espera desesperación, más miseria y emigración masiva. No exagero.


Deseo. La vacuna supondrá el principio del fin. Aunque tendrán que darse mucha más prisa en fabricarla y administrarla, a falta de concluir los ensayos de los otros laboratorios. Hay esperanza, inmunizar los grupos de riesgo permitirá acercarnos a una vida más normal. Y bajar la incidencia permitirá viajar. Y se supone que está todo preparado para alcanzar velocidad de crucero en pocos meses: aviones repostados, hoteles limpios con todas las medidas de control dispuestas y turistas ansiosos por disfrutar de unas vacaciones.

Imprescindible. Resolver con solvencia estos meses que quedan para los miles de afectados por la causa, sacrificados por el bien común. Mediante dinero público financiado con deuda, pues claro. Todo el esfuerzo. Y no solo para que los trabajadores escapen sino para compensar a los empresarios que han tenido que cesar en su actividad. Y aplazar la crítica electoralista para después... para eso todavía queda.


viernes, 18 de diciembre de 2020

Baja temeraria, aquí Santa Cruz

Incumplimiento.
 Sudó tinta el concejal de servicios públicos, el popular Díaz Guerra, en la última comisión de control para dar cuenta del contrato que ejecuta Valoriza, el nuevo concesionario de la limpieza viaria y recogida de residuos de Santa Cruz. Vaya marrón para el PP, vaya pacto envenenado: devolver a Coalición Canaria a la alcaldía a cambio de esa concejalía, después de una licitación más que polémica cerrada en la prórroga. Esfuerzo ímprobo tratar de reconducir un contrato adjudicado en baja temeraria con informe en contra de los ingenieros del propio ayuntamiento.

Irrelevante. Empezó el relato don Guillermo que refrendaba -punto por punto- las deficiencias y previsibles incumplimientos que detectaron y plasmaron en sus informes los técnicos encargados de evaluar las ofertas. Deficiencias que Dámaso Arteaga, entonces concejal responsable, y José Manuel Bermúdez, entonces alcalde, consideraron que no eran suficientemente relevantes como para inadmitir la propuesta de Valoriza en baja temeraria. Está ocurriendo lo que los expertos dijeron que iba a ocurrir. Los datos dejan muy bien a los ingenieros de la casa, dejan muy mal a los señores Arteaga y Bermúdez y dejan completamente desamparados a los vecinos de Santa Cruz que sufrimos una malísima decisión de la que ellos son responsables como se constata.

Minucias. Quejas con los contenedores en la vía pública, explicó Díaz Guerra. Pues claro, es que Valoriza presentó “la oferta con menor volumen de contenerización prevista” de las cinco empresa que participaron en la licitación. El entrecomillado es del informe suscrito por el equipo del Servicio Técnico de Gestión y Control de Servicios Públicos, disponible en la web municipal. Menor número de contenedores, más distancia desde los domicilios, incomodidad para los vecinos. Tartamudeaba el concejal al intentar justificar lo injustificable. Quejas también con la retirada de muebles usados, un incremento producto del confinamiento, aclaró, aunque en enero hubo 130 incidencias, solo de este servicio, antes de. Y tampoco explicó que los técnicos municipales habían dictaminado al analizar esa propuesta que “sobre el indicador de calidad de residuos voluminosos y escombros, se estima que la oferta no puede ser cumplida”, cita del referido informe. Valoriza no dispone de medios suficientes para realizar ese servicio, no ya en una situación especial, que se podría entender, ni siquiera de ordinario. No poder cumplir la recogida de enseres, una minucia irrelevante para Dámaso Arteaga.

Imposible. No podemos culpar al actual concejal de servicios de las 4.350 quejas respecto al servicio que los vecinos de Santa Cruz formularon en los primeros 11 meses de 2020. Una media de 395 mensuales -diez veces más de las 40 que prometió Valoriza- y que Coalición Canaria aceptó aunque los funcionarios municipales certificaron que con “las medidas propuestas que se detallan sobre el indicador de calidad del número de incidencias del servicio, se estima que la oferta no puede ser cumplida”. Y efectivamente no se cumple. Desde la oposición alguien pidió reforzar con más medios, una opción inviable jurídicamente que destapa un modus operandi: baja temeraria para entrar y más dinero para cumplir.

Por qué. Completó su comparecencia Díaz Guerra dando cuenta de las sanciones impuestas a Valoriza, que han llegado a alcanzar los 60 mil euros mensuales. Nadie preguntó en qué invirtió Valoriza los 210 mil euros anuales que ofreció para la concienciación ciudadana ni cómo van los porcentajes de reciclaje que prometió, cuestiones decisivas para la elección del contratista. Pudiera parecer un problema sobrevenido "Santa Cruz está sucia", pero no es así. Las deficiencias detectadas son consecuencia de una decisión política -esa adjudicación- que tiene responsables. En la comisión nadie exigió que Coalición Canaria asuma esa responsabilidad. Faltaron, faltan, esas explicaciones.

viernes, 4 de diciembre de 2020

El escándalo del plátano con la Ley de Cadena

Demagogia.
En grado superlativo. “El PSOE niega la excepción al plátano y da un golpe de muerte al
sector”, declaró Fernando Clavijo fuera de sí. No es para tanto, nadie va a morir una vez garantizados los fondos POSEI para Canarias que vienen de la UE. El futuro del plátano no está en entredicho y Clavijo lo sabe. Práctica viejuna, ladrar para dar caña al adversario político. Denuncia un “escándaló” al estilo Raphael: “un golpe a la competitividad del plátano canario”, “bajada drástica de las ventas”, “irremediable retirada del mercado de gran parte de la producción”, “pérdida potencial para el sector de 100 millones de euros anuales”, “golpe mortal al sector que afronta ahora el peligro de desaparición” y todo porque no salió adelante una enmienda a la Ley de Medidas Urgentes para la agricultura en su trámite en el Senado.

Debilidad. Fernando Clavijo no se leyó la enmienda de los productores plataneros -Asprocan- ni parece tener idea de qué va la Ley de Cadena Alimentaria. Ni el plátano se va a quedar fuera de mercado ni la nueva ley obliga a fijar un precio mínimo de venta. Imposible semejante apocalipsis. No contemplar la modificación solicitada no es suficiente para desencadenar la hecatombe. Además Asprocan tiene razón: ha aflorado un punto débil del texto legal, no solo para el plátano sino también para cualquier operación comercial. Esto de ahora era un parche que bien podría haber quedado pendiente, en realidad la tramitación de la Ley de Cadena sigue su curso.

Implicaciones. Asprocan pide dejar fuera al plátano de ciertos preceptos por no plantear una enmienda a la totalidad, por puro pragmatismo: “exceptúen al plátano y con lo demás hagan lo que quieran”. Que en cada operación se cumpla a rajatabla que el precio de venta sea superior al coste de producción –esa es la madre del cordero– va en contra del equilibrio oferta/demanda, un controvertido efecto no pretendido por el legislador, con total seguridad, que pasó desapercibido para los ponentes y que deberá ser estudiado antes de la aprobación definitiva, no de estas medidas urgentes, sino de la nueva Ley de Cadena.

Profecía. Argumenta Asprocan con buen criterio que la obligatoriedad de fijar el precio de venta siempre por encima del coste de producción significaría incumplir cuando la propia dinámica del mercado no permita colocar el plátano a ese precio. Ellos bien saben que hay momentos a lo largo del año con mucha oferta y poca demanda y que el propio mercado exige bajar el precio para evitar que la fruta acabe en la basura. Ni Asprocan quiere vender por debajo de los costes de producción -que sí que llevaría al sector a la negra profecía del señor Clavijo- ni tampoco desea infringir la ley si coyunturalmente tuviera que cerrar alguna operación por debajo de los costes para salvar los muebles. Esa es la controversia.

Mercado. Asprocan demuestra su fuerza en defensa del plátano de Canarias, pide al PSOE un plan B y moviliza a toda la oposición en contra del Gobierno. Ni CC ni el resto de senadores estudiaron el proyecto de ley ni entendieron el alcance de la enmienda porque hubieran llegado a una misma conclusión: nunca es buena idea poner impedimentos al mecanismo de la oferta y la demanda porque el libre mercado funciona, ha contribuido al crecimiento y ha dado mucho mejor resultado que cualquier otro sistema económico. Polémica estéril. Menos dramatismo, señor Clavijo, y más defensa real del sector primario. Es prioritario amparar al plátano, por supuesto, pero también estamos obligados a proteger al resto de productores, ahora, en el trámite del nuevo texto legal.

viernes, 27 de noviembre de 2020

La responsabilidad de "crecer juntos"

26 y 27 de noviembre de 2020

Mi intervención (más o menos, en Youtube está el video):

Un congreso de gastronomía desde punto de vista del “desarrollo sostenible”, bien.

Siempre entendí el concepto “desarrollo sostenible” como un oxímoron, retórica de palabras de sentido opuesto. Una expresión manoseada y ciertamente incomprensible, en mi opinión, quizás por la propia contradicción que encierra el sintagma. Siempre creí que tiene que haber una frase más afortunada que abarque esa triple dimensión: el progreso económico, la justicia social y la preservación del medio ambiente. Habría que buscarla.

Pero con mucha cautela porque hablamos de progreso, uf, esa máquina de arrasar pinos, extender piche y de hacer ricos a unos pocos.

Siempre ha habido algo de melodrama y mucho fanatismo. No me hagan mucho caso, aunque la Historia nos confirma, que donde triunfa el progreso económico, hay justicia social y aparecen las ganas y el dinero para proteger la naturaleza. Generalmente las cosas van en ese orden.

El “desarrollo sostenible” va de economía. Y la economía requiere de confianza y la confianza se sustenta en principios éticos. Debemos empezar por el principio.

Cuando Sonia García, organizadora de estas jornadas, contactó conmigo, muchas gracias, por cierto, me pidió una intervención sobre “Crecer juntos”, el programa que GMR Canarias desarrolla desde hace unos años con la idea de que el turismo y la agricultura local vayan de la mano.

Imposible negarme. Quise introducir el matiz que da título a mi ponencia en el empeño de no dar nada por sentado y abordar el asunto desde su origen. Y también quise que mi intervención estuviera en este segundo bloque, el de la justicia social, y no en el tercero, el del progreso económico, como sería lo lógico, por las razones que me gustaría ser capaz de explicar a continuación.

Debo disculparme por anticipado por si en algún momento cualquiera de mis reflexiones pudiera ser interpretada como un reproche, porque no es mi intención. La sociedad es como es, estemos orgullosos de ella o no tanto… no nos corresponde juzgarnos a nosotros mismos aunque siempre podemos corregir nuestra conducta individual.

“Crecer juntos” es un programa de iniciativa pública financiado con fondos propios del Gobierno de Canarias y del FEDER que ejecuta GMR Canarias en coordinación con las consejerías de Agricultura y Turismo desde 2016.

Al poco tiempo, en 2018, obtuvo respaldo legislativo alintegrarse en el artículo 24 de la Ley de modificación del Régimen Económico y Fiscal de Canarias:

“Los poderes públicos apoyarán la utilización de productos agrícolas, ganaderos y pesqueros locales en los establecimientos turísticos de Canarias”

Perfecto, con toda la lógica del mundo. Productos del campo y del mar que pueden ser consumidos en el negocio turístico, todo queda en casa, todos ganan. Dar de comer y de beber a los turistas forma parte irrenunciable de esa actividad, ya sabemos cómo funciona estar de vacaciones.

No sé si a ustedes les pasa lo que a mí, que me sorprende en sobremanera que tal cúmulo de sensatez, esa relación de interés mutuo implícita al “Crecer juntos”, no ocurra de forma natural.

No ahora que la actividad turística sufre el cierre por la pandemia, esperemos que sea por poco tiempo, sino durante todos esos años anteriores. Me sorprende que esa colaboración tan positiva para ambas partes requiera de intervención pública, de un proyecto plurianual con presupuesto y recursos, e incluso de una iniciativa legislativa de ámbito nacional aprobada en las Cortes Generales en Madrid para involucrar a los gobiernos de España y de Canarias. Involucrar a los gobiernos, vaya.

Algo falla. ¿No les parece?

Especulemos.

Podría ser que nuestros agricultores, ganaderos o pescadores canarios no estén en disposición de atender las exigencias para un suministro continuado y de la calidad que exige el negocio turístico y gastronómico. O que alguien así lo piense.

A mí no me asalta ninguna duda de que empresarios y profesionales del sector primario pueden aceptar ese compromiso con total garantía. Ninguna duda, y además en unas condiciones de calidad y frescura insuperables por ningún producto que tenga que viajar desde donde sea.

O podría ser que a una mayoría de turistas no le gusten los productos de las Islas, que no tengan el paladar, y que por tanto resulte indispensable ofrecer conservas de judías en tomate para el desayuno, para que los visitantes del Reino Unido nos elijan como destino. No lo sé.

Aun así, todavía quedaría darles almuerzo y cena… y tenemos el resto de visitantes de otros países con gustos gastronómicos más complejos, dicho con todo el respeto del mundo.

En realidad manda el dinero. Y el mercado.

Hoteleros y restauradores adquieren los productos que estiman más convenientes en dónde estiman más conveniente. En eso nada que objetar.

No sabemos el porcentaje de producto local que adquiere el sector turístico. Irá por barrios. La sensación es que podría ser más.

Con la iniciativa pública “Crecer juntos” se da a conocer productos y productores canarios a los responsables de compras de las empresas turísticas, por si ese fuera el problema.

Incluso organizamos visitas para ver cultivos, pisar fincas de producción de hortalizas, para mostrar el show “del campo a la mesa” real, en vivo y en directo, a los jefes de cocina, visitas que incluyen catas de vino, de gustaciones de queso, mostrar el top de nuestra oferta.

Manda el precio, según dicen: lo canario es más caro, según parece.

Además los grandes distribuidores que atienden al sector, quienes garantizan todo el surtido, tienen sus propios proveedores en donde sea, parece que no les interesa mucho el producto local.

Parece que está todo en contra, pero no del todo. Un ejemplo para ser optimistas:

El jefe de compras de un importante hotel del sur de Tenerife me contaba el otro día que ellos no ofrecen a sus clientes fruta que venga de fuera, que compran local y disponen plátanos, mango, papaya y otras subtropicales, muy apreciadas por sus clientes, dicho sea de paso. Sin más. Cero quejas, todos entienden que están de vacaciones en Canarias. Perfecto.

Aunque también tengo una experiencia para ser moderamente pesimistas:

Un amigo hace un par de fines de semana se alojó en un importante hotel del sur de Tenerife, otro, que solo tenía una referencia canaria en su carta de vinos, un blanco de Lanzarote, solo una… sorprendente porque no era precisamente uno de esos hoteles de todo incluido.

Preocupante, en cualquier caso, porque en este último caso ni siquiera sería por precio, que ya sabemos que quien dedica sin inmutarse unos cuantos cientos de euros por noche al alojamiento se paga el vino que le apetece. Y tampoco tenemos problema con la calidad, que los vinos canarios pueden presumir de ella: este año tenemos uno entre los diez primeros de la Guía Parker.

Entonces, ¿qué pasa?, ¿será que los responsables de confeccionar las cartas y hacer las compras no conocen las bondades del producto local?, ¿todos los chefs de hoteles y restaurantes acaban de aterrizar procedentes del planeta Marte? Tajantemente, no.

Allá por 2008, yo mismo escuché, sin intermediarios, al entonces consejero de turismo de uno de nuestros Cabildos, en la presentación de su plan turístico quinquenal, afirmar alto y claro ante cuatrocientas personas aquello de “el modelo de sol y playa está agotado”, así sin anestesia.

La realidad ha desmentido año a año esa premonición.

Aunque quizás solo perseguía movilizar conciencias para que los operadores turísticos allí reunidos ofrecieran algo más a sus clientes.

Lo cierto es que cuando en tu casa llueve a diario y hace frío, la expectativa de buen tiempo garantizado suele ser suficiente, bien lo saben los laguneros que bajan a Santa Cruz.

Lo cierto es también que a la experiencia meteorológica, tan satisfactoria, le podemos sumar otras experiencias igualmente gratificantes, con la gastronomía a la cabeza.

Pero no una gastronomía cualquiera. A mí me toca defender la gastronomía que emplea el producto local. Además hoy estamos poniendo de relieve la importancia de introducir el “desarrollo sostenible” como elemento diferenciador... déjeme ver si soy capaz de explicar la idea que quería transmitirles.

Hablamos de tres pilares:

1) “Desarrollo sostenible” que tiene que ver con el medio ambiente, tan remanido, en mi opinión, del que en este foro ya se habrá hablado largo y tendido. Reservamos el 50% de la superficie para los espacios naturales, tenemos suelo urbano para duplicar la población residente actual y con en el suelo restante intentamos mantener nuestros cultivos, pues muy bien; gestión de residuos, para la que ya hay tecnología suficiente; eficiencia energética, lo mismo, …aunque no lo parezca,vamos por buen camino.

2) “Desarrollo sostenible” que persigue el progreso económico. Pues claro, porque la renta per cápita ayuda al bienestar, a la libertad individual y todas esas cosas tan importantes. Un reparto de la riqueza que ocurre cuando mejoran las condiciones laborales y los beneficios de la actividad repercuten en quienes contribuyen a ella. Entendido.

Y por último, 3) “desarrollo sostenible” de la justicia social que tenemos que mantener presente porque no todos los que vivimos en determinado territorio nos podemos dedicar directamente a esas actividades pujantes que tiran de la economía. En particular quienes trabajan en el sector primario y residen en las zonas rurales.

Todas esas personas contribuyen a la sociedad con otras cosas de mucho valor: conservación del paisaje, control de la erosión y prevención de incendios forestales y si hablamos de la gastronomía, como sostén de las tradiciones, de variedades antiguas y recetas ancestrales, la esencia de lo que somos como pueblo.

Por todo eso defendemos con vehemencia el consumo de producto local, campañas del #SoyCanario#LlévameACasa en las que el Gobierno de Canarias insistirá sin descanso. Por todo eso las políticas europeas prevén ayudas -especiales para las regiones ultraperiféricas por nuestra propia condición-, ayudas tantas veces mal entendidas y criticadas.

En defensa del producto local podemos encontrar una justificación estrictamente económica basada en esa experiencia diferenciadora que aporte valor al destino turístico, una gastronomía perfectamente identificada y de nivel, que influya en la toma de decisiones cuando el turista compra sus vacaciones, perfecto. Para ayudar a vender. Lo que requiere acciones enfocadas a dar garantía de origen, trazabilidad, seguridad alimentaria y lucha contra el fraude, por supuesto.

En defensa del producto local además podemos calcular la huella de carbono y apostar por los productos de proximidad kilómetro cero para ofertar un destino turístico neutro, para mitigar el cambio climático, que en ello estamos, acciones para compensar las emisiones del transporte aéreo mientras los aviones sigan quemando queroseno.

Todo eso está muy bien, eso suma.

Pero hoy, en defensa del producto local, quiero apelar a la responsabilidad.

Y para ello propongo incluir en el propósito de toda actividad turística el bienestar del conjunto de la sociedad allí donde esa actividad tiene lugar. Propósito entendido como ese fin último que persigue toda iniciativa empresarial.

El fin último es ganar dinero, pensarán ustedes, ¿por qué sino iban a invertir esas grandes multinacionales en Canarias tales cantidades de dinero?

Ganar dinero es su objetivo, por supuesto, así es como se remunera el capital, pero solo lo conseguirán si son capaces de ofrecer una experiencia que valga la pena a quienes quieren que sean sus clientes, ese debe ser su propósito, esa experiencia.

Porque no podemos traer todo de China aunque sea más barato y porque a nadie le gusta salir de su hotel de lujo y encontrar pobreza y miseria en la puerta como desgraciadamente todavía ocurre en muchos destinos turísticos. No puede ser.

Esto quería contarles en defensa del producto local, este enfoque de generosidad, por egoísmo, si al conjunto le va bien a cada uno le irá bien, y espero haber sabido explicarme, apelar a la responsabilidad para “Crecer juntos”.

Muchas gracias.


sábado, 21 de noviembre de 2020

Cómplices necesarios

Alternancia política.
Qué bueno que saliera a la luz el expediente de la compra/ venta por parte del Cabildo de Tenerife de los terrenos de la Ciudad Deportiva del Club Deportivo Tenerife -el equipo de fútbol, se entiende, y perdón por la redundancia-. Cosa buena la alternancia política: entra el nuevo, abre las gavetas y pregunta por lo que encuentra. Podría ser que la Justicia concluya que esta operación inmobiliaria fue una actuación administrativa impecable y la cosa quede ahí. Habrá que esperar. Las cuestiones legales tienen su enjundia en un país garantista como el nuestro, es frecuente que iniciativas que parecen un disparate conceptual encuentren encaje legal.

Axiomas. El expresidente de BBVA, Francisco González, empleaba un principio moral que admite muy poca discrepancia, afirmaba que cualquier conducta empresarial (personal) debía ser legal, ética y publicable. Él fue víctima de su propia medicina con aquel turbio asunto de Villarejo, al que contrató para investigar a sus adversarios, que puede que fuera legal, pero no supera los otros dos axiomas del buen comportamiento.

Ético y publicable. La noticia de los terrenos de Los Baldíos salió en prensa en 2011 con bastante detalle. Una mera búsqueda en Internet permite acceder a la información: la salvación del CD Tenerife, la aportación de 18 millones de euros de dinero público por parte del Cabildo, una hipoteca con Caja Canarias, Miguel Concepción, Ricardo Melchior, ...publicar se publicó. La justificación iba implícita en la noticia: salvar al CD Tenerife de la desaparición justo después del descenso al pozo de la Segunda B, añoranza de la prodigiosa década de los noventa, partidos de la UEFA, el fútbol como motor económico, tinerfeños y sus colores, tinerfeñistas y sus sentimientos, miles de aficionados desconsolados en el peor momento de aquella crisis. Salvar al “Tenerifito” al precio que fuera. No es un relato sencillo, ojo, que muchos vivimos la época de esplendor y todavía duele. Soporte ético también hubo.

Dar explicaciones. La situación del Club era de dominio público después de la debacle de la última etapa de Javier Pérez tras una política de fichajes inexplicable, malos resultados deportivos, endeudamiento y una nefasta gestión. La intervención pública llegó por interés político para la captura de votos o por interés propio, que también es conocida la inquebrantable devoción futbolera del entonces presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero. “Si te interesa un equipo de fútbol te vendo el CD Tenerife por 1 euro” me dijo uno de los empresarios que reclutaron para poner dinero o para avalar los préstamos, no sé bien, que es casi peor. Salvar la sociedad anónima deportiva mediante ampliaciones de capital y nuevos grandes accionistas, evitar la quiebra y las explicaciones. Y así fue. Después, como todo aquello no fue suficiente, se montó la operación de los terrenos con el Cabildo.

Cómplices. Aunque de forma interesada alguien pueda sostener lo contrario, en las administraciones públicas locales mandan sus funcionarios. Profesionales de alto nivel que superan estrictos procesos de selección y con habilitación especial para los puestos clave. En una democracia como la española la posibilidad de ser elegido se limita a saber leer y no estar inhabilitado para ello. El político propone cosas, el funcionario ejecuta y garantiza la legalidad y el ciudadano ejerce el control mediante la transparencia. Cuando salta un caso como este, con grandes cantidades de dinero público para iniciativas que -cómo poco- no son competencia, deberíamos saber qué dijeron los funcionarios de esos contratos y de esos pagos, los de la propia institución y los de la Audiencia de Cuentas responsables de auditar, estará escrito, ...cómo salió ese dinero de las arcas del Cabildo.

(Foto de Diario de Avisos)

domingo, 1 de noviembre de 2020

Pírdula

Medio pollo.
En un supermercado las ventas de productos frescos apenas superan el 15% del total. Es decir que de media el común de los mortales, usted y yo, gastamos solo un 15% de nuestro presupuesto en esos productos frescos. Habrá quien me refute al estilo cubano, aquello del medio pollo para cada revolucionario y usted se come uno entero y yo ni lo huelo. Lo cierto es que desde el punto de vista estadístico, cuando entramos millones en el bombo, ese 15% sí que es fiable.

Contracción. La contribución al PIB canario del sector primario no llegaba al 2% del total antes de que la jodida pandemia detuviera el turismo en seco. Este año ese porcentaje subirá significativamente porque casi todas las demás actividades han caído en picado. En números absolutos no crece, imposible, con unos 300 mil habitantes equivalentes menos -nuestros añorados turistas-, 300 mil personas menos a las que dar de comer cada día. Producciones que se han tenido que ajustar a esta nueva demanda. Y las que no admiten tal ajuste sufren las consecuencias de unos excedentes muy difíciles de gestionar sin perder la camisa en el intento.

Km 0. El autoabastecimiento de alimentos en Canarias sobrepasa ligeramente el 50% -según un informe realizado por investigadores de la ULL en 2018-. Estamos pendientes del análisis de los datos en estas nuevas condiciones de ahora para calcular el índice actualizado que tendremos en breve. Solo para algunos productos hortícolas el autoabastecimiento se acerca al 100% y con oscilaciones estacionales. Del total de la cesta compra, de los productos frescos, y según en dónde compre, quizás algo más del 50% puede que sea producto local, los llamados productos “kilómetro cero”, esos que no recorren medio mundo dejando un reguero de CO2, esos que garantizan máxima frescura. Para entendernos, alrededor de un modesto 8% del total de nuestro ticket de la compra procede de las explotaciones de nuestros agricultores, ganaderos o acuicultores o de las capturas de nuestros pescadores. No parece mucho.

Fútbol. La importancia del sector primario en Canarias no se corresponde con ese 2% del PIB, es mucho mayor por sus efectos positivos sociales y económicos. La producción de alimentos genera riqueza, sostiene el empleo, fija la población al territorio, contribuye a proteger el medio ambiente, conserva tradiciones, nos permite seguir siendo quienes somos, definidos como pueblo con una historia que hunde sus raíces en el terruño y extiende sus redes en el mar. Preguntemos y con total seguridad a una amplia mayoría coincide, mucho más importante que el fútbol, más del doble, seguro, incluso diez veces más.

Tregua. Esos millones de personas que vivimos en Canarias dependemos de unas pocas empresas de distribución y venta retail. Compañías muy potentes en un mercado altamente competitivo, maduro, crece quien le quita cuota a sus competidores. Y en esa guerra están, en lucha por ganar el favor del consumidor, la aceptación del “jefe”. Y desde el Gobierno de Canarias se insiste en el mensaje #SoyCanario #LlévameACasa, bravo, a ver si conseguimos que crezca ese 8% para sostener la actividad, tan importante para todos. Pero en la gran distribución están en guerra y se espían y todos quieren ser el más barato y aprietan al productor local igual que al gran operador internacional y manda el precio, el precio y el precio. Y resulta que lo rural en Canarias tiene un valor incalculable y se va a la porra si nadie lo defiende. Me atrevo a proponer una tregua, solo para el producto local, solo para ese 8%, para que sea un 10%, por puro egoísmo, una estrategia con retorno.


(La foto es del Supermercado Terencio de La Frontera, robada de FB)

domingo, 18 de octubre de 2020

Cincuenta años

Pensé en una gran fiesta. Para darle gracias a la vida. Inspirado en aquel primer medio siglo icónico de tío Mario en Tegueste -universal, con cochino y leyenda-, epopeya que nadie nunca en la familia se atrevió a desafiar. Siempre pensé en inculcar en mis sobrinos ese mismo espíritu de logro “llegar a los cincuenta como tío Pablo y celebrarlo a todo trapo”, aunque a mis sobrinos ahora tendría que impresionarlos con otra cosa. Pensé en una fiesta como la que le hicimos a mi padre a los ochenta justo antes de que deslizara por la pendiente de la desmemoria. Pensé en emular a Javi Rodríguez con tanta clase y glamour, en fin, jodido virus, jodida guerra.

Mi abuelo Víctor sostenía que un periodista no debía escribir sobre sí mismo. Yo no lo soy aunque me hubiera gustado poder dedicarme a escribir para ganarme la vida. Una meta que aun no he alcanzado. Una realidad de la que cabe extraer dos enseñanzas: 1) eso de “si quieres puedes” es mentira y 2) quizás deba hacerle caso a mi abuelo. Mis queridos sobrinos que tomen nota, sobre todo del punto primero. No me costó nada renunciar a convertirme en un prodigio del deporte, cero frustración, incluso alivio, después de comprobar cómo acabó Maradona. Respecto al segundo, un post no es más que la hoja de un diario que uno enseña por vanidad, doble pecado que trasciende al género periodístico.

Mi abuelo Laureano afirmaba que una buena profesión era aquella que podía ejercerla uno por su cuenta, máxima que seguí al pie de la letra. Mi padre quería que yo estudiara derecho, dicho de esa forma tan suya, como dejándolo caer sin darle importancia. En eso ni caso, y no soy abogado pero sé leer. En lo laboral no sé a dónde voy después de tantos años de pasantía, de acá para allá, desde la agricultura a la empresa pública, pasando por un par de multinacionales. Pinche de farmacia, descargador de sacos, repartidor, peón agrícola, ingeniero proyectista, jardinero, comercial, camarero, formador, directivo y/o consultor en empresas de obras, servicios, medio ambiente, gestión de emergencias, suministros industriales, automoción, ocio, industria, trabajos forestales, agricultura, medios de comunicación, distribución retail, administración pública. Conocer el engranaje de las cosas, preparándome para algo, quizás para la política, veremos.

La película que relata los logros de la abogada Ruth Bader Ginsburg en pro de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, fuente de inspiración. Ruth encontró su propósito en la esfera pública y consiguió grandes avances para erradicar una discriminación totalmente inexplicable. Nadie pensó que lo conseguiría. Su ejemplo me ha animado a retomar con ahínco y perseverar en mi propio propósito, que mantengo intacto, mi pequeña cruzada contra el fraude en cualquiera de las iniciativas que emprendo. El fraude grande y los pequeños consentidos, sin inmolarme pero con la intención de conseguir una sociedad más limpia, más justa y mejor para todos. Si hubiera nacido en Suecia me tendría que buscar otra misión pero no es el caso. Ahí tengo motivación para otros cincuenta.

Hoy es el último día de este primer montón de años, que atendiendo a la probabilidad estadística puede que consiga duplicar. En parte dependerá de mí, de cómo trate a mi cuerpo y espíritu, y en parte sometido a las vicisitudes de la providencia. Hoy fue el último día de mi prima Eva que superó por muy poco esta meta volante. Qué tristeza. Eva, en lucha permanente contra su terrible enfermedad, la recuerdo con absoluta nitidez en nuestros juegos infantiles, tan ecuánime siempre... quienes se van nos dejan una tremenda responsabilidad.

domingo, 11 de octubre de 2020

Economía colaborativa



Propósito. Cuando nos libramos de la tara las cosas funcionan. Cuando hay confianza. Cuando un grupo humano establece un propósito elevado y cada individuo se enfoca. Prueba y error porque la globalización y la economía competitiva del crecimiento infinito están bien para algunas cosas pero no para todo. Porque la ambición no trae la felicidad. Porque la ambición sin límites deja gente en la cuneta.

Realidad. Y no me refiero a una entelequia utópica: el movimiento cooperativo 2.0 ya está aquí. En Gran Canaria. Y funciona. Una cooperativa agraria con más de doscientos socios, con un puesto en el Merca, claro, para comercializar papas, frutas y hortalizas, y con una mini estructura administrativa que funciona de paraguas para el desarrollo de microproyectos distribuidos, iniciativas de los propios socios para agregar valor y generar empleo. Porque el producto primario permite una pequeña industria artesanal: la cooperativa hace las mini inversiones, solicita los registros sanitarios, pone su marca e incorpora trabajadores para la elaboración y la venta. Trabajadores que se retribuyen con un fijo y un variable, y cuando el total mensual llega a un nivel digno -establecido para todo el personal-, se incorpora a otra persona para atender el crecimiento. Porque el objetivo no es ganar mucho sino servir a la sociedad, el objetivo es poder dar esa nueva oportunidad laboral. Es la economía social que ya está aquí.

Ejemplo. Una cooperativa que no necesita de unas grandes instalaciones centralizadas sino que funciona con multitud de pequeñas superficies que cada socio pone a disposición. Los yogures de leche de cabra se elaboran en siete metros cuadrados de alpende transformado en sala blanca con la bendición de la inspección de sanidad, la mermelada de naranjas de Telde en otro, allí cerquita del cultivo, y así. La cooperativa Cosecha Directa es un ejemplo. El ejemplo que refuta a tanto agorero que pregona nuestras desgracias futuras por culpa de los de siempre. Este es el futuro para una sociedad mejor, avanzadilla de la economía colaborativa: personas que cooperan no que compiten.

Cambio. Un modelo frágil que está sujeto a múltiples amenazas, un camino tortuoso que requiere firmeza y convicción. Porque choca frontalmente contra una forma de hacer negocios que no ha tenido en cuenta estos principios. Porque hay escepticismo, porque a nuestra sociedad le cuesta aceptar esta nueva realidad, porque parece mentira. Un verdadero cambio de paradigma porque de repente entendemos que el precio de los alimentos no se establece solo con dinero sino que incluye el conjunto de beneficios que aporta ese valor distribuido entre la comunidad de la que el propio consumidor forma parte. Porque en la producción de alimentos entran en juego elementos muy importantes, desde nuestro acerbo cultural hasta esos paisajes de los que nos gusta disfrutar.

Esperanza. No hay que ser adivino para anticipar la que nos viene. Descubrir cosas positivas es más complejo, requiere reflexión optimista para formular la profecía. Me atrevo. Porque detrás del comportamiento cotidiano de la gente podemos identificar su motivación y su motivación obedece -quiero creer- a una nueva escala de valores consecuencia de este improbable 2020 de las narices. Cuando escuchamos a tantas personas que afirman que “disfrutan del ERTE” con sus sueldos mermados y sin ocupación cotidiana, podríamos caer en la tentación de clasificarlos a todos de vagos redomados. O preguntarnos qué mierda de trabajos ofrecemos, en qué ambientes tóxicos y con qué expectativas para que esa gran mayoría prefiera gandulear en casa. Quiero creer que la salud y el añorado contacto personal han relegado la ambición por el dinero a un segundo plano. Ambiente propicio para esto que ya está aquí.




domingo, 4 de octubre de 2020

Papas de Israel y chicles de menta

Canario.
En cualquier supermercado de Canarias fulano se dispone a hacer la compra. Edad indeterminada, renta media -o sea, con cierta estrechez- y canario hasta el tuétano: fanático del fritolay y aficionado al timple. Fulano presume de canariedad. Número en la chacina para los ciento cincuenta de jamón cocido y “póngame esa cuñita de queso blanco de Taganana que tiene buena pinta”, aprobado raspado. En la carnicería paleta de cochino para carne fiesta y media gallina para una sopa. Y tú ya sabes: una latita de aceitunas para el aperitivo, unos yogures para el muesli “que el gofio me da acidez pero no se lo digas a nadie”, pasta de dientes, café. Para el adobo vino blanco de Valdepeñas y “para el menda vinito de Vilaflor, seco, seco”, subiendo nota.

No soy tonto. En la zona de frutas y verduras fulano saca el lápiz y el espíritu crítico que todo canario lleva dentro: “¿el kilo de papas del país a uno cincuenta? Intolerable” -farfulla-, “me quieren estafar”. Las de Israel a cero noventa, con buena pinta, dicho sea de paso. Con tres granditas y dos dientes de ajo tiene para una bandeja de papas fritas, cuatrocientos gramos, 60 céntimos frente 36, “¿pero qué se creen?”. La cosa no queda ahí: tomate canario de Almería (vaya), bien ordenadito, frente al más irregular de Tejina, con más olor y muy apetecible pero ¡a uno setenta! El otro a uno diez, “ciertamente intolerable”. Fulano elige dos unidades, redondos, perfectos, doscientos gramos, 34 céntimos frente a 22, “esta peña se cree que somos ricos”. Y algo de fruta, “plátanos carísimos” -sentencia-, “mango, tremendo lujo, y la piña de El Hierro, ¡por la Virgen de Candelaria!, estos bimbaches se chiflaron del todo”. Finalmente se lleva unos kiwis de Nueva Zelanda y unas manzanas chilenas, muy viajadas, eso sí, ya han dado la vuelta al mundo.

Tentación. Fulano llega a caja, satisfecho y muy ufano porque no se dejó timar. “¡Coño!, los chicles de menta al 50% en la segunda unidad” y agarra dos paquetes. A fulano no le gusta la gente que rumia, “cosa de cabras”, sostiene, ni el sabor a menta, pero pero, “una oferta irresistible” y sucumbe al impulso.

Libertad. No sé si a ti te pasa lo que a mí, que me cae fatal este fulano. Tanto rollo, tanta patria chica, tanto ahorro por un lado y tanto desenfoque, tanta incoherencia. Sin embargo, fulano como consumidor actúa en total libertad con su propia lógica y yo como demócrata convencido no tengo nada que objetar: cada cuál con su dinero hace lo que quiere. Y sin peros, es lo que hay, nos guste o no nos guste. “Falta de concienciación”, concluirán quienes confunden educar con adoctrinar. Reprocharán a nuestro fulanito por mal canario y promoverán campañas para inculcar, a fuego y martillo, que ser canario exige sacrificio. Pues no, recurrir al nacionalismo rancio no funciona y mira que lo han intentado.

Egoísmo. Informar, eso sí, claro, y que cada cuál tome sus propias decisiones. Explicar qué hay detrás de esa verdura del país o de ese queso blanco. No solo las cuestiones de índole bucólico-pastoril, del mundo rural, el paisaje, el medio ambiente, sino también y sobre todo, conocer de mengano que se gana vida sachando papas y levantando viña o de perengano que manda a estudiar a sus hijos con lo que saca de ordeñar sus ovejas. Importarlo todo y comeremos más barato, podría ser, pongamos que igual de bien, que no sé yo, pero seremos más pobres todos, en manos de. Prosperar requiere que el dinero circule, pues eso, puro egoísmo.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Turismo y nueva normalidad

Tres normas. No era cómo imaginamos. Se trataba de hacer vida más o menos normal sujeta a ciertas restricciones para impedir la dispersión masiva del jodido virus. No nos enteramos. Afirmar que los españoles somos poco disciplinados no es del todo cierto: el confinamiento se aplicó con extraordinario compromiso. Pero quizás el entusiasmo y las ganas de verano impidieron estar atentos a las explicaciones de los expertos que hablaron de “nueva normalidad” pudiendo haber dicho “vuelta a la normalidad”. Bien sencillo cumplir tres normas de convivencia social: mascarilla, distancia y limpieza. Ni siquiera se propuso impedir el contagio a toda costa -que parece algo inevitable- sino proteger a las personas de riesgo y que la infección se produzca de forma escalonada para no colapsar los hospitales de nuevo.

Resignación. Y aquí estamos. Con el turismo a cero y todo lo que ello significa. En Canarias vamos derechitos a un colapso económico sin precedentes, a una catástrofe social de cientos de miles aferrados a un magro subsidio mientras la Unión Europea no nos deje tirados, que no lo hará, pero ¡vaya futuro!

Enfoque. Traer turistas claro. Aunque trabajar en la “seguridad sanitaria” del destino como reclamo presenta múltiples debilidades. Necesitamos indicadores que permitan objetivar cuan segura es Canarias, ratios respecto al número de contagios, de hospitalizados o de fallecidos que oscilan de un día para otro y que no reflejan la situación en los hoteles ni en las zonas turísticas sino en nuestras aglomeraciones urbanas que nada tienen que ver con la actividad que se pretende proteger. La apuesta por la seguridad y los PCR abre un frente diplomático necesario pero de final impredecible como se constata. Y además, sin tener en cuenta su fiabilidad -un problema conocido que subyace-, ¿cuál sería la finalidad de los PCR masivos?, ¿una cuarentena?

Control. Aceptar la nueva normalidad exige admitir también que no hay forma humana de escapar de la pandemia. Dejar de insistir en “seguridad sanitaria” -una entelequia imposible de demostrar- y apostar por “medidas de control” tan estrictas que permiten disfrutar de unas vacaciones en Canarias con mayor garantía que en casa en cualquiera de los países de origen. El esfuerzo en promoción sería mucho más eficaz si centráramos el mensaje en la altísima capacidad que tiene el sector turístico en Canarias para aplicar las medidas de control de la enfermedad. Y hacerlo, claro, que no depende de terceros sino de la voluntad propia. Imágenes de habitaciones que son desinfectadas a diario, distancia de seguridad entre las hamacas en los jardines para disfrutar del sol, entrada a la piscina por turnos (el cloro es un potente desinfectante universal), parcelas en las playas, separación de mesas en restaurantes y terrazas para pasar unos días inolvidables, sin ocio nocturno pero con actividad al aire libre, y todo el mundo con su mascarilla.

Respuesta. Y por supuesto que Canarias garantiza solucionar cualquier incidencia, por supuesto, igual que a los residentes y, si se quiere, con más mimo: ¿que a usted amado turista le dan unas décimas de fiebre?, pues se activa el protocolo, llamada a los servicios médicos, PCR, confinamiento preventivo y cuarentena si fuera necesaria, que para eso están los seguros que la propia Consejería de Turismo contrató con muy atinado criterio. Una cuarentena de las mil y una noches, mucho mejor que en su oscuro y húmedo apartamento de Londres. Y un tratamiento hospitalario de primer orden si se da el caso que los síntomas se agravan. Medidas de control, hacer la vida confortable y actuar con diligencia en caso de necesidad, cuestiones que no están sujetas a la irresponsabilidad de cuatro descerebrados.


(Maquinita para desinfectar, por si alguien tiene dudas)





lunes, 7 de septiembre de 2020

Internet vence al sistema educativo


Reto. Cada cual emplea el tiempo de sus vacaciones a lo que le apetece dentro de sus posibilidades. Mi padre las dedicaba a la pesca de caña desde el muellito de La Ballena, en Ten-Bel, dos aficiones en una: método y paciencia para preparar el aparejo y la carnada, y después más paciencia para alimentar peces, uno a uno, con boya y sedal. A mí me gusta leer en vacaciones. Preferiría viajar pero el verano es mala época. Además de devorar las novedades aclamadas por la crítica -que generalmente aciertan- me impongo enfrentar un clásico: “El Quijote”, en La Gomera, hace tiempo ya, un verano para cada parte, Dostoievski, Joyce, Galdós, Dumas, Quevedo o “Las mil y una noches”, verdaderamente fascinante. Este año atípico no he tenido vacaciones y no he cumplido mi reto. Solo lectura frugal de fin de semana y más bien poca.

Consuelo. Un pésimo post este que no cumple con los cánones de internet que exige el tema principal en las primeras frases, palabras clave, reiteración. No ya para conseguir la atención del lector -un premio inalcanzable para la inmensa mayoría de los textos- sino para que sea indexado por los buscadores. Esa última afirmación no me la creo: te encuentran si pagas, un modelo de negocio que está bien claro. Con mucha suerte, a unas decenas de internautas les llegará el enlace y alguno curioseará antes de seguir navegando en el océano de estímulos que inunda su dispositivo a la velocidad de la luz. “Pablo con perogrulladas sobre las vacaciones...” pensará quien me conozca si conseguí acertar con un título provocador, interés efímero por sobreexposición que tampoco consuela. La prensa muere por empacho de su consumidor objetivo y falta de rigor, sostengo, enfermedad causada por déficit de ingresos y exceso de oferta, aunque ese es otro tema.

Inversión. Explicaba que dedico las vacaciones a leer. Un proceso complejo que requiere que alguien tenga algo que contar y que lo escriba de manera ordenada, otro que detecte que esa historia vale la pena, que certifique que está bien escrita y que la publique, en su caso, y un tercero que invierta parte de su cruel existencia a leerlo, acción que implica cierta dedicación exclusiva. Entendemos muy pronto -gracias a nuestro eficaz sistema educativo- que leer nunca es pérdida de tiempo, que ordena el pensamiento y que ayuda a adquirir una idea distinta del mundo y de las personas, realidad o ficción, vistas y explicadas desde diferentes ángulos. Vale, no es cierto, tal importancia no es de dominio público. Otro gallo cantaría si la gente dedicara a leer novelas la mitad del tiempo que malgastamos en mirar bobadas en internet. Y me incluyo.

Confianza. Quien escribe aspira a tener lectores. Yo también y hago mal, porque ser leído es consecuencia de escribir bien algo interesante o que toque fibra. El propósito en su sitio, nunca en terreno propio. Y como hay tantísimo nos dejamos recomendar por un prescriptor que comparte, comparte como examen de confianza. El editor de un medio elige quién publica y qué publica, y con esa decisión fija la línea editorial que pretende vender a sus potenciales clientes.

Justicia. Democracia imperfecta internet que prescinde del editor y presenta al debate la pluma frente a la mandarria, reflexiones entulladas bajo toneladas de exabruptos, expuestas y comparadas como si una orquesta sinfónica fuera equiparable a un pito de murga. En Canarias reivindicamos a grandes periodistas de antes como García Ramos pero permitimos el ataque furibundo a Santiago Gil y tantos otros escritores vilipendiados por quienes no se detienen siquiera a leer cualquiera de sus escritos. Imperdonable.


domingo, 30 de agosto de 2020

Tropezar con la misma piedra


Añoranza. Es habitual que quien tuvo éxito en los negocios repita la fórmula empleada hasta que la realidad del mercado lo saca a patadas de la brega. Replicar el modelo a toda costa, apostar el dinero ganado en un doble o nada que acaba en drama. Haber estado en lo más alto deja secuelas personales y en la empresa. No es reproche, mera observación. Y ejemplos un montón. En el mundo de los negocios la demanda evoluciona, interviene nueva tecnología y nuevos hábitos sociales, la demanda se transforma, de forma sutil o con violencia cuando llega una crisis. Sobreviven y crecen los que toman decisiones acordes a las nuevas circunstancias para adaptar la oferta, quienes comprenden el mecanismo evolutivo de oferta/demanda, se anticipan y no añoran tiempos pasados.

Respeto. Que conste que profeso un máximo respeto hacia los empresarios, he dedicado muchos años de mi vida a ayudarlos como directivo y yo mismo me he jugado mis ahorros en un par de proyectos empresariales que no cuajaron. Admiración hasta el punto de escribir un libro, “Ser empresario. Nuevos modelos de conducta empresarial” (Editorial Ra-Ma, 2010), un manual en toda regla en el que explico las claves para transitar ese camino con el que pretendo, además, desactivar a tanto emprendedor que se toma esta vocación con ligereza.

Insensatez. Es comprensible que, en la inesperada y dramática situación actual con tantas empresas cerradas por la pandemia, muchos empresarios no entiendan las declaraciones de un experto profesor universitario cuando expone públicamente las conclusiones de sus investigaciones, que no llegan por inspiración divina, sino fruto de la observación y el análisis. A David Padrón, doctor en economía por Universidad de La Laguna, le cayó la del pulpo por afirmar que quizás habría que plantear para 2030 un escenario con un 30% menos de turistas. ¡Insensato! -exclaman desde el sector-, como poco, y es que ahora, en estos momentos de la nada más absoluta, cualquier turista, uno cualquiera al menos, sería bienvenido, mimado y besado con amor fraternal si la prudencia sanitaria no lo prohibiera expresamente. “No hables de futuro, es una ilusión”, cantaba Loquillo. Hoteleros aterrados con razón, una inmensa mayoría de la sociedad isleña aterrada con la que se nos viene encima y cuatro irresponsables que se toman a chufla las medidas de contención, por cierto.

Análisis. Puede que David Padrón se quedara corto, tendría que haber planteado una meta más lejana, 2040 por ejemplo, para que su reflexión bienintencionada fuera acogida con menos hostilidad. Cuestiona el incremento de record experimentado durante los últimos años en el número de turistas: más gente, más aviones, más de todo y no necesariamente más beneficios derivados de la propia actividad. En cualquier caso, tal afirmación, la conveniencia de que el turismo consiga igual (o mayor) riqueza con un menor número de visitantes, es lo que es y las cosas son como son. Ni el gobierno podría ni querría limitar los millones de turistas que vengan cada año ni los empresarios van a rechazar clientes. El modelo económico ni se diseña ni se implanta ni se cambia cuando a alguien se le antoje conveniente. Las normas -que emanan de las directivas europeas- regulan cómo y la política fiscal que pretende condicionar las decisiones empresariales.

Ocurrencias. Resulta necesario que haya quien analice con método qué pasa en determinado sistema económico, cómo funcionan sus interacciones, que compare qué ha ocurrido en otros territorios y por qué, qué decisiones tomaron y qué ocurrió, qué políticas públicas se pueden implantar y qué consecuencias tendrían, en su caso. Y que lo cuente, claro. La tentación de improvisar por desesperación es muy poderosa.

sábado, 22 de agosto de 2020

Todas las mentiras aspiran a ser verdades


Reputación. Con los últimos artículos de mi padre me pasa igual que con el Ulises de Joyce. Me entenderá quien se haya enfrentado a la archiconocida e inexpugnable obra del escritor irlandés. No por su estilo sino porque el autor no se preocupa por describir o contextualizar los lugares o los personajes del Dublín de la época, como si la hubiera escrito para sí mismo. Mi padre, de memoria prodigiosa y observador de su tiempo, no fue muy prolífico en el ensayo aunque practicó con generosidad el género epistolar con una prosa elaborada, meticulosa e inteligente. Citaba con devoción a Torrente Ballester cuando sentenció aquello de que la reputación de la verdad es tan pura que todas las mentiras aspiran a ser verdades.

Remordimiento. Me decía Julio, estimado amigo, desde la perspectiva de haber vivido algunos años más que yo, que el gran problema de las mentiras no es que se descubran sino que uno sea capaz de llevar esa carga consigo mismo. Una enseñanza que mantengo presente, mentir no es uno de mis múltiples defectos. Pasado el tiempo constato, sin embargo, que esa máxima le importa bien poco a determinadas personas con las que te tropiezas en este mundo cruel, que mienten y no sufren. Remordimiento cero, encuentran justificación de todos los colores y se manejan estupendamente en un ecosistema de mentiras y medias verdades, expertos en usarlas en beneficio propio.

Consecuencias. Mentiras que atacan a la reputación ajena sin pudor, que enturbian las relaciones sociales y que retrasan la resolución de los problemas. Mentiras a partir de las cuales otras personas condicionan su conducta y toman decisiones, mentiras que abusan de la buena fe, que persiguen un fin -no siempre evidente- sin importar el campo que arrasan a su paso. Y también las mentiras de dominio público que nadie se atreve a refutar por miedo a las mentiras, precisamente, porque se aprende rápido que mentir es un no parar y el miedo a más mentiras, bien fundado, nos condiciona a ser prudentes para evitar que nos salpiquen o nos empapen, esas u otras mentiras.

Lírica. La discusión esta semana versó sobre cómo debíamos calificar determinados hechos, si se trata de mentiras intolerables y éticamente reprochables que habría que destapar con valentía o si nos encontramos ante medias verdades cuya existencia resulta admisible, incluso deseable, por el bien que reportan, real o presuntamente. El análisis de los grises siempre deriva en un dilema irresoluble porque cada individuo transita por este planeta con su propia escala de valores. Podemos estar de acuerdo en que las ‘mentirijillas piadosas’ ayudan en la convivencia y están socialmente aceptadas, y la mayoría coincidiremos en evitar las ‘verdades gratuitas’ frente a un comedido silencio por idéntico razonamiento. ¿Se puede estar un poco muerto? Desde un enfoque poético, sí, claro, “vivo sin vivir en mí...”, respecto al estado fisiológico hay mayor consenso. ¿La verdad admite interpretación? Y tanto, c’est la vie.

Hermenéutica. Tan arraigado está mentir que hasta las injurias y las calumnias leves -atentar contra el prestigio personal o atribuir hechos falsos- están despenalizadas de facto en la aplicación del código penal. Tan habitual que hemos desarrollado inmunidad social, tan presente que toda verdad goza de presunción de falsedad. En la política con promesas irrealizables y por miedo a asumir las consecuencias impredecibles de destapar determinadas verdades incómodas que se descubren en el ejercicio del gobierno. En el mundo laboral por miedo al despido, a que te endosen la responsabilidad o a perder tu status quo. Conclusiones confieso que me resultan molestas. Y entiendo suicida esa cruzada. Sin embargo, sí que sería un propósito válido tratar mitigar sus implicaciones.


domingo, 9 de agosto de 2020

Heredar el problema político

Heredar. En sentido figurado, se entiende, que cuando hay un cambio de color político los que salen no mueren. Llorar sí lloran, pero morir no, sería una macabra casualidad. Tampoco podríamos darle carácter de bien patrimonial a determinado problema que afecta a la gente y, por tanto, tampoco resultaría posible enajenarlo, hipotecarlo o dejarlo en herencia, ni en legítima ni de libre disposición. En cualquier caso, por contradictorio que pueda parecer, cuando los problemas se enquistan -por inacción y/o incapacidad-, se heredan a beneficio de inventario.

Sorpresa. Si se repite en el cargo ahí están, viejos amigos. Cuando el regalo es de los tuyos, ajo y agua, con mucha cautela quizás consigas meterles mano, pero calladito no vaya a ser que salpique. La situación se complica cuando los problemas los heredas de tu adversario político ancestral que llevaba mil años y tiene las gavetas repletas de asuntos. Y se complica más cuando te das cuenta de que el trance precisó también de colaboradores necesarios entre el propio personal al servicio público y no siempre por falta de ganas sino por alguna otra causa que también hay que investigar. No se pueden publicar la lista en la web de transparencia porque aparecen poco a poco, el nuevo no conoce su magnitud y existe riesgo cierto de que tal información pública les implique.

Vaya marrón. “Nosotros no hemos llegado hasta aquí para enmendar lo que hizo la corporación anterior”, me contaba un concejal recién investido unas semanas después de haber desalojado a sus predecesores, inquilinos de renta antigua, por cierto. Un precioso gesto de nobleza que refleja su calidad humana, dicho sin ironía alguna. Político de casta sin vocación de policía judicial ni de inspector del tribunal de cuentas, lo entiendo y lo comparto. Y la cara que se le quedó después cuando afloraron cuestiones que no admiten más patada pa’lante, cuando ya no caben más dilaciones y toca enfrentar ese lo que sea que cuesta dinero, desenmascara intereses particulares y no admite una solución que satisfaga a todas las partes, que precisamente por eso quedó pospuesto sine die. Miedo a la reacción de los damnificados, claro, aunque prevalezca el interés general.

Riesgo. Si uno no acepta un regalo, ¿de quién es el regalo? -preguntaba Buda-, ¿de quién pretende entregar el obsequio o de la persona que se niega a cogerlo? Una enseñanza que sirve para protegernos cuando alguien nos insulta o nos critica: no lo aceptes que no es tuyo, que te resbale. En política conviene tener presente este principio budista para los ataques verbales pero no es aplicable a las cuestiones que afectan a la ciudadanía. Y surge el dilema. Tratar de resolver un conflicto enquistado tiene un coste personal muy alto y hay que estar dispuesto a pagarlo. Puede acabar con la carrera política del osado y/o afectar a su futuro profesional. Y no exagero. Tremendo dilema porque la opinión pública, si es que existe, el ciudadano de a pie, para entendernos, no sabe de dónde sale determinado conflicto ni quiénes son los culpables ni quiénes tienen razón ni quiénes sufren abuso, en su caso.

Un ejemplo. La pesca recreativa es la afición de miles de canarios, decenas de miles, un hobby saludable y muy absorbente, mi padre dedicaba sus vacaciones a la pesca de caña desde el muellito en Ten-Bel, formaba parte del paisaje estival. Entre una inmensa mayoría de aficionados respetuosos con la práctica deportiva pululan los furtivos que capturan y comercializan sin control, esquilman e incumplen la seguridad alimentaria. Un problemón histórico que ahí está y a ver quién es el valiente que intenta poner orden.

domingo, 2 de agosto de 2020

Quién habla de fin del modelo

Desengaño. El desarrollo del turismo en Canarias no obedece a la implantación de un modelo. Nadie elaboró un plan en 1960 que expusiera las razones que justificaran la urbanización de millones de metros cuadrados de costa ni la construcción de cientos de hoteles ni de miles de apartamentos. Y si alguien lo hubiera hecho nadie le habría hecho caso. No, no hay modelo. Hay una actividad económica que ha salido razonablemente bien. Y toda actividad económica, su esencia, se sustenta en una idea competitiva y en una inversión de capital, no hay más. Si se gana dinero, es decir, si esa inversión es retribuida con generosidad, como es el caso, habrá más inversión y más actividad, mecanismo que funciona por sí solo hasta el infinito, hasta que colapsa, que así de estúpida es la ambición humana. Por eso conviene regular los sectores muy boyantes, para paliar ese fenómeno autodestructivo, proteger a los jugadores que apostaron primero y no agotar los recursos.

Interconexión. El turismo triunfa en Canarias porque en Europa llueve y hace frío. Y por otro montón de cosas, claro. La propia dinámica innovación/competencia/inversión hace sostenible esta fuente de riqueza. Una potente maquinaria que no solo nos atañe como destino sino que también involucra a nuestros visitantes -para quienes unas vacaciones son algo muy importante- y a las aerolíneas y a los fabricantes de aviones, y a los restaurantes, a los pescadores y los viticultores, y así, un suma y sigue de elementos interconectados.

Seguir vivos. No es frecuente que un sector económico pare en seco. Ocurre en una guerra, aunque en tal caso toda la economía se ve comprometida o como consecuencia de una impredecible desgracia natural, un terremoto, un huracán o una erupción volcánica, con similares consecuencias. La posibilidad de una guerra nos queda lejos, en eso hemos avanzado. A los fenómenos extremos siempre estaremos expuestos que tocarán cuando toquen. Pero tenemos una pandemia. Y el sector turístico se detiene por lógica aristotélica, por no ayudar a propagar aquello que estamos obligados a erradicar. Porque hay muertos, muchos, una desgracia, un horror. Nos enfrentamos a una situación complicada, muy complicada, pero solo quienes seguimos vivos.

Oportunidad. Sigo optimista, sostengo lo que escribí en mayo: y si nuestra condición de islas ofrece una ventaja relevante para gestionar situaciones de pandemia... Ese debe ser nuestro empeño, ser estrictos para contener la transmisión y disponer de los recursos en caso de. Con un fin: para que vuelvan los turistas. Sí claro, cuanto antes, y que vengan muchos, cuantos más mejor, y es que la inversión está hecha, los hoteles están preparados y las playas limpias. Y detrás esos cientos de miles de trabajadores pendientes de su porvenir, sustentados por los ERTEs -¿hasta cuándo?- y temblando con las noticias del próximo telediario. Su futuro y el nuestro depende de lo que hagamos, de nuestra propia conducta responsable aquí y de lo que hagan esas personas prototuristas en sus propios países. Porque desesperados estamos todos.

Reinventarme. En las distopías apocalípticas de las series de Netflix ocurren estás cosas. Y quién dice que no podría pasar que el turismo llegue a su fin por sanitariamente inseguro o por la quiebra masiva de los operadores... Los grandes cruceros convertidos en bloques de apartamentos flotantes para cubrir la demanda de vivienda de los miles de trabajadores desplazados por los despidos, hoteles reconvertidos en residencias para mayores y las gallinas que ponían los huevos del bufet libre que sirven de alimento a los cocodrilos del zoológico que ya nadie visita. Cuando abandone este género me atreveré con un guion, una mejor manera de ganarme la vida.

domingo, 12 de julio de 2020

Todo vale, qué pena

Escrúpulos. El futuro de Santa Cruz en manos de una concejala tránsfuga no adscrita. Vaya. A CC ya le vale, escrúpulos los justos porque el fin justifica los medios o eso nos hacen creer. Al PP también, total, “from lost to the river” -de perdidos al río-. Y la susodicha que ve cumplida su venganza, quiero decir, que verá cumplidos sus sueños, aquellos que sean y que jamás de los jamases trascenderán en público. Desde el punto de vista político esta moción de censura no tiene un pase. Evelyn Alonso ejerció activamente la oposición al régimen anterior de CC+PP en el último mandato, su partido, Ciudadanos, incluye no pactar con nacionalistas en su ADN fundacional y la incómoda promesa electoral de regenerar la vida política. Promesas electorales, vaya.

Filantropía. En cualquier caso me resisto a observar este fenómeno con resignación. Desde un punto de vista pragmático este cambio de gobierno en Santa Cruz, el encaje de la concejala no adscrita -huérfana de partido político, para entendernos- en el equipo de gobierno, muestra preocupantes fisuras. La primera es que no recibirá salario por su trabajo, dada su condición de tránsfuga, por su dedicación, la que sea, al muy noble e invicto pueblo santacrucero, loable, generoso, entendible y justificable si se tratara de una rica heredera o una exitosa empresaria que ejerciera la filantropía, pero no es el caso, vivirá del trabajo de su marido, según dicen, ah, pues vale: una tara de este siglo XXI que no acaba de desprenderse del machismo natural que subyace en tal peregrina justificación.

Vivir. Contaba mi padre una historia de mi abuelo, director del periódico La Tarde que tenía cierta influencia en el Santa Cruz de aquella época. Como, en determinada ocasión, cuando todavía el ejercicio de la política no era una actividad remunerada, un conocido suyo le pide el apoyo para intentar ser concejal. Mi abuelo lo escucha y un tanto escéptico le pregunta por qué quiere meterse en ese fregado si además no se cobraba por ello. “Ellos viven, don Víctor, ellos viven” recibió por respuesta. Varias décadas después, la policía judicial corroboró la afirmación de ese buen señor al demostrar como Miguel Zerolo, que sí que cobraba por ser edil, no tocó durante años la cuenta donde ingresaban su salario. Y vivía y bastante bien.

Malabares. Segunda fisura: cómo el equipo entrante podrá, en su caso, asignar alguna función de gobierno a su nueva socia. Con un decreto, de acuerdo, esa parte sí, puede hacerlo en el ejercicio de las atribuciones del alcalde-presidente. Me refiero a cómo se concreta ese nombramiento en un cargo con algún poder ejecutivo que le requiera ir a unas oficinas municipales, asumir determinadas competencias, firmar o tener un equipo de funcionarios a su cargo. Porque si no cobra por su condición de tránsfuga, que eso sí que parece que está claro, ¿cómo se tramita su alta en la Seguridad Social?, ¿con qué base de cotización?, ¿con la que le correspondería según su sueldo teórico? Eso quiere decir que aunque no cobre el sueldo ¿sí que cotizaría para el paro o su futura jubilación? Entonces, recibiría remuneración indirectamente, pues no entiendo. Sin contrato y sin alta no debería poder trabajar para el ayuntamiento, no cumpliría con la legislación laboral ni la prevención de riesgos laborales.

A la bajadita. Inútil intento de desactivar la moción de censura mediante la aplicación desesperada y a última hora del ventilador a “las cosillas” acumuladas debajo de la alfombra durante cuarenta años. Un año mirando papeles sí que servirá para ejercer la oposición enfocada hasta que llegue el momento procesal oportuno. Antes no.




domingo, 5 de julio de 2020

Emmasa otra vez

Gestión. Ya en 2013 el gobierno municipal de CC en el ayuntamiento de Santa Cruz propuso una auditoría de gestión en Emmasa, la empresa mixta que gestiona el suministro de agua, alcantarillado y depuración. Una 'auditoría de gestión' difiere de una 'auditoría de cuentas' a la que cualquier empresa de determinado tamaño está obligada por ley. En la de cuentas se verifica que la contabilidad registrada en los libros corresponde a la actividad real de la empresa y que tal registro cumple con las normas contables, no entra a evaluar cómo se desarrolla el negocio sino solo verifica que su reflejo está contabilizado correctamente. La auditoría de gestión, sin embargo, pretende analizar cómo trabaja la empresa y si cumple realmente sus compromisos con clientes y proveedores, y el resto de normativa vigente.

Reglas. En el caso de Emmasa, cuya actividad se rige por un contrato adjudicado a Sacyr y sujeto a la Ley de Contratos del Sector Público, la auditoría de gestión debió comprobar además la ejecución estricta de todo aquello que recogen los pliegos de condiciones que regulan esa licitación pública. Ese chequeo exhaustivo debe referirse a la ejecución de cuestiones técnicas respecto a cómo debe prestarse ese servicio público esencial y respecto a sus implicaciones económicas -ingresos y gastos- que derivan de esas prestaciones. En los contratos públicos todo está atado de antemano, no caben interpretaciones de parte ni la introducción de nuevas reglas del juego sin un procedimiento que precisa de una validación legal por parte de los servicios jurídicos del poder adjudicador, el propio ayuntamiento de Santa Cruz, en este caso.

Quejas. Quise entender que esa auditoría de gestión fue contratada a un equipo de profesionales independientes en aquellas fechas aunque nunca trascendieron públicamente las conclusiones del ejercicio de transparencia. En aquella época la oposición en el consistorio habló de irregularidades detectadas en la subcontratación de determinados trabajos a una empresa del propio grupo Sacyr que incumplía lo previsto en los pliegos y que supuestamente fueron sancionadas, aunque -se quejaban airadamente- parece ser que desde la concejalía nacionalista hubo muy poco interés a la hora de reclamar los importes de esas sanciones. Las comportamientos permisivos en la necesaria fiscalización de los servicios públicos, por voluntad política o por falta de medios técnicos, producen un grave quebranto a las administraciones públicas y, por ende, a los ciudadanos que pagamos la fiesta.

Revisión de oficio. Por las últimas noticias publicadas estos días podemos deducir que en Emmasa había otras irregularidades que no se detectaron entonces o que no habían aflorado hasta ahora. Los incumplimientos no prescriben, los contratos públicos pueden ser fiscalizados en cualquier momento por el órgano de contratación, que debe solicitar la compensación por los servicios abonados y no prestados, en su caso, o incluso iniciar la resolución del contrato si detectara graves incumplimientos.

Responsabilidades. La tarea de un nuevo equipo de gobierno -en Santa Cruz entró PSOE y Cs en sustitución de CC y PP- no consiste en perseguir para destruir lo que hicieron sus predecesores. Ahora bien, hacer cumplir los contratos suscritos por el ayuntamiento sí que es una obligación ineludible. Que del ejercicio de esa obligación deriven otras cuestiones que trascienden la mera acción política de garantizar la prestación de servicios se encargan otros estamentos de nuestro Estado de derecho. Con Santa Cruz tienen trabajo. Ya nos enteraremos cómo acaba esto de la empresa mixta de aguas y también de la adjudicación por parte de CC-PP durante la anterior legislatura, precisamente a Sacyr, ¡vaya casualidad!, del contrato de recogida de residuos y limpieza viaria, con el dictamen en contra de los ingenieros municipales.

domingo, 28 de junio de 2020

La tentación del lado oscuro

Moción de censura. Instrumento de la democracia que se usa y punto, nada que objetar, a llorar a casa. Como enmienda a la acción política que ejerce quien gobierna o como mero “quítate tú para ponerme yo”, qué más da. Como no hubo promesas electorales en firme respecto a los posibles o deseables pactos, en su caso, ni contrato ideológico ni de ninguna otra clase con el votante, nos movemos en el terreno de la conducta individual del cargo electo, de cada cual. Estéril ejercicio el análisis político de la situación en Santa Cruz que nada tiene que ver con un ilusionante programa de gobierno, nuevas ideas arrolladoras para el bien común o un cargamento de panes bajo el brazo.

Tentación. Habría que preguntarle a Evelyn Alonso por su condición social-liberal y su posicionamiento respecto al pragmatismo de Luis Garicano, ideólogo de Ciudadanos, y si piensa intentar aplicar sus aportaciones a la gestión del consistorio capitalino. "Pamplinas, Zurita, ¿pero qué dices?". La decisión de pactar con CC y PP obedece a razones desconocidas, de momento, y que con total seguridad nada tienen que ver con el “qué” sino con el “quién” y probablemente (presuntamente) con el “cuánto”. Cuánto poder o cesión de competencias haya pactado para sí, no necesariamente muchas, sino estratégicas, para su estrategia de ella, se entiende. El protagonismo absoluto, incontestable reina de la fiesta, aunque tal condición ya no sé si suma o si resta. También da igual. No te lo pierdas, el desenlace final lo tendremos en nada, en todas las pantallas.

Esperanza.
Ciudadanos, en fin. Qué pena. Con lo difícil de explicar que son las tesis liberales y lo necesarias que resultan para la política y la sociedad en su justa dosis, para aportar equilibrio a la fuerza. Fracaso total de Rivera -cuando el electorado se escoró al centro- que no estuvo a la altura y estrepitoso en Canarias con un casting que solo ambicionó subirse a la ola sin saber cómo. Después de la vehemente desautorización a Zambudio y Lazcano en la investidura de Hernández, se supone que Alonso cumple ahora con la voluntad del partido. Pero no, parece que tampoco, que no era tan mala idea alejar a CC del mando en las instituciones, y el portavoz oficial muestra su disconformidad: donde dije digo digo Diego, igual da. Bien sabe que nadie le escucha. La pirueta de la intrépida Evelyn acaba con cualquier esperanza de continuidad del partido naranja si es que a estas alturas todavía quedaba alguna.

La red. Sacar a CC- ATI de la alcaldía de Santa Cruz después de toda una vida. Epopeya casi imposible -ilusión efímera, como vemos- de importancia capital para levantar alfombras, abrir ventanas y oxigenar la gestión municipal. Luchar contra la red clientelar tejida con paciencia infinita y los presupuestos públicos reviste especial complejidad porque los beneficiarios luchan con denuedo por mantener su estatus y los opositores encuentran una tibia respuesta en quienes prefieren alejarse de cualquier conflicto, que son la mayoría. No me atrevería a sugerir supuestos ilícitos, hablo de airear, de darle otra vuelta y plantear otra forma de afrontar los problemas que surgen de la convivencia urbana, la prestación de servicios y la mejora continua a la que debe someterse el espacio público que compartimos; problemas de política municipal.

Heteropatriarcado. Sostengo que bastaría con que cualquiera de los partidos con implantación nacional, cualquiera, presentara a una señora con carácter y solvencia intelectual como candidata a la presidencia del gobierno para arrasar en las elecciones generales. Mola tener alcaldesa, fugaz también, una insolencia que la otra red -la del patriarcado rancio- no puede permitir.

domingo, 21 de junio de 2020

El punto de partida y las verdades incómodas

La venda. Tratar de resolver cualquier problema sin atacar su origen es un esfuerzo vano que conduce a la melancolía. Y si el problema es de índole pública tal misión parcial se convierte en un ejercicio de demagogia política de efectos perversos. Ejemplos de todas clases en la legislación autonómica, en la española y en la europea llena de buenas intenciones para poner la venda sin curar la herida. Fallan en su concepción y falla también la técnica legislativa para intentar encajar lo que no encaja. Entonces cada nueva mayoría en el Congreso promueve nuevas leyes, sin bajar al fondo de la cuestión, la que sea. Porque hay verdades incómodas, que se saben o no, que se descubren o no, pero que la prudencia exige silenciar.

La tara. Paradigmático el anuncio de la Ley de Tiempo Corresponsable lanzado esta semana en plan globo sonda. No puedo estar más de acuerdo en visibilizar esta tara de la sociedad española: el problema de la igualdad, que sigue ahí, enquistado. Y no, no es cuestión divina ni genética. Entre la gente de mayor poder económico la corresponsabilidad de los cuidados domésticos es proporcional a lo que aporten a la cuenta común desde la que se paga el sueldo del empleado del hogar. Para el resto de mortales los cuidados domésticos se reparten según cada particular equilibrio de pareja, acuerdo familiar o la aceptación (resignación) de los roles aprendidos en casa de los padres y de los abuelos. Y quien vive solo se busca la vida como le da la gana.

El sesgo. Inquietante que la conclusión sea que mediante una aportación pública se va a poder compensar el sobreesfuerzo que hacen y han hecho históricamente la inmensa mayoría de las mujeres de este país dentro de casa. Pretenden entrar a regular el espacio privado con dinero. Y no, esta lacra no se resuelve con dinero, eso sería demasiado fácil. La igualdad transita por un camino tortuoso que requiere tiempo, exige demoler unas costumbres ancestrales grabadas a fuego, eliminar el azul y el rosa, la muñeca y el balón, papá trabaja y mamá se queda en casa. Hemos mejorado y todavía queda camino por recorrer. Hay que dar ejemplo y no pasar una. Sin ocultar que el machismo formaba (forma) parte de nuestra cultura y que aun campa a sus anchas.

El gremio. Falta la verdad incómoda. Y es que para solucionar definitivamente los problemas de conciliación y de cuidados domésticos hay que abordar los horarios laborales y el calendario escolar, cuestiones cruciales para el funcionamiento de la sociedad y que están entrelazadas. Respecto a la primera, la posibilidad de teletrabajo demuestra que el presentismo era otra tara contra la que se puede luchar. Sin embargo, respecto a la segunda, resulta mucho más fácil meter dinero en ese “a ver qué pasa” incluido en esa nueva ley para una compensación indefinida que lidiar con un gremio de cientos de miles de empleados públicos y de empresas privadas que reaccionarán con escepticismo o puro enfrentamiento ante cualquier modificación de sus condiciones de trabajo. Ahí es dónde habría que poner la pasta, en su caso.

La clave.
Piensa en los cismas sociales que se han resuelto bien, la difícil convivencia entre vecinos, por ejemplo, con la ley de propiedad horizontal, un oráculo de sentido común. Y otros tantos que no hay forma de arreglar, que provocan tensiones, inconformidad y conflicto, todos con idéntico diagnóstico: no se ataca el origen para evitar enfrentar esa verdad incómoda... leyes del suelo, la reforma laboral o los abusos con los precios en la cadena alimentaria. Valentía política, vaya mal trago.

domingo, 7 de junio de 2020

La gallinita dijo Eureka


Por qué. Magistral Les Luthiers, pura filosofía: ¿por qué la gallinita dijo Eureka?, ¿por qué estaba tan contenta?, ¿por qué la rosa florece?, ¿por qué las personas necesitan realizarse?, ¿por qué el barquito flota? Confieso que practico el “por qué” con asiduidad para indagar los motivos, tirar hacía atrás para intentar llegar al pecado original. No estamos preparados para enfrentarnos a un simple “por qué” que se entiende como un reproche, como si cualquier respuesta, la que fuera, pudiera dar pie a la reprimenda: muy difícil que asome la verdad. Y además no siempre estamos dispuestos a admitirla ni a inculpar a un tercero ni a reconocer un error ni una mala decisión que desencadenó una secuencia de despropósitos.

Opciones. El mecanismo de la oferta y la demanda explica el crecimiento económico de los últimos siglos y sus positivas consecuencias respecto al bienestar, la seguridad y los avances sociales de la toda la humanidad. Puede que no sea equitativo todavía pero ya es un fenómeno global. Hemos avanzado, no cabe duda. Esto de ahora funciona mucho mejor que la economía de guerra, por ejemplo, una práctica habitual hasta hace nada que resolvía los incrementos de la demanda mediante la conquista, el saqueo y la esclavitud, con graves efectos colaterales. También ha dado mucho mejor resultado que la economía planificada que aplicó sin éxito el bloque comunista con tan obsesiva insistencia, descartada finalmente por ineficaz.

Teoría. El equilibrio entre oferta y demanda requiere libertad en la toma de decisiones por parte de los compradores o de los receptores de los servicios y ciertas reglas básicas. Exige competencia, que se garantice la posibilidad de elegir, que la transacción no esté sujeta a coacción, ...en fin, ya sabemos cómo va. El consumidor, el ciudadano de a pie, tú y yo, con nuestro dinero, mediante las decisiones de compra, elegimos lo que se cultiva, lo que se fabrica, los servicios que se oferta y la tecnología que se desarrolla. Un sistema imprescindible en el mundo de la empresa y en el ámbito público aunque sus beneficios no parezcan tan evidentes.

Práctica. En sus despachos, el CEO de cualquier multinacional y los líderes de las sectoriales empresariales coinciden en que hay demasiado poder en manos de tanto rebenque, en manos de toda esa gente que en realidad no sabemos lo que queremos ni lo que nos conviene ni nos hemos percatado de que necesitamos ser adoctrinados sin demora. Y en sus escaños sus señorías están sometidas a presiones de todo tipo para introducir excepciones a ese principio básico de oferta/demanda por interés de parte. No digo que el trabajo de los lobbies que sea ilícito, no me atrevería. Y estoy convencido de que las iniciativas legislativas son bienintencionadas y conceptualmente justificadas, para evitar esas “prácticas comerciales desleales”.

Inutilidad. La reserva de un determinado sector a unos pocos operadores (evitar la competencia), fijar el precio de venta de los libros (evitar competir por precio), fijar el precio de compra a proveedores (evitar el abuso), admitir a los alumnos en un colegio público por proximidad (evitar visibilizar la mala calidad) y otras muchas. Normas encaminadas a limitar la libertad en la toma de decisiones. Tela. Buena intención pero ha salido mal: los taxistas atrapados por el pago de la licencia, las telecos que maltratan a sus usuarios sin consecuencias o la educación pública desprestigiada. Como es imposible expulsar del sistema a quienes abusan de la buena fe contractual, la UE y sus estados miembros legislan para encorsetar, para restringir. No servirá. Y entonces, ¿por qué?, ¿por qué? ...me harán callar: “no nene, no, las gallinitas, no hablan”.


(Imagen de blogeconomyday.wordpress.com)